ESTE ES YANN (-perdona ¿quién?)

 

«Todo, todo, todo está en los sueños» (paráfrasis)

 

Quince años. O doce que parecen diecisiete. Ceño de niña que juega a niño. 1’80: un gemelo flaco de Enya luciendo como la Patti de Mapplethorpe. Guitarrazos en su dormitorio que hacen que todo lo que toca se convierta en los WHO. Sobre todo, Ray Charles (e –insisto- no se asocia con el negro ciego sonriente meneando la cabeza, sino con instrumentos destrozados al final de una canción). De familia de pasta, de muuuucha pasta (basta ver su dormitorio, más grande que toda mi casa). Lacónico, con un levísimo acento imposible de localizar hasta que se escuchan sus diatribas:

 

-Tres guitarras de marca: tus padres te quieren bien...

-Perdona, estas guitarras me las pagué yo.

-¿Tus padres no te quieren?

-Pero no tanto...

 

(soterrado atisbo de sonrisa en la mirada y la comisura derecha –sin abandonar el ceño, of course-)

 

-Digamos que... me saco un plus para mis aficiones.

-¿En qué trabajas?

-Es una casa de discos. MISSY MISSY MIRANDO... No la conoces, seguro.

-Ni puta idea, en efecto.

-Sudacas. Hago de recadero.

-¿Recadero?

-Sí, llevo paquetes.

-Paquetes importantes. Deben de pagarte bien. Ese arsenal...

 

(miro las guitarras, puestas en panoplia contra la pared)

 

-...cuesta lo suyo.

-Supongo. No sé lo que son. Yo los llevo y no pregunto. Me pagan por las dos cosas.

-Ya, ya...

-Podía ganar más pero no me da la gana.

-¿A qué te refieres?

-Si tragase. Si me dejase follar. Pero no me da la gana.

-No te van los tíos...

-Qué va. Ellos, ellas, lo de menos. De todo hay. Lo que no me gusta es que me entren como a un chapero. O a una puta becaria. Presionando. Si me quieren, que me mimen. Que se curren la seducción. Que demuestren que les gusto de veras, no como un cacho carne de usar y tirar.

-Poca carne, por cierto. Se pirrarán por tus huesitos.

-Mi papi podría comprar su negocio y revenderlo el mismo día. Yo no soy un pringaíllo.

-¿No se te ha ocurrido enseñarles tus canciones, ofrecerte como músico?

-¿A unos sudacas? Ni loco... ¿Por quién me tomas?

-¿Qué tienes contra los argentinos?

-Argentinos, uruguayos, da igual.

-¿También chilenos?

-No jodas... No tienen nada que ver. Los chilenos son más... como... como neozelandeses.

-No serás chileno...

-Irlandés nacido en Chile, si no te importa. En Chile todos somos de-otro-sitio-nacidos-en-Chile. Justo como los neozelandeses.

-No me has dicho qué tienes contra los... sudacas.

-La pornografía del lloriqueo, la pejiguera constante, el negocio de ir de víctimas... No sabes quién hizo qué pero todos lloran: el torturador se hace el torturado, el torturado acaba trabajando para el torturador y luego va y lo niega, las profesionales del victimismo a ver qué demagogo las soborna mejor (bueno, la Bonafini no me cae mal, es más retaliator que chantajista: se caga en dios cuando hace falta, apoya a ETA con un par y ha elegido el soborno más presentable, el de los Kirschner)...

 

Oyéndolo despotricar, me acordé de algo que leí una vez: «Pobres argentinos, rehenes de una identidad falsa alimentada por toda una retahíla de embaucadores (Perón, Firmenich, López Rega, Galtieri, Menem... Lo más cercano a la honradez, todos los empeñados en autoengañarse, la primera, Evita, y después Cooke, el pobre tío Cámpora, tal vez el viejo Bidegain y, desde luego, con toda la seguridad de su martirio, todo ese montón de muertos por un espejismo), masacrados luego en el quirófano loco de unos milicos metidos a cirujanos mengeles por puro miedo (algo a estudiar esto del miedo como impulso motor de la dictadura rotatoria argentina, que la distingue de otros cuartelazos y la hace más siniestra, tanto más feroz cuanto más insegura en sus decisiones).»

 

-...En cambio, los orientales, indochinos, chinos, japoneses, han sufrido tanto o más y no se quejan: el horror cotidiano, las guerras, los bombardeos, y tienen ese pudor, no explotan sus desgracias. Salvo, claro, los que se venden a Occidente, los peliculeros que quieren ir a Hollywood o a Cannes, el coñazo del Dalai Lama mendigando a los ricos californianos...

-En Chile, si no recuerdo mal, también hubo torturas y verdugos.

-No compares. Pero nada que ver... En el 73, como ahora mismo, medio país lo tenía claro, estaba con un bando, el militar, y la otra mitad se daba de hostias entre sí sin saber muy bien lo que querían, como en la guerra civil vuestra. Todo mucho más simple, sin tantos relíos ni vericuetos ni danzas ni contradanzas. Pero no sé por qué hablamos de esto: si me importa una mierda la política... De los argentinos sólo aguanto eso de Polanski, LA MUERTE Y LA DONCELLA, que los describe tan bien. Y Torre Nilsson, tan serio, tan solemne, con empaque, con ese misterio. Y quizás añadiría... algún exabrupto de Luppi en cosas de Aristarain. Luppi en esos momentos sí mola: lacónico, hosco, con cara siempre de mala leche... Sin esa viscosidad... Me gusta la gente que no está para hostias.

 

Y Yann le da a la guitarra. Y las paredes tiemblan. También se agita la pelusilla de sus mejillas hundidas de marioneta cadáver de Tim Burton. Y el brillo húmedo de sus ojazos violeta. Y todo suena a los WHO. Hasta esa pieza de Piazzolla que se ha puesto a tocar (en brusco quiebro esquizoide tras su diatriba). La misma, ahora lo pienso, que usó Polanski en otra película.

 

¿Dónde conocí a Yann? Pues hace un rato. En un sueño. Tan, tan intenso que lo transcribo ahora, a los ocho de la mañana, sin añadir ni quitar una coma, por temor a que se nuble. Es agradable estar en este dormitorio inmenso, oyendo a este niño/niña ceñudo y desgarbado con vocación de kiwi y olor atávico a parvulario.

 

«Freud y Perón... Los argentinos llevan delirando por partida doble desde décadas. Y lo hacen a sabiendas, en una inacabable huída hacia adelante. Porque saben que la realidad les pasará una factura aniquiladora, por imposible de pagar (la realidad, ese espejo mágico, esa vida paralela llamada Vietnam, que pone todos sus sufrimientos en evidencia: los charlies no han tenido jamás tiempo para psicoanálisis ni para demagogias lacrimógenas ni para remendarse el ego a golpe de bisturí y silicona; como auténticos revolucionarios son demasiado pudorosos para quejarse, y en su menú de ratas y de austeridad extrema, ajenos al canto de sirena de los derechos y adeptos a los deberes como ladrillos constructores de soberanía, se encuentra el quid de su victoria definitiva contra todas las superpotencias)» (discurso de Kurtz en APOCALYPSE NOW REDUX: final para argentinos –escrito como final alternativo para consumo latinoamericano y arrumbado en el más oscuro rincón por excesivamente incorrecto-)