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confidential rapport on the waves by charlie mysterio
intro
Estoy obsesionado con poder fotografiar y grabar imágenes que no acusen
indicios o señales del presente, momento histórico que odio y acepto sin más
remedio. Vivir bajo la presión de un tiempo no deseado puede combatirse
fácilmente, tan sólo hay que cerrar los ojos . No tengo por qué soportar los
horrores modernos. Todos tenemos la capacidad de vivir en paraísos artificiales
o naturales. Al menos esa esperanza, esa vía de escape permanentemente a
nuestro alcance me consuela. Me fascinan los sonidos añejos. La música
contemporánea ha ganado en medios técnicos para degenerar en el campo de la
producción y especialmente en la interpretación. Los músicos de hoy calcan más
que tocan. Los estudios de grabación producen monstruos. Los actuales
productores ofrecen al pueblo el mismo engendro sonoro independientemente del
país en que desarrollen su actividad.
Si el cine de hoy no avanza os podéis
hacer una idea de la precaria situación musical global. Sin ideas, innovaciones
que no sean técnicas, con una demanda cruelmente mediatizada que sorbe cual
chupóptero los éxitos de la temporada... es más que complicado encontrar en la
FM una buena melodía. No pido mucho, Lloyd. Sólo un poco de jodido respeto: tres
minutos de evasión, tres minutos pegajosos, tres minutos de gloria. En
definitiva, tres minutos de sueño profundo y placentero. Quiero escuchar una
buena y digamos nueva melodía. ¿Cómo se compone una canción así? La estructura
-resulta paradójico afirmarlo a estas altuuras- es muy rígida. Y anticuada.
Introducción, nudo y desenlace; en lenguaje musical corresponden a estrofa,
estribillo, estrofa, estribillo, puente, estribillo, final. Sobre este esquema
tan simple es posible crear maravillas.
En diez segundos
soy capaz de decidir si un tema me gusta o no. Me basta y sobra este intervalo
para encontrar hallazgos, sacar errores y emitir un juicio a bote pronto.
Teniendo en cuenta que el inicio de un tema cualquiera -naturalmente me refiero
al pop- suele ser instrumental, es la entrada de la voz la que determina cómo
será la canción. El cantante comienza su interpretación que suele ir in
crescendo. Sus primeras notas dicen mucho. Dibujan una melodía. ¿La has
escuchado antes? Una voz profunda captará mi atención de forma instantánea. Una
voz melosa puede llegar a empacharme si no va aderezada por un manto de
arreglos misteriosos, notas que quedan suspendidas gracias a la magia del eco.
Las buenas voces reúnen correcta entonación, dicción y emoción. Siento predilección
por las graves y rotas,
tanto
en hombre como en mujer. Desgraciadamente uno no se topa todos los días con una
Kim Carnes cantando “Bette Davis Eyes”, canción redonda que te atrapa en el
mínimo lapso de tiempo gracias a diversos motivos. Solamente la frase
repetitiva e hipnótica de la guitarra inicial te seduce. Ocho notas misteriosas
que dan paso a una voz ronca y profunda que relata una historia, la de la chica
con los ojos de Bette Davis. Otro acierto más: el argumental. Porque este tema
nació con vocación de clásico. Y fue una suerte que esta producción -entonces,
en 1981, bastante innovadora- fuese degustada por el público masivo. Fue
directamente al número uno de las listas. Y no creo que todo fuera una artimaña
comercial basada en una eficiente promoción... Había mucho talento detrás
(Jackie De Shannon, Val Garay, la propia Carnes, etc).
Reconozcámoslo: antaño la comercialidad
no estaba reñida con la calidad. Sin ir más lejos en 1959 la banda sonora de
“Orfeo Negro” arrasó en todo el planeta y preparó el terreno para la maestra
“Garota de Ipanema” contenida en “Getz/Gilberto”, uno de los discos de jazz más
vendidos en la historia. Este histórico LP fue publicado en 1963 meses antes de
la Beatlemanía. En la América pre-invasión británica un paleto de Milwaukee
disfrutaba del sonido vaporoso del saxo de Stan Getz mientras degustaba una
insípida cerveza helada. La voz de Astrud Gilberto salía del pick-up
confundiéndose con el crepitar del bacon de la barbacoa en el jardín. Los rudos
vecinos discutían acaloradamente sobre el debate televisivo Nixon-Kennedy y de
fondo se escuchaba una de las músicas más sofisticadas y elegantes del siglo
XX. ¿Increíble, verdad?
Hubo
un tiempo en que las amas de casa norteamericanas planchaban al tiempo que
escuchaban a Korla Pandit -el mago del turbante y el Hammond- actuar en
televisión en su espacio diario de exótica catódica, transmitiendo vibraciones
positivas y relajantes a los hijos del baby boom. ¿Podría esto explicar
la excelsa cantera artística que florecería posteriormente en USA durante los
soleados 70? Este y otros muchos detalles crearon el caldo de cultivo y la
trama invisible donde se posicionarían miles de genios y lumbreras. Porque no
es difícil percibir que en la auténtica década prodigiosa -los setentas- se
alcanzaron las más altas cotas de creatividad americana en todas y cada una de
las disciplinas artísticas.
Sin embargo la fiebre del oro termina
en el año 80[1][.
Los nacidos a partir de esta fecha ya no están tocados por la varita mágica. Las
nuevas generaciones tanto norteamericanas como de cualquier nacionalidad sufren
de escasez de ideas y de una severa disminución del talento. Contemplemos los
terribles años 90 y el penoso momento presente. ¿Cómo explicarlo? Podríamos
encontrar respuestas en la Resonancia Schumann, la frecuencia que emite nuestro
planeta al exterior; un indicador sensible de las variaciones de la temperatura
y de las condiciones mundiales del clima. Aunque esta varía entre las distintas
regiones geográficas, durante miles de años fue de 7.8 Hz pero desde 1980 se ha
elevado a 11 Hz. Como consecuencia disminuyen los campos magnéticos de la
Tierra y se aceleran las reversiones de los polos magnéticos. En esta era de
confusión, el tiempo parece acelerarse mientras nos acercamos al Punto Cero,
momento en que la Resonancia Schumann alcance los 13 Hz. Los cambios en los
cuerpos físicos y esencialmente en el ADN han producido una raza de inútiles
creativos. Las mediocridades de estos nuevos adultos entretienen a la
humanidad. En esta era del no pensamiento es muy recomendable echar la vista
atrás y disfrutar de los sonidos de antaño.
Creo en el sunshine-pop, del que más
tarde hablaré. Un producto típico de mediados de los 60, momento de toma de
conciencia colectiva y descubrimiento de la Era de Acuario. Este pequeño y
desconocido invento derivaría años más tarde en el soft-rock, el AOR o
FM rock y los tediosos musicales de los 70. En los últimos sesenta la
psicodelia mostró su lado amable y recuperó los pequeños placeres cotidianos y
epicúreos: los viajes sin necesidad de LSD, el romanticismo, los juegos, la
vuelta a la infancia, el cocooning o predilección por la vida doméstica
para protegerse del exterior, etc. En aquella época la intención de crear una
buena y simpática canción es sencillamente admirable, lo mismo que el reto por
rodar un buen film o la ardua tarea de escribir un gran libro. Hoy es muy
difícil huir de los tópicos, no caer en los vicios comunes pues la
fotocopiadora ha pasado de ser un utensilio de oficina a herramienta no
creativa pero habitual en la mente de cualquier compositor/productor actual. El
público naturalmente ha cambiado y con ello los gustos populares.
En
los 50 la férrea sociedad del momento asistió impasible a un cambio insólito,
radical y hasta entonces desconocido: el nacimiento de la juventud. En la
segunda mitad del siglo XX tiene lugar la auténtica revolución juvenil; los
adolescentes y los veinteañeros imponen sus gustos y preferencias, por fin se
les considera una entidad propia y los mayores terminan por copiar a los
pequeños. El cine, la moda, las publicaciones, el rock, los vehículos, el
diseño, los deportes, la televisión, la alimentación...quedan al servicio de la
juventud.
Lo cotidiano, las nuevas costumbres
sociales y los aspectos triviales de la cultura pasan a ser palabras mayores.
El pop/art trae frescura y chispa provocando la muerte súbita del caduco y poco
comercial expresionismo abstracto. El neorrealismo pone a la sociedad en el
punto de mira cuestionando sus valores y aportando inspiración al sinfín de angry
young men. El jazz rompe toda barrera estilística. La música concreta se
mezcla con el rock: ya no hay fronteras. Las drogas son fuente inagotable de
ideas y creación de paraísos naturales. El terrorismo -acto social más despiadado
y castigado- comienza a ser considerado seriamente como expresión artística. La
filosofía libera finalmente al hombre de toda imposición; nos invita a
perdernos intencionadamente en las ciudades, sin rumbo fijo, protagonizando una
road movie inacabada. ¿Quién quiere madurar cuando se puede ser joven
hasta la muerte?
1967,
un joven enciende la radio y busca al azar una emisora. De repente es seducido
por un ritmo intrigante de bajo obsesivo y una armonía en tono menor, de
cadencia casi flamenca. Un crescendo da paso al estribillo en tono mayor, toda
un explosión de color y fuegos de artificio. La melodía es tremendamente
contagiosa y el joven sonríe... Podía ser, por ejemplo, “Happy Together” de The
Turtles. También cualquiera de las maravillas producidas en aquel momento,
muchas de ellas oscuros hits que aún no han sido descubiertos, obra de extraños
grupos que junto a otros más conocidos forman el infinito tejido del
sunshine/pop.
the thing
Existe un estilo musical llamado sunshine-pop del que me confieso
absoluto devoto. Poco se conoce y menos se ha escrito sobre él. Se trata de un
movimiento norteamericano que está bien definido temporalmente: 1965-1969. Se
inicia tras la “Invasión Británica” y
su inmediata respuesta yanqui[2]
floreciendo en la América mansoniana pre-Cielo Drive[3]. La muerte de Sharon Tate endurece el hippismo
y termina con la ola de optimismo predominante en aquella era. Nada sería igual
en la dulce California tras el baño de sangre de los niños de las flores.
En un país confuso donde la música aún era
sinónimo de ingenuidad nace un pop que bebe principalmente de dos fuentes: la
música vocal y los grandes orquestadores, dos fenómenos musicales típicamente
americanos y de éxito masivo. Los grupos tradicionales de pop vocal, allí
conocidos como harmony vocal groups, tienen
su origen en los años 20-30 y obtuvieron un grandísimo éxito en la década de
los 50[4].
Las lujosas orquestaciones de Nelson Riddle, Percy Faith, Ray Conniff o Guy
Lombardo habían empapado la cultura popular con sus sacarosas suites de muzak
pop ofreciendo un cóctel de sonidos amables, optimistas, ricamente armoniosos,
fáciles de escuchar y sintonizar. Estas eran las características principales
del pop soleado.
El sunshine-pop es un producto de su tiempo
aderezado por el lado amable de la psicodelia y el folk-rock , las genuinas
canciones del Brill Building, el soul-pop, la bossa, los musicales de Broadway,
las bandas sonoras y en definitiva lo que estaba en boga en aquellos floreados
días. Aquí se revela su clara vocación mainstream
pues en el fondo estaba inspirado por lo genuinamente popular y buscaba un
merecido puesto en las listas de éxito[5].
Siendo un movimiento que no nació con una filosofía underground o minoritaria, el paso del tiempo lo ha convertido sin
embargo en objeto de culto para amantes de lo camp y lo exquisito. Por ejemplo
el sello independiente nacional Siesta Records -nuestra discográfica más
sofisticada- ha reeditado gran parte de la obra de The Free Design, combo
neoyorquino de finales de los 60 que en su momento no obtuvo la atención y el
éxito que hubiera merecido.
Una clarísima intención hay detrás del sunshine-pop:
provocar buenas vibraciones en el oyente. Solo persigue hacernos pasar un buen
rato, promover el buen humor y la tranquilidad. No hay fines políticos,
religiosos, sexuales, inducciones al uso de drogas o llamadas a la expansión de
la mente. Sin embargo es curioso que bajo semejante tamiz de infinita
amabilidad no encontremos una música sosa, insuntancial y carente de toda
creatividad. Lo que el sunshine-pop ofreció en su breve existencia fueron
grandes canciones repletas de gracia y aciertos que a día de hoy son aún joyas
desconocidas para el gran público. Deliciosos e irresistibles placebos de la
Era de Aquario. Breves muestras de talento que derivaron luego en estilos más
aceptados como el pop barroco (que hasta Bowie imitaría) o la música chicle que
invadió las listas a comienzos de los 70 y que en España tuvo especial repercusión.
Motivar, alegrar el espíritu, provocar una
sonrisa de satisfacción. Un propósito que sin embargo no era del todo original
pues existía un claro precedente: el easy-listening.
La música lounge -otro fenómeno
genuinamente USA que fue revisado y reciclado a mediados de los 90- tuvo su era
dorada en los atómicos 50, siendo diseñada para lograr en el oyente un completo
relax y crear una atmósfera cálida y agradable; tan dulce y sensual como la
sonrisa de Doris Day en los días del baby-boom, tan exótica y enigmática como
la increíble voz de Yma Sumac, la princesa inca. Es en la creación de paraísos
artificiales donde coincide plenamente con el también escapista sunshine-pop,
su más directo heredero en el decenio posterior.
De hecho el sunshine tomaría muchos aciertos
de la cocktail-music: brillantes
arreglos repletos de colorido, alta variedad de recursos e instrumentación,
gusto por el exotismo, temática aparentemente trivial, etéreas y complejas
orquestaciones, gran uso de armonías y juegos vocales, aprovechamiento de las
últimas técnicas de grabación y producción musical[6]
Años
más tarde las innovaciones en materia de producción son ampliamente
aprovechadas por el sunshine-pop. Artesanos del estudio como Lee Hazlewood,
Phil Spector
o Brian Wilson habían abierto un nuevo
camino aprovechando un viejo instrumento musical hasta entonces desaprovechado:
el estudio de grabación.
Espectaculares
canciones como “River Deep, Mountain
High” (66) de Ike & Tina Turner con producción spectoriana, “Some velvet morning” (68) de Hazlewood a
dúo con Nancy Sinatra e increíbles álbumes como “Pet Sounds” (66) de Beach Boys
y “Pandemonium Shadow Show” (67) de
Harry Nilsson ofrecían nuevas formas de expresión y apuntaban las directrices
que se iban a adoptar en los años venideros.
La música estaba cambiando, comienza la era
del sonido contemporáneo. A partir de entonces los estudios se convierten en
sancta sanctorum de la tecnología y
los productores en sumos sacerdotes del pop juvenil. Llegarían nuevas consolas
y soportes de calidad, mesas de grabación con cada vez más pistas,
amplificadores de mayor potencia y envergadura, micrófonos de alto alcance y
perfección, sintetizadores más sofisticados, instrumentos cargados de
efectos... Todo acabaría estallando en los pomposos y barrocos 70. El productor
es el nuevo Mesías como el astuto Swann (aka Paul Williams) en el inmortal
rock-film “El Fantasma del Paraiso” (1974) de Brian de Palma.
Pero no hay motivo de alarma. Todavía estamos
en la California mid-sixties y la
gente lleva flores en la cabeza. En Soul
Francisco las calles son pura explosión de color, tranquilidad y armonía.
Cruzas el freeway y descubres que en
Frisco todos juegan con cometas, no hay de qué preocuparse y estás invitado a
cualquier picnic bajo el sol. Haz pompas de jabón y súbete al globo amarillo
para apreciar el valle desde las alturas.
La temática del sunshine-pop es infantil, prometedora,
carente de meditación. Las letras tratan generalmente sobre amor y juegos.
Ofrecen efectos balsámicos para paliar los desamores y nos invitan a nuevos
romances. Spanky and Our Gang imaginan a la chica perfecta en “Like to Get to Know
You," (68). Harpers Bizarre revisan el
“Come to the sunshine” (67) de Van Dyke Parks indicando dónde está el amor. The
Association -el único grupo sunshine de éxito comercial- expresan un cálido
romanticismo en “Message of our love” (66). Por lo general no se ahonda en
letras sensuales ni se ofrecen fantasías erotizantes. Son más bien mensajes
cargados de ingenuidad, simples letras de amor, historias de parejas narradas
en tonos costumbristas que nunca describen pasiones fuera de tono. Y en plena
era de Acuario, de libertad sexual y confesa promiscuidad estos aires inocentes
eran poco usuales...
El otro asunto
que tanto gusta a los sunshineros es el juego, entendido como actividad
infantil y no como cátedra del vicio. Es decir no se habla de casinos, juegos
de cartas, apuestas, bingos, ruletas rusas... Más bien se dedican canciones al
arte de volar cometas, jugar con balones de colores o desempolvar juguetes en
el trastero que pertenecían a nuestros abuelos. The Yellow Balloon editan su
tema homónimo en 1967 e invitan a subirse en un dirigible de colores; The Free
Design se maravillan del sonido de las pompas de jabón (“Bubbles”, 1970) y los
geniales Harpers Bizarre -en mi opinión el mejor grupo del género- cantan sobre
las delicias de jugar a los trenes en “Chattanooga Choo Choo”. Afines combos
como Millenium, Brooklin Bridge o Sunshine Company (¡el nombre definitivo)
emplean temáticas parecidas.
Resulta curioso pero es innegable que las composiciones
de este singular movimiento pop destilen solvencia suficiente para salir
airosas del envite y no caer en la tan a menudo inevitable ramplonería
conceptual.
los
grupos sunshine
(breve
selección a modo de aperitivo)
Cuanto más investigo más me doy cuenta de lo inabarcable que resulta
este peculiar género. Podía estar meses hablando de los grupos sunshine que han
existido y existen en la actualidad; de cómo un estilo genuinamente americano
traspasó fronteras llegando hasta nuestras tierras y la evolución que en los
setenta llegó a experimentar fundiéndose con el soft-rock, el sonido chicle, el
AM pop, etc. Sirva como referencia esta pequeña reseña acerca de 6 bandas
esenciales.
spanky
& our gang
Procedían de Chicago y se formaron en 1966 alrededor de la vocalista
Elaine "Spanky" McFarlane, quien dotó al conjunto de su dulce e
inconfundible voz. Juegos vocales propios de Mamas&Papas, ciertos aromas
jazzy mezclados con folk, guiños a la música vocal de los años cuarenta y a los
comerciales radiofónicos. Así era la banda de Spanky, que para más inri posaban
en las fotos promocionales vestidos de gangsters. Sus letras inconfundiblemente sunshine hablan de días
perezosos, viajes en jet, teléfonos de piel de leopardo, domingos mágicos y
definiciones de amor según las enciclopedias. Su sentido del humor y la
simpatía que irradiaban unidos a un irresistible repertorio les hizo visitar
las listas de éxitos durante 1967 y 1968. Sus tres únicos LPs son auténticas
joyas que merecen ser recuperadas. La prematura muerte de Malcolm Hale
(multinstrumentista, arreglista y vocalista fundador), víctima de neumonía
truncó la prometedora carrera de este peculiar combo en 1968.
harper´s bizarre
Su nombre ya indicaba cierta travesura al variar el nombre de la
conocida revista. Se dieron a conocer en el Verano del Amor del 67 con una
excente versión del clásico de Paul Simon "The 59th Street Bridge Song
(Feelin' Groovy)". Uno escuchaba este nuevo conjunto y quedaba pasmado por
su pericia instrumental. Tenía una explicación: no eran sino los Tikis, un
genuino conjunto surf de Santa Cruz (California) en una nueva encarnación
mezclando todo lo que caía en sus manos:armonías wilsonianas, arreglos orquestales,
contagiosos ritmos beat, exotismos, vaudeville... Además contaban con la genial
colaboración del arquitecto musical Van Dyke Parks, creador junto a Brian
Wilson de sinfonías adolescentes y de la mística californiana. Si a la historia
han pasado Free Design, el abanico temático de los Harpers merece una
oportunidad. La historia de Simon y su increíble oso bailarín, el baile de
debuntantes, un bolsillo lleno de milagros, cuando yo era cowboy... Con títulos
así ¿quién puede resistirse?
yellow balloon
El nombre sunshine definitivo. En realidad fue el proyecto de dos
personas: el actor televisivo Don Grady (que entonces gozaba de mucha
popularidad gracias a la serie "My three sons" y el productor Gary
Zekley, que venía de trabajar con los ídolos Jan & Dean. Zekley, que
también era compositor y cantante, grabó por su cuenta el increíble single
homónimo en 1967, obteniendo un sonado hit sin que nadie sospechase que el
grupo era solo él. Don Grady lo escuchó impresionado y tras enterarse de su
secreto decidió formar realmente la banda. Además de actor, Grady era bailarín
y tocaba trompeta, bajo, guitarra, piano y batería. ¡Si es que en esta época
estaban realmente preparados! Junto a músicos que provenían de garage bands
montó el Balón Amarillo, ocupándose él de la percusión. El público no tardó en
reconocerle y pronto se hicieron famosos. Grabaron un único álbum en 1967,
influidos por Phil Spector y Brian Wilson, en el que captaron el espíritu
adolescente con títulos como "Impressions With Syvonne",
"Springtime Girl", "Panama Red" o el himno definitivo
"Follow the Sunshine" . Seguimos la luz del sol cada vez que
escuchamos cualquiera de estos cortes. Y sin duda alguna, este es el buen
camino.
the
association
Este prodigioso combo vocal originario de California desarrollaba un
espectacular sentido de la armonía con deslumbrantes arreglos en brillantes
melodías pop de repiques psicodélicos y folk-rock. Su primer Lp es un excelente
muestrario de sus apacibles y elegantes habilidades melódicas plenas de maduro romanticismo.
Con la ayuda en la genial producción de Curt Boettcher, la aristocrática
asociación musical angelina logró buenos muy resultados en ventas con singles
como "Along comes Mary" o "Cherish" (un soberbio número 1
compuesto por el teclista Terry Kirkman) entre 1966 y 1969. El grupo alcanzó su
madurez y la absoluta perfección con su tercer álbum, el menospreciado
"Birthday" (68) grandioso en ideas, juegos de voces e ineresantes
letras. En él se incluye un tema titulado "Toymaker" que define a la
perfección el espíritu sunshine. ¿Acaso no es este preciado género un genuino
artesano de juguetes sonoros?
sagittarius
Un supergrupo que reunió a tres de
los músicos más cotizados del momento: el increible Gary Usher (factótum,
productor, vocalista), el legendario guitarrista Glen Campbell y el famoso
cantante BruceJohnston (Bruce & Terry, Beach Boys). Sólo obtuvieron un
moderado éxito en el 67 con "My world fell down", oscuro hit con
Campbell a la voz solista. Pero grabaron dos imprescindibles LPs que demuestran
que el sunshine también era un estilo abierto a la experimentación. Teniendo en
cuenta que el género se benefició en su época de los avances en materia de
producción, Sagittarius sigue siendo un caso aparte. Sonidos innovadores,
instrumentales poderosos, las mil ideas de Usher puestas en práctica... Ojos
puestos en la psicodelia británica pero con poderosa producción angelina. No
fueron muy entendidos entonces; puede que ahora sea el momento de descubrirlos.
En su segundo LP titulado "The Blue Marble" (69) Usher se empleó en
el uso del sintetizador Moog. Todo ello en un contexto pop absolutamente
delicioso.
¿Es el sunshine-pop el estilo definitivo que estábamos
buscando? ¿Son sus promesas del todo ciertas? ¿No esconden en el fondo mentes
maquiavélicas con fines sectarios?
Podéis encontrar
estas y otras respuestas además de amplia información acerca del género en
posteriores investigaciones sobre este tema (esto es sólo una
aproximación). Si os habéis quedado con
hambre, podéis pedir al apartado del webmeister (FERNANDO
MARQUEZ, apdo 36132 – 28080 Madrid) nuestra fastuosa recopilación sunshine (70
minutos largos de melodías –muchas hoy inencontrables en nuestro entorno-) por
el módico precio de 10 € (a pagar en giro, cheque o billete bien envuelto entre
pergaminos).
Puede que vuestras
mentes se recarguen de energías positivas y os apuntéis a nuestro té de menta
con pastelillos de miel cada domingo soleado.
[1][1] Neil Young en “After the Gold Rush”
(1970) revela que “todo pertenece a un
sueño, la carga ha comenzado”. También advierte que tras la fiebre del oro los
elegidos se marcharán.
[2] En 1964 una primera hornada de grupos británicos copa las listas USA: Beatles, Rolling Stones, Kinks, Herman´s Hermits, Hollies, Searchers, Animals... Una segunda invasión con The Who y The Zombies a la cabeza tiene lugar en 1966. Como contrapartida América ofrece nuevas bandas a partir del 64 de éxito mundial como The Byrds o Lovin´Spoonful y fabrica su propio Fab Four (más bien Prefab Four) que es el caso de The Monkees.
[3] Charles Manson se asentó en California del Sur hacia 1967 entablando amistad con Neil Young (que entonces formaba parte de Buffalo Springfield), miembros de los Love, Beach Boys y el compositor y productor Terry Melcher, hijo de Doris Day e integrante del famoso dúo surfer Bruce & Terry. Melcher llenó la cabeza de Manson con fantasías de rock-star y posibles triunfos en el mundo de la canción. En el 68 grabarían juntos unas demos. Todo quedó en promesas y la noche del viernes 8 de Agosto de 1969 el mortal comando enviado por Manson a Cielo Drive pasó primero por la casa de Terry Melcher, que por fortuna estaba de viaje, antes de la terrible visita al 10050.
[4] Se cultivaron en los 50 diversos géneros de música vocal de gran aceptación popular. Desde el jazz vocal de The Hi-Lo´s o Lambert, Hendricks &Ross hasta el pop vocal de los Four Lads o Four Freshmen pasando por el genuino e inagotable Doo-Wop (Diamonds, Coasters, Flamingos, Moonglows...).
El origen de esta música esencialmente a capella data de los años 20 siendo su cara blanca la música de barberías y su lado negro lejanos combos como Mills Brothers o Ink Spots. La década de los 60 se inicia con una nueva música que en su vertiente vocal desarrolla aún más este estilo: la música surf (Jan & Dean, Rip Chords...). Durante los años siguientes los reyes del vocal pop fueron sin duda los Beach Boys quienes influyen directamente en la gestación del sunshine-pop
[5] De hecho grupos de éxito de mediados de los sesenta como The Monkees, The Turtles, Nilsson, The Mamas and the Papas o The Fifth Dimension también se adscribieron en ocasiones al sunshine-pop. No es difícil encontrar canciones de este estilo en sus respectivas discografías: “Pleasant Valley Sunday” y “Daydream Believer” de los Monkees, “My old desk” de Harry Nilsson, “Up, up and away” de 5th Dimension, por citar un ejemplo.
[6] Esquivel y Martin Denny, dos de los grandes nombres del muzak-de obsesiva fijación por los sonidos latinos y hawaianos respectivamente- fueron auténticos artesanos del estudio, inventores de burbujeantes sinfonías para la space-age music y prematuros productores cuando esta figura aún no existía realmente. Grabaron innumerables álbumes que no eran sino laboratorios de sonidos donde experimentaban las posibilidades de la grabación. Al coincidir con la invención del sonido estereofónico fueron hábiles maestros en su uso, jugando con la separación de canales e inventando nuevos y apasionantes efectos para el oído.