(algunas de las intervenciones más interesantes en el FORO CAFEXPAN:

2ª entrega, verano 2006)

 

 

 

SOBRE LAS VOCES Y EL CAFE ANGELICO

 

MONSIEUR TIFFAUGES:

Os propongo que hablemos sobre las voces, sobre la intuición y la naturaleza angélica de este café. En 12 LECTURAS Fernando menciona a Eugenio D'Ors. Aprovecho para recuperarlo y comentar algunas ideas que han aparecido antes en artículos de LÍNEA DE SOMBRA.

Todo el mundo conoce las voces. Popularmente se alude a ellas con la expresión "hacer caso al estómago". En otros casos se habla de presentimientos, de intuición, de cierto genio vinculado a la vocación y al destino. Otras personas convocan al hablar de este tema al animal, el estrato de reptil que hay en el cerebro, un mundo turbio de señales y pulsiones. En cualquier caso cuando las voces llaman nos alcanza una urgencia que se nos impone, quebrantando inercias, códigos morales y prescripciones. Y si algo es lo sagrado, el mito, es aquello que se impone de repente desordenando la vida, deshaciendo lo profano, aquello que, al golpear, da la máxima sensación de estar vivo (podemos recordar la locura de Holderlin/Scardanelli, o a Otto Rahn buscando el Grial en el Languedoc, o sin vida ya, helado, en los montes de Wilden Kaiser).

Sobre todo esto habló, siguiendo a Platón y a Plotino o los relatos sobre ángeles del Zoroastrismo, Eugenio D'Ors, adelantándose varios siglos a nuestra época, y demostrando de paso el nivel ínfimo de las decenas de estudios académicos que se publican cada año sobre la intuición (José Antonio Marina encabeza la lista de personas que iría eliminando si tuviera una furgoneta, una escopeta, cierto tiempo libre y un carácter más metódico). En INTRODUCCIÓN A LA VIDA ANGÉLICA Eugenio D'Ors defiende que se recupere el diálogo con el daimon platónico, con el ángel, lo que equivale, ni más ni menos, frente a correcciones de diverso pelaje, recuperaciones deprimentes del ángel por parte de la new age y diversas deformaciones religiosas (el ángel cristiano, degradado en mensajero frente al papel primordial del ángel iraní, o los ángeles barrocos, reblandecidos, juguetones, con genitales diminutos y una afición parafílica a la acumulación desordenada, como los hamsters) a saber seguir las voces (advertencia zurda aparecida en un decálogo en un artículo de Línea de sombra). Angelismo aristocrático que tiene como correlato en esta casa la negempatía. Frente al canto populista de Walt Whitman, su abrazo tentaculado, omniabarcante, la distancia suprema del ángel, la elección discriminatoria de lo que corresponde a la propia naturaleza. El descubrimiento angélico (sorprender el daimon en otra persona) explica ese misterio que llamamos relación de afinidad y también ilumina la filiación espiritual que une a maestro y alumno. Eugenio D'Ors, como Cirlot, lo sabía muy bien: "he de deciros que tengo una voz que suele advertirme en las circunstancias graves".

Después de varias décadas la obra de D'Ors ha sido salvajemente deformada por James Hillman (aunque probablemente ni siquiera llegara a leerle), heredero debole de Jung. Al principio sus ideas parecen sugerentes. Hillman retoma ideas de Platón para plantear una hipótesis sobre el funcionamiento del psiquismo humano. Platón creía que cada alma recibía un daimon antes de nacer, y estimaba que ese daimon contenía una imagen, cierta forma primordial que la persona estaba destinada a vivir en la tierra. Al nacer, sin embargo, la persona olvidaba su destino, la forma inscrita en el daimon (formas que, en otros órdenes, buscó Goethe en busca de una fisonomía universal, o que Spengler intentó trazar en su morfología de la historia). Plotino perfiló las ideas de Platón: es el alma de la persona la que elige antes de nacer el cuerpo, los padres, el lugar de nacimiento, las circunstancias, etc., de acuerdo a su necesidad. Hillman podría haber elaborado a partir de estas imágenes y de la obra de Jung una psicología angélica, severa, basada en el amor a la fatalidad, al destino, fundamentada en el sacrificio de lo anecdótico, pero le acabó saliendo un manual sensiblero y populista, en la línea posmoderna de recuperación de lo mágico, a lo Bruja Lola.

Así están las cosas. Concluyo con un párrafo de Eugenio D'Ors en el que hace una sugerencia misteriosa, la necesidad de domesticar a los ángeles:

"Doma": con este nombre nos hemos atrevido a llamar al sobrecogedor episodio de la pugna de Jacob con el Ángel. Al sumergirnos en las oscuridades del Génesis, recibimos a veces la impresión de que al hombre, desterrado del Edén, le incumbieron, cuando el alba indecisa de los orígenes y en relación con la tierra y el cielo dos enormes tareas: la domesticación de las bestias, la domesticación de los ángeles.

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JUANJO SEIXAS:

Yo dudo que sea posible dialogar con el daimon, y mucho menos domesticarlo; si pienso en el origen de la palabra que utilizaban los latinos para nombrarlo, el «genius» —genius meus nominatur, quia me genuit— al que se confía la tutela de cada hombre en su nacimiento, creo entender su carácter no individual, su relación con el sexo —como recuerda Agamben el objeto genial por excelencia para los latinos era la cama, «genialis lectus»— o con esos presentimientos corporales que intuimos cuando cagamos, hacemos la digestión… mística cotidiana: no puede existir una dialéctica —¿no es la dialéctica la que divide el mundo y lo hace infeliz?— entre ese elemento impersonal y preindividual que es el daimon y nuestra conciencia: sólo podemos obedecerle, concederle todo lo que nos pide — hay una expresión latina que resume la relación que debemos tener con nuestro dios personal: «indulgere Genio»—, conviertiéndonos en sus prisioneros; o bien, no obedecerle, lo que supondría engañarse a uno mismo, empobrecer la vida y ser infeliz, que es lo propio de los hombres con «carácter» (que no es otra cosa que el modo en que nos relacionamos con nuestro daimon).

Aunque el cristianismo dio al Ángel el papel de mensajero (no creo que el papel de mediador suponga una degradación; si no hay mediación y el Ángel es independiente de un sistema sagrado, nos encontramos con Lucía Bosé), también existe la figura del Ángel Custodio, que creo que se corresponde bien con el daimon platónico o el genius latino. Mejor dicho, un ángel custodio que se divide en dos, uno bueno y otro malo (siempre a rastras del dualismo platónico; aunque ahora quizás no sea el momento de lanzar una perorata antiplatónica).

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MONSIEUR TIFFAUGES:

Estoy de acuerdo con lo que dice Juanjo sobre la servidumbre y la condición de prisionero de la persona que experimenta lo angélico. Ya en un primer momento hice referencia a la relación con las voces subrayando una modalidad esencial: el rapto, cierta imposición violenta que perturba hasta las raíces la vida, y que la persona puede atender o desoír, pagando un precio. No estoy de acuerdo, sin embargo, con lo que Juanjo añade sobre el diálogo. El diálogo con el daimon es posible, aunque no de la manera equilibrada, sosegada y prosaica que parece sugerir la palabra diálogo. Puedo citar algunos ejemplos:

Jung, en un periodo en que estuvo al borde de la psicosis, anotaba en un cuaderno sus diálogos con las voces, proyectando el anima y los arquetipos, siguiendo una fractura antiquísima entre dos aspectos de su psique que él denominaba personalidad número 1 y personalidad número 2. Sobre la personalidad número 2, que siempre le pareció infinitamente más vieja, más sabia y más inhumana que su mitad disciplinada, frágil y diurna, dice lo siguiente en RECUERDOS, SUEÑOS Y PENSAMIENTOS: "era adulta, vieja escéptica, desconfiada, apartada de la sociedad. (...) tenía a su favor a la naturaleza, a la tierra, al sol, a la luna, al tiempo, a la criatura viviente, y principalmente también a la noche y los sueños y todo cuanto en mí manifestaba la influencia inmediata de Dios". O, para precisar más: "existía siempre una latente sensación de que allí había todavía algo distinto a mí, algo así como si un soplo del mundo de los astros y los espacios infinitos se hubiera alcanzado, o como si un espíritu invisible hubiera penetrado en la habitación sin que pudiera ser visto, espíritu que hace tiempo se hubiese marchado y a la vez estaba perpetuamente presente fuera del tiempo hasta el lejano futuro. Peripecias de este tipo no se apartaban del halo de una deidad". Durante las experiencias numinosas de su diario Jung no era únicamente un vicario de las voces, un poseído, les formulaba preguntas y anotaba las respuestas de manera sistemática, argumentando con ellas durante horas. No es necesario estar al borde de la locura para experimentar con las voces. Pero no hablamos, es evidente, de experiencias generalizadas, cotidianas (cosa que no importa demasiado, en este foro nunca ha interesado, creo, el reino de la cantidad, de las cifras).

Otro ejemplo de diálogo con el daimon es la obra completa de Juan Eduardo Cirlot, al que ya hemos hecho referencia antes en el foro. Los diálogos con Bronwyn, definidos como rapto, búsqueda arrebatada, quête caballeresca, son, también, diálogos. Alguien podría pensar que se trata de juegos formales, de un escape por la tangente estética que no tiene nada que ver con el daimon. Cirlot, sin embargo, creía profundamente en Bronwyn, que para él fue el centro de su vida, su propio mito, y siempre la relacionó con la angelología iraní, con la Daena persa, imagen del alma, del destino y de la vida, que en el Avesta espera al difunto en el puente Cinvat. Dejo como muestra dos ejemplos del diálogo con Cirlot, que no es nunca monólogo. Bronwyn, como corresponde a algo que tiene una naturaleza no humana, se expresa a través de señales, de transfiguraciones, o de un vacío de respuestas que se vuelve radiante, terrorífico.

 

"Las huellas de tus dedos

no se ven en la torre.

Pero yo leo sin descanso, en la soledad de la ermita junto al mar

los antiguos signos en donde tú estuviste hacia el año mil,

por los bosques, los pantanos, las ramas y las hojas, la arcilla

pisada.

 

Dentro del corazón está la muerte

como una runa blanca de ceniza.

 

Acércate por el campo blanco o por el verde campo o por el campo

negro, pero ven.

Detente ante la tumba

donde los dos estamos."

 

O más claro aún:

 

"Hablando de mí, como los Elohim he de decir nosotros; porque tú estás en mí como otra persona en un solo ser. Y el universo entero es nuestro, con sus desolaciones y sus incendios furiosos, con su música de explosiones y sus ilimitados desiertos ávidos."

 

Para Eugenio D'Ors, "lo esencial en angelología es la identidad funcional entre el dos y el uno", y la nota definitoria de lo angélico es la "superación verdadera del principio de contradicción". Lo que nos invita a seguir el consejo de Hamlet ("hay más cosas en el cielo y en la tierra de las que sueña tu filosofía, Horacio") y a soñar modelos más allá de la frágil dialéctica o de la lógica binaria de un Lévi-Bruhl, modelos de los que ya se ocupó Gilbert Durand (en "LO IMAGINARIO" o "CIENCIA DEL HOMBRE Y TRADICIÓN"), y que comprenden desde la coincidentia oppositorum del hermetismo a la participación mística que descubrió un antropólogo como Lévi-Bruhl en culturas totémicas.

Sobre la diferencia entre el ángel en el cristianismo y en otras religiones estoy de acuerdo en lo que dices del custodio. Eugenio D'Ors advierte ese matiz en "INTRODUCCIÓN A LA VIDA ANGÉLICA" y le parece la supervivencia más noble del ángel que hay en el cristianismo. No obstante la diferencia sigue siendo abismal. Cito a continuación un fragmento de "CUERPO ESPIRITUAL Y TIERRA CELESTE. DEL IRÁN MAZDEÍSTA AL IRÁN CHIÍTA", de Henry Corbin:

"Además la piedad mazdeista ha reconocido desde hace muchos siglos el equivalente de sus Yazatas (las "Adorables") en las figuras de los Ángeles y los Arcángeles (persa fitishtagan). Es cierto que su naturaleza ontológica es muy distinta a la de los Ángeles bíblicos o coránicos; no son servidores ni mensajeros. Son más bien figuras homólogas a los Dii-Angeli de Proclo. Estoy convencido que sobre este punto los neoplatónicos (a quienes durante mucho tiempo se ha denigrado) estuvieron infinitamente más cerca de la angelología iraní y comprendieron infinitamente mejor el papel téurgico y demiurgico de sus entidades celestes de lo que han sido capaces las improvisaciones filosóficas a las que a veces se dedica la historia de las religiones, cuando carece de categorías"

Papel teúrgico y demiurgico. O, en otros términos, que el ángel en Irán es el garante de toda experiencia numinosa, de toda trascendencia, del mismo modo que el símbolo, tal y como lo entendían en ERANOS Jung, Kerenyi, Eliade o el propio Corbin (por no volver a Cirlot), asegura como modo de conocimiento indirecto el descubrimiento de un misterio, de un secreto que de otro modo permanecería a oscuras, sin revelar (nada que ver con la noción degradada de símbolo de la semiótica moderna). El ángel no tiene ese protagonismo excluyente en el cristianismo. El ángel iraní enlaza con la gnosis, gnosis que podría haber llegado a Europa a través de Avicena. Lo que llegó, en cambio, fue el aristotelismo a través de Averroes. Se truncó y permaneció subterránea a partir de entonces, por esa y otras razones, la idea del astrum in homine, de que hay un daimon, una voz, que el hombre puede conocer, una vía de acceso a lo divino, al margen de mediadores mundanos y de iglesias. Existe un conocimiento solitario, gnóstico, de las voces, conocimiento que da sus frutos en figuras como el anarca, atento siempre a lo originario frente al vaivén de los poderes temporales. Y lo que aquí llamamos negempatía es la eliminación del ruido blanco, de las interferencias, para encontrar lo que es afín.

La indicación de Eugenio D'Ors sobre la doma de ángeles es, en efecto, en gran medida ambigua. Resulta sugerente por su comparación entre el ángel y el animal y por situarse, de lleno, en el terreno de la hipérbole. Pero es más que una figura retórica, y quizá esconda más verdad de lo que aparenta. Otra frase de D'Ors en la que hace referencia al ángel quizá lo aclare: "No le sueltes hasta hacerle tuyo, hasta arrancarle tu bendición; es decir, tu personalidad". Lo que vendría a expresar la pugna por depurar la personalidad de anécdota a la que ha hecho referencia en más de una ocasión Fernando, a cierto aprendizaje violento, lleno de raptos, de desencuentros, por el que se acaba conquistando el ángel (y se me viene a la cabeza ahora la canción SANGRE SABIA).

 

 

 

DIOSES INCORRECTOS

 

MONSIEUR TIFFAUGES:

Leí hace tiempo un artículo en el que se exponía cierto dilema sugerido por una frase misteriosa de Mallarmé. No recuerdo bien los detalles, pero se trataba, creo recordar, de una traducción primitiva de un texto suyo, o, quizá, de una transcripción que se hizo a partir de sus manuscritos para una de las primeras ediciones de su obra. En cualquier caso la frase era "Si los dioses ya no hacen nada inconveniente, significa que han dejado de ser dioses". Y el dilema era saber qué había querido decir Mallarmé, y si se había introducido por error ese "inconveniente" en vez de un "conveniente". La frase, en cualquier caso, es reveladora. La idea de que los dioses están vinculados a lo incorrecto, a lo inadecuado, recuerda la idea del teólogo alemán Rudolf Otto sobre la irracionalidad de la experiencia religiosa (lo sagrado fascina y al mismo tiempo aterroriza y hace temblar, es mysterium fascinans y mysterium tremendum). Asocio la incorrección de los dioses a muchas de las figuras que Fernando consideraba fuerzas de la naturaleza en un comentario reciente a mi blog (Lecter, John Doe o Buscemi, la bestia que canta en CON AIR). La fascinación que despiertan, aunque no se reconozca jamás, es amplia (pienso, por ejemplo, en la popularidad de Lecter). Hay mucho que decir sobre esta ambigüedad. Jünger nos recuerda, al hablar de los tribunos de la democracia en EUMESWIL, que "para ellos las figuras excepcionales son inquietantes (...) Alejandro les parece un fenómeno elemental, un rayo que explica suficientemente la carga eléctrica entre Europa y Asia. Se dan curiosas coincidencias entre la historiografía liberal y la heroica".

¿Qué opináis de Tom Ripley? Pienso, sobre todo, en el que interpretó Malkovich en EL JUEGO DE RIPLEY. La película me pareció algo amanerada y preciosista, llegando a veces a exagerar a Ripley hasta la caricatura (amoral, decadente, en una escena amenaza con eliminar a todos los pasajeros de un tren si alguien le estropea su reloj). Y, sin embargo, hay algo en Ripley, y en el Ripley de Malkovich, que para mí redime la película. Ciertas alusiones a la condición lúdica del cazador (Jünger relaciona al anarca con los juegos más viejos, la caza, la sangre), su lejanía escéptica, solitaria del mundo ("el mundo no es peor porque ellos no estén", palabras que resuenan en el discurso de John Doe, o "no hay ningún ojo mirando"). De nuevo, como Lecter, la infancia penosa, cierta investidura sacra a través de las penurias: "Cuando era un niño esperé en la playa durante horas a que mis padres regresaran de un paseo en barca. Se ahogaron. Desde entonces soy capaz de esperar eternamente". Creo que en Ripley hay, en general, algo que le hace trascender el cliché del psicópata egoista, arribista y hortera, obsesionado con ambientes sociales fastuosos. O quizá sea mi devoción por Malkovich. Me encantó su Mr. Hyde, aunque piense que Mary Reilly hace aguas por todas partes. Incluso Julia Roberts, que siempre me ha parecido monstruosa (empezando por su físico), se salva en esa película, pálida hasta lo inhumano, como una versión débil y lejana de ese cadáver maravilloso que fue Mia Farrow en LA SEMILLA DEL DIABLO.

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EL ZURDO:

No he leído a la Higsmith (o creo que empecé A PLENO SOL –EL TALENTO DE RIPLEY- en no recuerdo qué circunstancia y la lectura se interrumpió, tampoco recuerdo ahora por qué motivo). He visto las tres películas con Ripley (un par de veces la de Delon, Ronet y Laforet pero los personajes masculinos se me dispersan, despliegan y desdoblan en otras cintas -Ronet y Delon, otra vez juntos, en LA PISCINA, donde la tercera en discordia era Romy Schneider; Ronet solo, en EL FUEGO FATUO basado en la novela de Drieu, y en AMADOR, una película de Francisco Regueiro sobre un asesino seductor, un rol que muy bien podría años después haber sido revisitado por Malkovich; una vez y media la de Damon, Law y Paltrow, que me resultó bastante tediosa por la vaciedad de sus personajes; y una, en sala de cine, la de Malkovich, mi favorita por esa atmósfera tan cainita -de Caine, Michael Caine- que siempre me ha resultado especialmente estimulante y anarca -hay mucho de anarca en las historias de esppías y asesinos a sueldo-).  [nota: mientras confecciono esta selección de momentos cafexpánicos, quiero señalar que durante la segunda mitad de agosto, en la levantina casa de mi osita, concluí la lectura de A PLENO SOL así como también de otro volumen, RIPLEY EN PELIGRO (éste último con un toque chabroliano), y reconozco que el mutante diabólico creado por Patricia Highsmith se me hace muy cercano, por razones que monsiú T. ha explicado de manera redonda]

Julia Roberts, que, como Mia Farrow, me repugna como mujer (en el caso de esta última, siempre la he visto como un ser reptiliano, de sangre fría, con la expresión estólida de las lagartijas -sólo me ha parecido perfecta en cierto film angloirlandés, de los 90, titulado EL PICO DE LAS VIUDAS: en LA SEMILLA DEL DIABLO yo habría elegido a otra actriz, aunque ninguna encaja por edad en el momento en que se rodó el film, como Vera Clouzot o como Sondra Locke o como Sissy Spacek-; en el caso de la Roberts, me parece de baja estofa y nada interesante, todo lo contrario que su hermano Eric, y quizás por esa vulgaridad me conmueve en su rol de criada de Jekyll/Hyde).

El Anarca es hoy por hoy, en la jerga establecida de descalificación clínica de disidentes, lo que viene a llamarse un "sociópata". Martin Venator, en su ambivalencia de roles, tiene reflejos ripleyanos así como también de EL SIRVIENTE, que interpetó magistralmente Dirk Bogarde (otro genio de la pantalla, homosexual no gaseable -que diría Dildo- y tan seductor desde su eterna filosidad de Yago, en tantos momentos) y cuyo testigo hoy sólo lo veo en la sonrisa giocondesca, hermética, de Kevin Spacey (apetece una revisión de la obra de Harold Pinter con KS de protagonista).

Buscemi en CON AIR se redime del serial killer superfreak a lo Ed Gein, Henry Lee Lucas y los matarifes tejanos, por su aspecto impoluto y su melancolía (la cultura -lo vemos con Lecter- al menos sirve para eso, para sublimar lo anómalo de titánida elemental en visionario homo superior). Los asesinos en serie son entrañables en sus limitaciones (como también el justiciero Travis) pero a los mutantes diabólicos se les mira alzando la cabeza porque se hallan por encima de nosotros. La cultura ayuda mucho a consumar la mutación de titán en semidiós.

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MAGDALENA MERLOS:

Estoy ahora trabajando en cosas del entorno de Mallarmé, fines del XIX, principios del XX y eso. Sin embargo la frase que citas, que desconocía, me recuerda una de las dimensiones o expresiones humanas más olvidadas a la hora de enunciarlas, en la manera en que Poe la define, la perversidad. Yo creo que esos arranques de los dioses, la arbitrariedad o el mal por el mal los hace humanos. ¿O somos perversos inevitablemente, porque queremos acercarnos a los dioses? Ripley es un personaje que me atrae, lo recuerdo en aquella película de Wim Menders, o sólo basta con leer los textos (soy muy mala para los títulos), aquél en que esconde un cadáver en unos canales. El tío es un pinta, asesino, falsificador, pero tiene un encanto que hace que se olvide todo, incluso no sería envidiable si no participase de esas dosis de perversidad. La novela negra, por ejemplo está llena de personajes que participan del bien y del mal (creo que definitivamente los dioses quieren humanizarse)y por eso son creíbles, cercanos y, en el placer que supone alejarse de la moral cristiana, envidiables. Sirva Easy Rawlins, de Walter Mosley, o más allá, su caprichoso amigo asesino, Mouse. De todos modos, conocer el lado oscuro de las personas hace que se las quiera de verdad, que diría, de mejor modo, mi adorado Proust.

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JUANJO SEIXAS:

Monsieur Tiffauges, leo —y disfruto— lo que escribes sobre la irracionalidad de la experiencia religiosa; sin embargo, ¿no crees que sea posible una experiencia racional de lo divino? Pienso, por ejemplo, en el estatuto divino de todos los principios de todas las almas de los seres vivos, astros, hombres, animales: en la tierra celeste. ¿Seguro que no es posible un politeísmo racional que se oponga a la irracional divinización exclusiva o abusiva del hombre o de su alma? ¿No es posible una teo-logía? Pienso, por ejemplo, en la diferencia entre la iniciación —¿no se supone racional, en cierta medida?— y la conversión o el bautismo. Pero, claro, razón no como razón humana, individual o universal, ni como instrumento, sino como otra cosa qué no se decir, ¿lenguaje?

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HUBERT:

Aunque no soy M. Tiffauges, Juanjo, me atrevo a contestar -con mil cautelas implícitas en mi respuesta- que ese "logos" divino no es para nosotros razón. Por ello podría experimentarse, pero difícilmente "mapearse". Inefable mayormente. Otra cosa sería que accediéramos al tercer género de conocimiento y pudiéramos permanecer allí.

Y así, tiene pleno sentido hablar de irracionalidad de la 'experiencia' religiosa sin desdoro para esa sublime experiencia, que deja en paños menores a cualquier teología, aunque la teología pudiera ser más tranquilizadora para aquellos que no pueden o no quieren o no saben ir hacia aquello desconocido. Claro, es posible la teología, pero es otra cosa y se queda más acá, en la ciudad. La experiencia religiosa es locura -podría ser una locura cuerda o un desatino controlado a lo don Juan- o trascendencia vivida. Los caminos para ir hacia allí y poder volver, experiencias de muerte en vida, son las llamadas por un cierto sector de la antropología, "tecnologías de lo sagrado", en el fondo,  esas migajas de pan húmedo, marcas en el camino para encontrar la vuelta desde la luz por el camino de tinieblas que lleva hasta ella. Y, más inquietante aún, el propósito o el intento de no quedarse allí por mucho que pudiera apetecer.

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JUANJO SEIXAS:

Hola Hubert, tienes razón; el problema es que tendríamos que definir claramente todos los conceptos, y creo que soy bastante torpe en eso; si digo "racional" me refiero a algo parecido a la "adivinatoria": un conocimiento de lo divino, y una capacidad de comunicar ese conocimiento que sólo pueden tener unos iniciados: por eso me resulta tan extraña la idea del bautismo.

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MONSIEUR TIFFAUGES:

Sí, Hubert, Juanjo, estoy completamente de acuerdo en lo que se ha dicho sobre lo inefable y las limitaciones de la teología. Y creo que es precisamente en la iniciación, que es siempre una experiencia extrema, de muerte simbólica, donde se hacen más evidentes esos límites.

La fragilidad de la razón se comprende mejor cuando se piensa en una prueba iniciática concreta, en un estado intermedio (porque toda iniciación es siempre transfiguración, un viaje, un cambio de estado). Por su belleza y su literalidad (la muerte aquí no va a ser sólo simbólica) podemos pensar en la prueba heroica del Bardo Thodol. El viaje que se narra en El libro de los muertos tibetano es una alucinación, una cabalgata maravillosa de dioses y de demonios ante la que el difunto puede quedar deslumbrado y perderse, volviendo a caer en la mordaza del samsara, encarnándose de nuevo en el útero, y perpetuando así una cadena de espejismos que se pierde en el tiempo.  Si supera adecuadamente la prueba el difunto puede alcanzar, sin embargo, la liberación. Los lamas que se preparan durante toda una vida para superar esa prueba adquieren a lo largo de su aprendizaje las claves racionales que explican ese tránsito y la manera de solucionarlo. Podrían exponer discursivamente las jornadas de la muerte iniciática y responder ordenadamente a preguntas sobre la naturaleza de las pruebas. Pero eso no es suficiente: hay que pasar el trance, la persona debe morir, debe ser golpeada si desea salir fuera de la rueda de las vidas y alcanzar un nuevo estado. Tampoco asegura la victoria la voz firme del lama o del mejor amigo que recita y da instrucciones junto al oído del difunto. Porque hay que pasar al otro lado del espejo y vivir la prueba, ver las luces, los dioses y las fantasmagorías que la mente convoca al morir. Si la iluminación se retrasa el iniciado tendrá que enfrentarse al pánico y contemplará, en una cabalgata vertiginosa, las manifestaciones infernales de los dioses. El rito iniciático sólo se comprende cuando es vivido como prueba heroica, como desintegración luminosa de lo que caracterizaba a la persona.

Al hablar de la iniciación Guenon afirma, desde una posición trascendente:

"La forma del lenguaje es discursiva, como la razón humana de la que es el instrumento propio y cuya marcha sigue o reproduce tan exactamente como es posible; por el contrario, el simbolismo propiamente dicho es verdaderamente intuitivo, lo que, naturalmente, le hace incomparablemente más apto que el lenguaje para servir de punto de apoyo a la intuición intelectual y supraracional, y es precisamente por eso por lo que constituye el modo de expresión por excelencia de toda enseñanza iniciática. En cuanto a la filosofía, representa en cierto modo el tipo del pensamiento discursivo (lo que, bien entendido, no quiere decir que todo pensamiento discursivo tenga un carácter especialmente filosófico), y es lo que le impone limitaciones de las que no podría librarse; por el contrario, el simbolismo, en tanto que soporte de la intuición transcendente, abre posibilidades verdaderamente ilimitadas".

Para evitar sugerir una idea de depreciación (la ya clásica asociación infantil/salvaje/neurótico/mágico/irracional) Guenon prefiere hablar de lo supraracional:

"lo «supraracional» no debe tomarse por lo «irracional». En realidad, lo repetimos todavía, las influencias espirituales tienen también sus leyes, que, aunque de un orden diferente al de las fuerzas naturales (tanto psíquicas como corporales), por eso no dejan de presentar con ellas algunas analogías".

Saltando temporalmente a otro tema (Guenon deslinda escrupulosamente la iniciación de lo religioso, de la mística y de la magia), el pensamiento discursivo puede entenderse como un momento más en la erótica de la experiencia religiosa, como un gesto más, exigido por el rito, del mismo modo que socialmente no hay festividad ni verbena sin la figura del extraño, de un extraño que observa y valora desde la distancia un misterio que le es ajeno, consagrándolo de manera

definitiva.

Pero no es necesario entrar en metafísicas para comprender que la razón alcanza un límite cuando aborda la iniciación, bastan las intuiciones prácticas y cotidianas de la antropología. Todo rito de iniciación encierra un misterio y un peligro que la sociedad conoce bien y aprende a codificar. Porque cambiar de estado en el organismo social, transformarse en otro individuo a través de ritos de paso, de ceremonias de investidura, supone siempre convertirse temporalmente en un monstruo, en un ser sin perfiles entre dos umbrales. Durante el rito de paso que le convierte en hombre el joven es extraído de la posición social que hasta entonces ocupaba y durante un tiempo, hasta que es reubicado e investido por el rito, no es nada, ni joven ni hombre. La antropología ha llamado a esas posiciones ambiguas (la carne hermosa y extraña que tiembla en la crisálida) liminales. Hay un poder insospechado en todo lo que es liminal, en lo que socialmente aparece desdibujado, disfuncional, entre dos posiciones. Las llamadas sociedades primitivas lo sabían, y consideraban a las personas que pasaban por ese periodo ambiguo de la iniciación sagradas. A veces eran anatema, tabú, posibilidad de contagio fatal y de corrupción. En otras ocasiones se le atribuían poderes sobrehumanos. Es el misterio de lo que, esperando una forma, aún no la tiene. Misterio luciferino, porque la persona sorprendida a medio camino en la iniciación, en el rito, participa de algún modo temporalmente de los poderes de lo preformal, del magma anterior al orden civil, a la obra civilizadora. En el agua abismal que hay en muchos mitos antes de la creación están contenidas ya las semillas de lo real, toda amenaza y toda belleza espera en potencia. La persona que en la iniciación ha dejado de ser una cosa y aún no es otra encarna durante un tiempo ese poder originario. Es la infancia eterna de Peter Pan / Hermes Psicopompos, un paréntesis antinatural que se sostiene, triunfante. O, en la reciente PALÍNDROMOS, de Todd Solondz, la niña/mujer obsesionada por ser madre, recorriendo los campos como en un sueño, animal supremo de un cuento. O el exilio gnóstico de Philip K. Dick / Amacaballo Fat, que está ya fuera del mundo y vive arrastrado por señales, por indicios, en una quête caballeresca trágica que se vuelve eterna (habría que ver en su búsqueda de Valis, de Sivainvi, una actualización de la búsqueda eterna del centro, del viaje de Ossendowski o Parsifal). La sociedad va a respetar y a

observar atentamente siempre esas anomalías, aunque sea a través del golpe, de la burla o del aislamiento, porque hay algo inefable también en el misterio de la sociedad que se sorprende a sí misma medio hacer, tejiéndose y destejiéndose (como un niño que abre con una cuchilla una crisálida).

 

 

 

QUE POCHOLADA

 

EL ZURDO:

Anoche, por La Sexta, me vi, fragmentariamente (entre pesquisa y pesquisa de CSI), un curioso programa centrado en la vida y milagros de Pocholo Martínez Bordiú. Era una mezcla entre VIVIR CADA DIA y esa serie de mochileros (LONELY PLANET). Hace meses pusieron otro parecido, en el que Pocholo nos mostraba Amsterdam y seducía a los lugareños y lugareñas que vieron pasar alguna vez por sus canales el barco/comuna de "SWEET MOVIE".

Pocholo tiene una serie de rasgos que me resultan entrañables y que siempre asocio con Charlie Mysterio: físicamente se parecen en su poderío fibroso y torero (sólo que, parafraseando a Don Hilarión, "uno moreno y otro rubio"), hablan de modo muy parecido (entre atropellado e introspectivo -como si tras cada explosión hiperactiva se ocultase una heartache-), ambos disfrutaron tiempos económicamente mejores y hoy se buscan la vida como pueden (de sus mil trabajos coinciden en uno, el de pinchadiscos, donde -por lo que sé de Charlie y por lo que ayer explicaba Pocholo- tratan de mantener la soberanía en la elección de los temas a pinchar, sin caer en el mero mercenarismo, y regalando así al público una parte de su mundo más propio), viajan sin parar y viven a caballo entre varias casas, son elegantes y luminosos, autistas e ingenuos (lo que no significa bobos -la ingenuidad del carácter fuerte es un rasgo irreductible y no algo contingente que se erosione con el tiempo-) y provocan la irritación de los buscavidas sin clase (aquellos que, a diferencia de Charlie y Pocholo, no nacieron pijos sino arribistas, y que se mueven por el mundo no para iluminar e ilusionar -encandilar, ese verbo tan expresivo y sintético- sino para todo lo contrario, para bajar bruttalmente a los demás a su nivel, a su ralea física y moral de esclavos, nunca de señores).

Acabé por abandonar a Grisson y a Willows, y me concentré en Pocholo, en sus mil palabras por minuto emitidas con resacosa voz, en sus mil mujeres (incluida esa surfera brasileña que lo ama sin tocarlo, porque así lo ama más -de pronto me vinieron a la mente, con sincronicidad jungiana, los arranques maledétticos en el Foro Cafexpan contra la emisión gratuita de fluidos sexuales-), en sus mil amigos (recién estrenados o de toda la vida), en sus mil fiestas (Nico cantaba algo en ese momento en el retrogusto de mi memoria), en la expresión arrobada de las empleaditas de hotel o de aeropuerto ante los detalles de Pocholo (un beso, una flor...) que no pude por menos de asociar con aquellos comentarios de Victoria Ciges y Natalia Farrán cuando me llevé a Charlie a la Inter y acabaron de farra nocturna y quedaron prendadas ante lo inhabitual de su trato ("es un caballero, un auténtico bon vivant"), en sus mil despistes, en sus mil intuiciones...

Y una vez más entendí por qué me repugna Dylan y los de CQC.

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HUBERT:

Grandioso momento en el que, en el previo con Olga Viza, le lee a la susodicha -y alucinada- Viza un fragmento de UNA REALIDAD APARTE de Carlos Castaneda, un libro que le influyó mucho,  jajaja. Promete el programa, entré en él vía zapping y aterricé en el onírico mundo pocholiano, uno de los pocos que se atreve a vivir en el Inconsciente sin apenas vergüenza.

 

 

 

BIOGRAFIA DE STALIN

 

EL ZURDO:

He acabado la biografía de Stalin que me recomendó Rafa C.

El autor, Robert Service, desarrolla una interesante reivindicación de sus dotes sin negar el perfil "monstruoso" establecido por las convenciones pero matizando con bastante tino sobre dicha "monstruosidad". Contra la caricatura, Service plantea un retrato hiperrealista desde lo que podríamos llamar objetividad hostil (que, como se verá, no se sabe hasta qué punto es hostil o sólo un modo de guardarse las espaldas por parte del autor).

El libro está lleno de momentos mágicos, muy especialmente en los primeros años de militancia política así como en el periclitar.

Hay un capítulo (el 52, titulado "VOHZD E INTELECTUAL") que me fascina: el autor rompe una lanza a favor de las grandes capacidades intelectuales de Stalin y también estudia su contencioso con los judíos de los últimos años desechando el reduccionista estereotipo antisemita y recordando su creciente prevención por el recién nacido estado de Israel (cuya creación Stalin había saludado al principio para después cambiar diametralmente de idea, especialmente tras la visita de Golda Meir a Moscú en septiembre del 48): si reflexionamos sobre la hipertrofiada presencia de Israel en los ámbitos de decisión occidentales y la constante labor de zapa contra la URSS (el papel de la entidad sionista tanto en la caída del régimen soviético como en los subsiguientes problemas caucásicos y en la desestabilización interna de los elementos ultracapitalistas, quintacolumnistas de Occidente y rusófobos, es claro e indudable) las obsesiones antijudías del Padrecito georgiano en su último quinquenio tienen una base geopolíticamente sólida y, como señala Service, nada que ver con los impulsos hitlerianos (oscilantes entre el exterminio de los judíos con vocación alemana y la promoción de los sionistas en Palestina).

En ese mismo capítulo se habla con cierto detalle de su libro de 1950 "MARXISMO Y PROBLEMAS DE LINGÜISTICA", clave para entender la filosofía última de Stalin y con impremeditados ecos que interesarán tanto a filoestructuralistas como a teóricos del independentismo vasco.

En mi caso, como ya ocurrió en su momento con el tocho de Weininger, he disfrutado de una obra subrayada y anotada por Rafa C., que me la ha hecho mucho más accesible, desvelándome la ambigua actitud del biógrafo, quien en algunos momentos recuerda a Verstrynge cuando, en sus libros y artículos destinados a un público "de izquierda" pero buscando la atención en elementos políticos profundamente incorrectos desde las convenciones de la progresía, no se sabe si actúa con objetividad o con subversivo maquiavelismo.

En resumen, una obra notable para quienes, sin caer en la devoción acrítica (toda devoción acrítica, a la larga, es disfuncional), apreciamos a Stalin como necesidad histórica y como fuerza de la naturaleza, con todo lo que de cataclísmico (de pedagógicamente cataclísmico) tienen ambas condiciones.  

Acabo con las enigmáticas notas (tan nietzscheanas -¡y tan randianas!-) que Stalin escribió en el crucial año 1939 en el interior de la contratapa de la obra de Lenin "MATERIALISMO Y EMPIROCRITICISMO":

 

"¡NB! Si una persona es:

1) fuerte (espiritualmente)

2) activa

3) inteligente (o capaz)

entonces es una buena persona a pesar de que tenga otros vicios.

 

1) debilidad

2) pereza

3) estupidez

son la única cosa que pueden considerarse vicios."

 

Perfecto frontispicio shadowliner.

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ELDERLY:

Te agradezco la reseña. A propósito de lo que expones sobre la correlación Stalin/Rand, nunca he comentado contigo un párrafo de los FUNDAMENTOS DE  LENINISMO del padrecito que no sé si conoces. Dice, entre otras cosas, que los rasgos característicos del "estilo leninista en el trabajo" son: a) el ímpetu revolucionario ruso y b) el sentido práctico norteamericano.

Y desarrolla así su idea:

« El ímpetu revolucionario ruso es el antídoto contra la inercia, contra la rutina, contra el conservadurismo, contra el estancamiento mental, contra la sumisión servil a las tradiciones seculares. El ímpetu revolucionario ruso es la fuerza vivificadora que despierta el pensamiento, que impulsa, que rompe el pasado, que brinda una perspectiva. Sin este ímpetu, no es posible ningún movimiento progresivo.»

«El sentido práctico norteamericano es, por el contrario, un antídoto contra el manilovismo «revolucionario» y contra las fantasías del arbitrismo. El sentido práctico norteamericano es una fuerza indomable, que no conoce ni admite barreras, que destruye con su tenacidad práctica toda clase de obstáculos y que siempre lleva a término lo empezado, por mínimo que sea; es una fuerza sin la cual no puede concebirse una labor constructiva seria.»

«Pero el sentido práctico norteamericano puede muy bien degenerar en un utilitarismo mezquino y sin principios, si no va asociado al ímpetu revolucionario ruso. ¿Quién no conoce la enfermedad del practicismo mezquino y del utilitarismo sin principios, que suele llevar a algunos «bolcheviques» a la degeneración y al abandono de la causa de la revolución? Esta enfermedad peculiar ha encontrado su reflejo en el relato de B. Pilniak «El año desnudo», en el que se

pinta a tipos de «bolcheviques» rusos llenos de voluntad y de decisión práctica, que «funcionan» muy «enérgicamente», pero que carecen de perspectiva, que no saben «el porqué de las cosas» y, debido a ello, se desvían del camino del trabajo revolucionario. Nadie se ha burlado con tanta saña como Lenin de esta enfermedad del mezquino utilitarismo. «Practicismo cretino», «utilitarismo estúpido»: así calificaba Lenin esta enfermedad. Lenin solía oponer a esto la labor revolucionaria viva y la necesidad de una perspectiva revolucionaria en toda nuestra labor cotidiana, subrayando con ello que el utilitarismo mezquino y sin principios es tan contrario al auténtico leninismo como el arbitrismo «revolucionario».

«La unión del ímpetu revolucionario ruso al sentido práctico norteamericano: tal es la esencia del leninismo en el trabajo del Partido y del aparato del Estado.

Sólo esta unión nos da el tipo acabado del militante leninista y el estilo del leninismo en el trabajo.»

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EL ZURDO:

Lo que Stalin ataca en los excesos practicistas, AR lo hace en el capitalismo como equilibrio coloidal de corrupciones que plantean Hayek y Friedmann (con Hayek tuvo serias discrepancias, a Friedmann sencillamente lo despreciaba). Rand, como Marx, Lenin y Stalin, cree en la necesidad de construir un modelo basado en la voluntad de excelencia y en la meritocracia. Hayek plantea una inercia basada en el libre mercado como ídolo total al que todo ha de plegarse, y considera que ni siquiera esto es bueno sino el mal menor. Rand cree en la Historia, Hayek quiere acabar con la Historia. Rand quiere avanzar, Hayek tan sólo ir tirando. Hay algo hobbesiano y leviatanesco en Hayek: sólo que su Leviatán en vez de inspirar terror y obediencia, emascula y atontolina.

En cuanto a la valoración del practicismo como antídoto al idealismo caprichoso, Stalin demuestra su perfil de idealista pragmático, de objetivista, de enemigo simétrico de AR. Curiosamente, ZP parece reunir en su perfil de Anticristo político esa mezcla de idealismo caprichoso terminal y de practicismo sin rumbo hayekiano.

Hoy Hayek (introducido en este país por el PSOE del pelotazo -Suárez estaba en el centrismo populista con ribetes ridruejianos, regeneracionistas y mounierianos, y la AP de Fraga andaba más cerca de Carl Schmitt y quizás de Licio Gelli que del neoliberalismo hayekiano-, que tan bien definió la cosa en boca de Felipe González cuando éste vino a decir que toda democracia requiere un cierto grado de corrupción para no devenir en totalitaria -por aquello de la incorruptibilidad de gentes tan indeseables como Robespierre o el propio Stalin-) da su rostro más caricaturesco en la Italia post93, en la mediatocracia de Berlusconi, Bossi, Fini, Prodi, Veltrone, Buttiglione o D'Alema, ornada por los angelotes pornográficos de Chocholina y Vladimiro Luxuria (todos hijos del mayor criminal contra la humanidad -al menos, contra la humanidad italiana- que ha dado el país vecino, Marco Giacinto Pannella, quien puso los cimientos, con su transversalidad maricona y su deconstrucción de las ideologías, de lo que hoy pasa), a cuyo lado la Italia criminal y terrorista/de/estado de Gelli, Andreotti y Moro -TODO MODO, según Sciascia- tiene al menos la redención ética de asumir su cuota de realidad, de no intentar convertirlo todo en un corralito virtual, de matar y atemorizar al más puro uso corleonesco, pero no de convertir a todo un país en una recua de hologramas deseosos de volverse usacos -cuando los auténticos usacos tienen muy pocco de holograma, ahí mis queridos Unabomber y Tim Mc Veigh y Columbine y Farrakhan-).

 

 

ANTIDYLAN

 

EL ZURDO:

No soporto la voz de Dylan, que me repugna. También estoy troquelado negativamente hacia él por haberlo descubierto con el CONCIERTO POR BANGLA DESH (primer disco que tuve en mi vida) y resultarme especialmente plúmbea su parte (reconozco que más plúmbea me resultó la parte de Ravi Shankar).

Sus canciones, interpretadas por él, me aburren. El HARD RAIN GONNA FALL lo soporto interpretado por Ferry aunque, aun así, se me hace un poco tostón (en comparación con la extrema seducción en ese mismo álbum del SIMPATHY FOR THE DEVIL rollingstoniano, tema que nunca me aburre lo cante quien lo cante). En mi lista de discos redondos, paradójicamente, aparece una canción de Dylan en el CHELSEA GIRL de Nico.

En su momento, me llegó a gustar el HURRICANE. Y los inicios de los DIRE STRAITS no me desagradaban en tanto en cuanto los asociaba con esta canción.

Hay un cantautor español con voz dylaniana al que adoro, Rodrigo García, pero, aparte de que su voz evoluciona hacia otros derroteros a partir del 2º álbum en solitario (el del 81), su repertorio y su visión del mundo son muy diferentes a los de Dylan.

También, cuando leí algunas biografías de diosas de la FACTORY, me producía una intensa aversión la costumbre dylaniana de colgar de caballo a las tías con las que se liaba. En contraste, Jim Morrison intentó rescatar a Nico de la heroína y descubrirle los enteógenos.

El que sea sionista y papista tampoco ayuda. Así como el que explote la figura (que cada día odio más) del judío errante, buscavidas, picaresco, buhonero, que en España ha sido tan bien asimilada por otra entidad que aborrezco, Kiko Veneno.

Galactus, el amo y señor de MONDO BRUTTO, me regaló allá por el 97 una cassette con unos 30 temas de Dylan, a petición mía, a ver si oyéndolo en profundidad me iniciaba en él, y fue un desastre. Sólo soporté un tema (¿algo relacionado con un ángel?).

La única vez que Dylan no me ha irritado fue en su interpretación como actor en PAT GARRETT & BILLY THE KID.

En cuanto a sus textos, leí algunos hace muchos años en una revista (creo que era OZONO) y me parecieron como postales del Oeste postmodernas, como esos westerns revisados por Hill o Kasdan, que, por lo general, no me dicen nada. Nada que ver con Ford, por supuesto, pero tampoco con Huston (sujeto que podría superficialmente asociarse con el rollo errante y picaresco de Dylan, pero que, a mi juicio, no tiene nada que ver: Eastwood lo deja claro en su reflexión sobre el rodaje de LA REINA DE AFRICA; uno no se imagina a Dylan en esa tesitura).

No sé si esto tiene algún significado pero detesto a Dylan (su voz, su físico, su actitud, su leyenda...) en la misma proporción que venero a Leonard Cohen.

Volviendo a Dylan, creo que las cosas que nos separan a Dildo y a mí (lo que yo llamo su lado brutto -esto lo he comentado alguna vez con una de las personas más conceptualmente antidylanianas que puedan existir, el werewolf Rafa C.-) todas las asocio con Dylan.

Supongo que veo en Dylan el perfil más oscuro del judío, el judío disolvente y corruptor, incapaz de construir, de profundizar, de trascender, el judío rata de los tópicos antisemitas, el judío que sólo parodia pero no crea, el judío manipulador y cosificador de las mujeres, anticaballeresco. En parte, lo asocio con otro judío también muy popular y apreciado por el establishment cultural, Woody Allen.

En la margen opuesta de esta imagen aparecería el judío intenso, trascendente, que arde en llama viva, dispuesto a construir y a profundizar, como Leonard Cohen, o Simone Weil, o John Cale, o Battiato, o Ayn Rand, o las gentes de la Bauhaus, o los grandes pensadores (Spinoza, Buber), o aquel cineasta esteticista y obsesivo, Albert Lewin. En este sentido, y aunque no esté de acuerdo con el proyecto, también incluiría en este apartado a los judíos ultraortodoxos fanáticos, tanto ultrasionistas como antisionistas. Todo lo que suponga fanatismo me atrae, todo lo que emane escepticismo me repele.

Supongo que, al final, mi aversión por Dylan y mi devoción por Cohen es la misma que me hace apreciar a Iván Zulueta y detestar a Almodóvar.

 

 

 

ARGENTINA SION

 

JUANJO SEIXAS:

Leí ayer que Theodor Herzl no estaba tan obsesionado con Palestina para su proyecto sionista; también Argentina le parecía un lugar adecuado. Me pregunto que habría pasado si el Estado de Israel se hubiera establecido en la Argentina; no creo que hubiese demasiadas «intifadas». A lo mejor a los yankees no les hacía tanta gracia, eso sí.

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EL ZURDO:

¿Cómo? ¿Que a los yankees no les iba a hacer gracia? ¿Pero quién tiene la última palabra en materia de decisiones en USA desde hace décadas? La cosa habría sido mucho más simple: no existiría Latinoamérica como realidad insurgente (o quizás sólo existiría algo ultraradical a lo Sendero Luminoso -lo más cercano, en ese contexto, al radicalismo islámico-). Una Argentina dirigida por sionistas de todo el mundo sería, como lo es Israel, una perfecta máquina de poder y dominación. Reconozco que habrían mejorado la raza, acabando con esa languidez, vocación parasitaria y escapismo de la realidad tan propio de los sudacas (y que creo debe ser más causado en Argentina por sus antecedentes italianos). Tal vez habrían fagocitado a Chile, aprovechando el lado más ario de este país (los elementos de origen británico, irlandés y alemán que nunca se han sentido especialmente vinculados ni a la latinidad ni al indigenismo), y habrían creado un gran mazacote a caballo entre el actual Israel y la Sudáfrica del apartheid (país con el que Israel mantenía lazos estrechísimos y donde también existía un amplio componente judío). No habría existido el peronismo ni el Che Guevara ni el castrismo ni el priísmo ni mascaradas a lo EZLN o a lo FSLN y las insurgencias centro y sudamericanas serían más honestas en su actuar, más étnicas (entre africanas y árabes), sin visos de populismo ni de mestizaje. En realidad, un Israel sudamericano habría mejorado el componente humano de la zona, barriendo la indolencia latina y reduciendo el choque a un conflicto entre un conglomerado blanco (judíos, anglosajones, celtas, alemanes -una vez más los judíos sionistas y los nazis exiliados trabajarían juntos y de mil amores-) y los indígenas (indios, mestizos renegados de su componente latino, y blancos también renegados de dicho componente, a lo Abimael Guzmán). El continente americano sería mucho más feroz pero al tiempo, al erradicarse completamente lo hispano, tendría más posibilidades de construirse (bien desde el colonialismo bien desde el fundamentalismo indigenista, bien desde las dos cosas).

Pero la información es muy interesante, sobre todo para explicarme por qué cada día los argentinos me caen peor, por qué son tan detestados en el resto de América Latina, por qué es el lugar del continente con más alto componente de judíos tras los USA y por qué mantienen una relación con Israel tan especial (la oscura historia del autoatentado a la sinagoga de Buenos Aires en los 90, o la marcha de muchos judeoargentinos a Israel cuando el crack del 2000).

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JUANJO SEIXAS:

Completamente de acuerdo con el panorama que pintas. Pero además de la desaparición de Latinoamérica, me imagino que si se hubiese establecido un Estado judío en Argentina, los judíos habrían encontrado más obstáculos a la hora de dirigir la política USA: algo de espíritu de (buen) salvaje y los yankees podrían haber jugado otro papel, más parecido al de Rusia.

El año pasado recuerdo haber visto en La 2 por las mañanas la serie «JACK Y BOBBY», sobre la vida de un chico, futuro presidente de los USA. Una cosa que me llamó la atención eran las referencias que se hacían a la «Guerra de las Américas» (fecha: 2041) en la que los USA se enfrentaban a sus vecinos hispanos.

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EL ZURDO:

Rafa es muy pesimista y piensa que, salvo Canadá, los arios desaparecerán completamente del continente americano, quedando sólo la mezcolanza hispana. Yo creo que, tarde o temprano, habrá una guerra racial entre un bloque judeo/WASP/irlandés y la sudaquería, seguramente provocada por los primeros, en plan angustia sionista/lepeniana de ser devorados por la chusma de oscuro color. Ganarán los más motivados: los hispanos sólo pueden actuar como los maricones, reblandeciendo y provocando inmunodeficiencias socioculturales, pero no tienen nada que hacer ante una escalada militar potente de unas élites dominantes angustiadas. Carecen de la fe movilizadora del Islam y del fanatismo marabúntico de los extremoorientales (crecidos en la afirmación de lo colectivo).

El sudaca sólo puede vender corrupción en el sentido más total, como esos mohos colombianos que se comen las carrocerías.

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JOHNNY LINGAM:

Lo de las guerras raciales me suena a los survivalists norteamericanos y a la Nación Aria. Encuentro que apostar por este tipo de escenarios es un juego en el que siempre se pierde, tanto si uno acierta como si se equivoca.

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EL ZURDO:

Esto de hablar de apostar a juegos y escenarios me parece una manera de esconder la cabeza bajo la arena. Para empezar, yo no juego, me limito a analizar: era Sabina el que jugaba al Monopoly de la guerra civil con Benito Rabal y otros colegas, en plan si yo hubiese estado en el lugar del general Miaja y yo en el de Líster pues habríamos ganado la guerra en dos patás). El tratar de analizar los acontecimientos y de desarrollar el sentido de la prospectiva me parece más sano que negarlo y pensar que el futuro será relativamente aceptable desde los presupuestos del hedonismo occidental (la locura es creerse que esto va a ser eterno). La realidad es darwiniana. Puedes estar alerta o dejar que te aplasten los acontecimientos. Y, desde luego, si en Latinoamérica hubiese equivalentes de los supervivencialistas como los hay en USA (lo más cercano, a su modo, fue precisamente SENDERO LUMINOSO), la dialéctica de poderes en el continente entre el Norte y el Sur estaría bastante mejor repartida. Y si se me menta a Canadá como excepción guay del paraguay, diré que puede permitirse el lujo de un cierto buen rollito y de caerle bien a Michael Moore porque tienen a los USA como colchón entre ellos y los latinos. Es como la basura blanca tan mala e intolerante y los tolerantes ricos tan filantrópicos que no tienen por vecinos a inmigrantes. Aparte de que, si estudiamos la intervención de fuerzas canadienses en campañas imperialistas desde la creación de la OTAN (de la que Canadá es miembro fundador) el buen rollito canadiense es bastante menor del que nos venden Michael Moore y las comedias de Hollywood.

En estas situaciones siempre me acuerdo de una tía mía que pasó las vacaciones en Croacia a mediados de los 80, que veía a Yugoslavia como un edén democrático en el este europeo y que, si alguien le hubiese dicho lo que ocurriría en los Balcanes pocos años después, lo habría tomado por loco.

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JOHNNY LINGAM:

Supongo que no estás acumulando latas de conserva, equipos electrógenos y armamento pesado en una cabaña con vistas a la inminente guerra racial o algún otro apocalipsis. A eso me refería con la apuesta siempre perdedora de los survivalists. Si finalmente se produce el desastre, y por mucho que uno se haya preparado para ello, mal; si no se produce, peor, porque habrás planificado tu vida en función de que ocurra en lugar de disfrutar más o menos del tiempo que te queda.

Personalmente, no creo que el (anti)hedonismo occidental vaya a durar eternamente, pero no tengo ningún plan B para el día en que esto termine y me niego a tenerlo.

No termino de entender lo de Canadá. Tengo entendido que, respecto al porcentaje de población autóctona, tienen bastantes más inmigrantes que EE UU (hasta un 50 por ciento más). Lo del colchón es muy relativo si tenemos en cuenta que EE UU se merendó un tercio del territorio mexicano en su proceso de expansión, así que, más que de una invasión de centro/sudamericanos, deberíamos hablar de un regreso..

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EL ZURDO:

UN MOMENTITO. Estoy hablando de hispanos, estoy hablando de indolencia, estoy hablando de escapismo de la realidad, estoy hablando de abulia, estoy hablando de culebrones venezolanos (santificados hasta por presuntos revolucionarios como Chávez), estoy hablando de transexuales y gays (Brasil es a los transexuales como La Meca a los musulmanes), estoy hablando de emasculación/lobotomía cultural, estoy hablando de entender la vida como farsa y picaresca, estoy hablando de pasividad y parasitismo, estoy hablando de esperar vivir siempre de alguna ayuda, no estoy hablando de xenofobia. En Canadá (amén de su propia dualidad arquetípica anglosajona y francesa) hay inmigrantes que contribuyen a  la construcción y a la armonía del país (y en su mayor parte son de origen europeo -concretamente, judíos, escandinavos, eslavos, magiares, polacos, alemanes, holandeses, etc-; por cierto, uno de los personajes más interesantes de la política centroeuropea del siglo XX, Otto Strasser, principal representante del nacional/socialismo de izquierda que rompió con el NSDAP antes  incluso de que el tío Adolf llegase al poder, se exilió en Canadá, huyendo del largo brazo nazi y más tarde, como EJ, sufrió el doble ataque del odio pardo y de la depuración democrática -en el caso de Strasser, aún más injusto, porque, a fin de cuentas, Jünger había sido combatiente en el ejército alemán pero Strasser se limitó a huir del régimen que deseaba su muerte, tratándolo bastante peor que a los judíos sionistas con quienes el III Reich hacía tratos-).

En España considero a muchos inmigrantes muy superiores al español medio: a los chinos de los TODO A 100 que pasan de aprender el idioma, que ven sólo tv y prensa china y se comportan en este país de mierda como auténticos aliens; o a los eslavos predadores que vienen del Este a robar y a matar porque se ha corrido la voz de que España es el país más laxo de Europa en cuestión penal y con un material humano bastante manso y cobarde en sus reacciones (en efecto, nada supervivencialista -como quedó claro el 14M-); o a los árabes que se saben superiores y temidos desde el 11M... Tanto los chinos como los eslavos como el mundo árabe (gracias a la conjunción islámica) son seres que formarán parte del futuro salvaje en que ya nos adentramos, gente capaz de reaccionar en tiempos de conflicto de manera sana, animal (sea desde el instinto himenóptero de la marabunta o desde la determinación lupina del superpredador). ¿Qué tienen que ver con los sudacas? (sólo los elementos más ambiciosos de la diáspora latina, los gérmenes de bandas callejeras o vinculados a la narcocracia, intentan elevarse por encima de la media y tratan de adquirir un mínimo sentido de orgullo -aunque siempre se moverán en la más pura y dura de las corrupciones, porque la corrupción y la venalidad es el estado natural del latino: se ha visto con el devenir de sus revoluciones, de sus populismos, de sus dictaduras pretorianas, de sus cruzadas religiosas, todo acaba adquiriendo un idéntico perfil delincuencial y picaresco, todo se vuelve carrocería carcomida por el moho-).

Yo no tengo planes. Soy un humilde testigo. Me limito a optar, a alegrarme de cosas que pasan cada día con más frecuencia y a sentirme parte del cambio general en el signo de los tiempos. Si tuviese un plan, esto es, si me viese capaz de desarrollar algún tipo de acción mínimamente destinada a consolidarse, si mi pistola valiese tanto como mi pluma, desde luego no estaría haciendo ni esta web ni coordinando este foro. Sólo me queda, desde mi completo fracaso como activista que no pasó de Quijote, dedicarme a lo que me dedico, ser (en la medida en que mi voluntad y mis talentos lo hagan posible) un espacio para la reflexión subversiva, un punto de apoyo en el que otra gente no se sienta sola ni derrotada de antemano.

Soy REALISTA. Soy PACIENTE. Es mi mayor tesoro en los últimos años.

En cuanto a lo del regreso, tendría sentido respecto a los pieles rojas si recuperasen territorio USA. Eso sí sería para bien. Pero, como tantas otras  realidades humanas del pasado que lucharon con nobleza hasta el último aliento desde su más absoluta vocación identitaria, sin MESTIZAJES, esto no volverá. El creciente peso de lo latino en USA no es fruto de una guerra como la recuperación del Islam o, en su momento, de China y Rusia a partir de sus respectivas dinámicas revolucionarias. Los latinos no luchan, se cuelan, se aprovechan de la dejadez de los gringos: tiene más que ver (y me da igual que suene incorrecto porque es exacto) con la aparición de parásitos por falta de higiene en un entorno.

No son los jemeres rojos entrando en Pnom-Penh, no es el Ejército Popular de Liberación avanzando hacia Pekín, no son los talibanes expulsando a los soviéticos de Afganistán, no, son los mizerablez roedorez que van apoderándose de una casa abandonada.

De ahí la lógica reacción de autodefensa que en el entorno gringo (especialmente necesitado de la última inyección colonialista, la sionista -ya se vio en Sudáfrica y, años antes, en el conflicto argelino, en la estrecha relación de los pieds/noirs abandonados por la Metrópoli gaullista y los servicios secretos de Israel-) se está produciendo, muy especialmente, con la consolidación de la New Right iniciada en la era Reagan bajo presupuestos económicos y anticomunistas, y hoy, con las nuevas realidades planteadas desde la caída del comunismo (Sendero Luminoso y posteriores secuelas indigenistas, Balcanes, Islam, China, Japón, unificación de Alemania, etc), adquiriendo un sesgo más etnista y culturalista (aunque parezca increíble, hoy en los USA lo primero para las élites dirigentes no es la economía -este es el error de la visión paleoprogre antibushita-, sino impulsos más primarios, más comunitarios, tanto religiosos como raciales, que engloban a la propia economía y que se hallan profundamente vinculados a la conjunción veterotestamentaria judeoprotestante, a la paranoia israelí de ser destruidos por pueblos hostiles o ajenos al Destino Manifiesto).

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JUANJO SEIXAS:

Hombre, es cierto lo de la abulia generalizada de los hispanos, pero creo que se trata más bien del producto de la inexistencia de un proyecto «sugestivo», pero no algo exclusivo de ese grupo étnico; por ejemplo, en la entrevista a Zinoviev que Elderly comentó aquí, dice de los eslavos: «Todo lo que en Rusia se ha construido, lo ha sido con un material humano muy malo. Por ejemplo, los rusos, el pueblo fundamental de la URSS, es un pueblo con un bajo nivel de autoorganización, sin el palo es imposible organizarlo, ni antes ni ahora. Es un pueblo inclinado al servilismo, a la traición, envidioso, que se inclina ante todo lo extranjero, etc. Esto es un hecho. Con este material humano, fundar un Estado tan fuerte, la segunda superpotencia en el planeta, es un caso único en la historia.»

Los niños de las favelas usan AK-47 mientras que el episodio final de M*A*S*H fue visto en los USA por más de cien millones de personas: yo no confiaría mucho en la fortaleza WASP, tanta inteligencia emocional y clases de cerámica no pueden ser buenas. Además, ¿qué pasará cuando las legiones estén integradas en su totalidad por bárbaros?

Sobre el apocalipsis, otra cita de Zinoviev: «En comparación con la realidad, el apocalipsis, es un fenómeno menor. Para poder describir nuestra realidad, habría que escribir un millón de Apocalipsis, y aún nos quedaríamos cortos. Así que mejor no escribirlas.»

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EL ZURDO:

Ha de recordarse por qué Lenin sentía un profundo desprecio por el pueblo ruso y por qué Zinoviev acaba reconociendo la importancia capital de Stalin en la consolidación de la URSS. No se puede ser populista con un pueblo impresentable, ha de actuarse de manera quirúrgica, como un cirujano de acero. La historia del populismo ruso, tanto de la ultraderecha eslavófila (la Unión del Pueblo Ruso) como de la ultraizquierda nihilista (Social Revolucionarios -grupo tan confuso y manipulado por la policía, que hasta llega a ser dirigido por un comisario de la Okhrana, y que acabará estallando en un centrismo contrarrevolucionario en la figura de Kerensky y en una ultraizquierda anarcoide absolutamente falta de una línea coherente-), está lleno de buenas intenciones pero de pobres resultados. Se me dirá que también los bolcheviques tuvieron su manipulación policial (Malinovsky) pero la superaron.

Pero en Latinoamérica no hay ni Lenin ni Stalin. Lo más cercano en dureza sería el fenómeno de SENDERO LUMINOSO y el escoramiento hacia lo soviético del castrismo abandonando su populismo inicial (al que ahora parece volver por oportunismo, tras la caída de la URSS). He leído bastante sobre América Latina y prácticamente todo me ha decepcionado. Y siempre me ha resultado muy mosqueante la empatía con que Occidente juega con las "revoluciones" latinoamericanas (no hablo de los convencidos e iniciados, sino del Occidente liberal -en el sentido USA-, moderadamente izquierdista, progresista burgués, etc). Salvo de Abimael Guzmán, gente completamente ajena al radicalismo revolucionario habla con mucho cariño del Che, de Marcos, de los Sandinistas, de Chávez, de Allende, etc. Confío más en las figuras que inspiran terror en el burgués que en aquellas que le caen simpáticas. Sólo hay dos figuras latinoamericanas de Tercera Vía (esto es, ni marxista/leninista ni fascistizante) que me siguen inspirando respeto: el militar peruano Velasco Alvarado (quien, de haber seguido en el poder, habría evitado la fractura del país entre la oligarquía corrupta y el extremismo senderista, siguiendo un modelo populista bastante rígido, con ecos prusianos, bismarckianos -y a quien sus adversarios de la derecha han reconocido como un hombre honesto, ajeno a toda corrupción-) y el brasileño Joao Goulart (precuela en dicho país de nuestro Adolfo Suárez: político joven procedente del aparato de la dictadura de Getulio Vargas, desarrolla una ruptura desde la reforma que le lleva a estar a punto de pactar con los comunistas en el 64, cuando es apartado del poder por un golpe militar proUSA, golpe que marcará el destino del Brasil hasta nuestros días).

Los pueblos decaídos necesitan ser dirigidos con mano de hierro por iluminados que los encaucen y no por corruptos que los confundan aún más. Y esto vale tanto para Stalin como para los proyectos políticos de Simone Weil para la Francia de la postguerra, más cercanos al modelo iraní sólo que con una simbología cristiana (de ahí mi apelativo usado alguna vez de "chiíta honoraria"), que a cualquier dinámica demoliberal.

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EL ZURDO: