
Nos
habíamos conocido a mediados del 89: ella organizaba la candidatura
Antiprohibicionista, patrocinada y financiada por el Partito Radicale cara a
los comicios de octubre, en la que fui miembro de la lista. Años después, al
enterarme que dicha operación había sido sponsorizada por un Berlusconi que
iniciaba su singladura política (de la mano de notorios radicales como el gran
fakir y artista del hambre Marco Pannella o el ultraliberal Marco
Taradash –futuro miembro de Forza Italia-), me comentó que para ella la
relación con los radicales había sido meramente económica y que sus ideas se
situaban mucho más a la izquierda.
Un sujeto
de melenas, barbas, y luciendo un enorme medallón plateado con el hacha y la
serpiente, nos vino a instalar el teléfono en el destartalado cubículo de la
calle Sombrerete que habíamos elegido como local de reunión para el proyecto de
revista. Nos chocó el medallón y el tipo empezó a jactarse de su militancia
abertzale. Contó un atroz chiste a cuenta de las mutilaciones de Irene Villa
(cómo Irene Villa haría auto stop) que me dejó estupefacto, todavía más al ver
que ella reía sin el menor escrúpulo. Luego hablaron un rato de conocidos
comunes del País Vasco. Yo estaba aún bajo shock y, después, algo mosca
pensando si este sujeto tan estridentemente filoetarra era quien decía ser o un
madero camuflado (por su confianzuda actitud ante extraños), lo que me hizo
sospechar al verlos departir tan amigablemente si todo aquello que ella me
había contado en diversas ocasiones sobre sus estrechas relaciones (incluso
íntimas) con toda clase de militantes de izquierda latinoamericanos
(castristas, sandinistas, hasta senderistas... –los compas, como ella
decía-) eran ciertas o buñuelos inflados por alguna clase de mitomanía (tres
años después conocería a la persona que en «EL CORAZON DEL BOSQUE» firmó como Alicia
Luxemburgo: maoísta impenitente -«Mao, Lenin y Nietzsche son mis
referentes máximos»-, devota de Ulrike Meinhoff –a quien siempre gustaba de
contraponer a Andreas Baader, que le parecía un sujeto lumpen y turbio-,
vinculada a asociaciones de familiares de presos –Alicia fue el detonante que
me llevó a cambiar diametralmente mi posición de rechazo respecto al mundo
abertzale y, con ello, a mi consiguiente y definitiva ruptura con el mundillo nacional
español-, su extrema reserva al referirse a su actividad política presente me
pareció siempre más lógica y funcional que el afán exhibicionista de la
protagonista de este artículo).
«Sólo
tendré un hijo sin concurso de varón». Y yo le recordé: «Lo
que hay en la pipeta no es precisamente alioli». Me miró con acritud y
replicó: «No importa, haré una abstracción mental».
En esa
misma tarde, cuando me atreví a decir que, pese a admitir el aborto en no pocos
casos de fuerza mayor en beneficio de la gestante, no podía considerar al feto
como un moco que hay que sonarse y expresé mi desacuerdo con la frivolización
del tema, se puso como una fiera y me llamó machista y reaccionario.
«El mundo
sería mucho mejor si sólo hubiese en él maricones y lesbianas». Al oír
estas palabras (aún fresco el incidente del chistecito sobre Irene Villa y
bastante quemado para entonces con sus constantes maximalismos y
descalificaciones –contra «ese machista nazi de Jünger», contra «esa
vaca burguesa de Rosa Chacel»: sí, Rosa Chacel, la escritora tan querida
por Federico Jiménez Losantos...-) decidí dar por cerrada en julio del 93 una
etapa de colaboración en torno a una campaña electoral de mi invención (el voto
graffiti –quijotada inútil que habíamos presentado en los comicios de junio de
ese año y que, dada su similitud con el voto en blanco, hoy podría resultar de
interés para forofos de este deporte, caso del amigo Juan Bonilla: sobre el
tema, consúltense números primerizos de la publicación mencionada a
continuación-) y a un proyecto de revista de transgresión transversal destinada
a llamarse «EL CORAZON DEL
BOSQUE».
En una
cena con Carlos Tena, Javier Krahe y Jaume Sisa celebrada un día antes de la
huelga general de enero ’94, Krahe, al mencionar yo a la persona en cuestión,
me espetó lo siguiente: «¿Con ésa? ¿Que ibas a hacer una revista? Pero si
está completamente pirada... Es ella la que te ha metido en la cabeza lo de
salir en defensa de Lorena Bobbitt, ¿verdad?»

DO YOU WANNA DANCE, DOÑA YOLANDA?
Han pasado dos lustros. Más de dos lustros. Ella ha acabado dirigiendo
una importante editorial. Y esta editorial premió con un galardón a la
espiritualidad una obra de César Vidal, homófobo confeso y militante (en un
chat del diario «EL MUNDO», a la pregunta «¿Es la homosexualidad un pecado a
la vista de los textos cristianos? ¿Y para Usted?» respondió lo siguiente: «Sin
ningún género de duda, el Antiguo Testamento la define como una abominación que
causó, por ejemplo, el castigo de Sodoma (supongo que el lobby gay pedirá un
día de éstos a Dios que pida excusas por ese episodio) y el Nuevo Testamento la
considera uno de los síntomas de la degeneración moral de la sociedad pagana
(Romanos 1, 26-28) y una de las razones para quedar excluido del Reino de Dios
(I Corintios 6, 9). No es el único pecado ni el más grave, pero, es contrario a
las enseñanzas de la Biblia y, desde luego, no constituye un motivo de
jactancia. No hace falta que le diga que, personalmente, comparto totalmente el
punto de vista de la Biblia.» -tampoco es de recibo la frecuencia con que
usa la homosexualidad como motivo descalificador determinante de varias figuras
históricas-), tanto como ella seguía siendo (¿o ya no?) lesbiana poco dispuesta
a volver al armario. Yo no entendía muy bien el asunto, habida cuenta de cómo
en otro tiempo se había mostrado ferozmente intransigente con cualquier gay o
lesbiana que colaborase con el enemigo.
No mucho después, en pleno paroxismo en torno a las leyes
promovidas por Zerolo a favor del matrimonio homosexual, me enteré de algo más
grotesco: Yolanda, tan partenogenética y dueña de su cuerpo en su
momento, colaboraba en la antiabortista COPE (sí, la misma COPE que casi
coincidiendo con la semanita de afirmación gay y lesbiana, había promovido una
manifestación monstruo contra las homobodas) dentro de la tertulia nocturna
dirigida por César Vidal.
La cosa me
pareció tan increíble que busqué la confirmación: y la obtuve. A través de la
web de la COPE me hice con las entregas de la tertulia en las que había
participado Yolanda (perdón, doña Yolanda). En su debut (septiembre
2004), era introducida por César Vidal con gran deferencia y alharaca, como si
entre ambos hubiese un lazo especial. De reír los chistes a cuenta de los
muñones de Irene Villa había pasado a clamar (tiene una voz muy clamorosa y
solemne, como de teatro romano de Mérida en pleno trance sofócleo) contra los asesinos
de Batasuna y a condolerse por la poca receptividad del actual gobierno a las
exigencias de la AVT (incluso llegó a más: al referirse a su frenético deseo de
colocarse en la pechera el lazo blanco antiterrorista, recordó su buena amistad
con Irene Villa y su familia –aquí no pude reprimir un escalofrío grimoso
nimbado de signos de interrogación y exclamación-). De sus (¿reales?
¿imaginados?) vínculos y encamamientos con los compas pasaba ahora a
afirmar rotundamente la condición tiránica de Castro. De su fijación con los
indios mapuches y su devoción (hasta lo más íntimo de sus entretelas) por la
reportera Carmen Sarmiento (horma de zapato lésbica e indigenista del conquistador
–en todos los sentidos de la expresión- Miguel de la Quadra) la cosa devenía en
compartir la preocupación de los restantes tertulianos en torno al
excesivo flujo de inmigrantes que cae sobre nuestra piel de toro. También
contrastaba con su anterior hipergauchismo su actual aplauso a las tesis
historiográficas de Pío Moa (ante quien babeó un a modo de dolora de Campoamor,
recordando que cuando era una niña lo veía en el Ateneo siempre metido entre
libros). Sólo en una cosa era la misma: en su islamofobia y buena disposición
hacia Israel, por razones del maltrato a la mujer en el mundo islámico (lo que
me hizo pensar si su mutación no tendría algo que ver con la del difunto Pim
Fortuyn –esto me hizo recordar mi agarrada en el 2002, durante un cumpleaños de
Joe Borsani, con Víctor Crémer, a propósito de nuestras diferencias sobre el
holandés, a quien Crémer tildaba de neonazi y yo, en cambio, consideraba un
homosexual de una enorme coherencia, de quien los gays carpetovetónicos
deberían tomar ejemplo en vez de escupir sobre su memoria: por cierto, ¿este
nuevo rol de Yolanda como colaboradora de la cadena episcopal la habrá alejado
de su buen amigo Leopoldo Alas, tan hipersensible en su lameculismo pro/PSOE y
su cruzada contra la derechona, siempre alerta a todo lo que huela a carcundia,
facherío y homofobia?-).
¿Yolanda
ya no era lesbiana ni izquierdista ni indigenista ni abortista? ¿O seguía
siendo lesbiana pero a la manera de Fortuyn? (claro que éste no se dedicó a coquetear
con entornos homófobos, sino que precisamente llegó a sus posturas
antiislámicas por afirmarse en todo lo contrario, en la defensa a ultranza del
modelo social más idóneo para que un homosexual hedonista pueda sentirse a
gusto en la consumación ininterrumpida de sus placeres). ¿O estaba tan
necesitada de dinero como aquellos rojos que en el franquismo actuaban como negros
al servicio de algún propagandista del Imperio hacia Dios? (pero no se está tan
necesitada de dinero si se dirige una importante editorial; además, en esos
casos se evita que se conozca tu condición non sancta, sea de rojo o de
homosexual, precisamente por atravesar una época de persecución –no es
precisamente la situación, en pleno auge institucional del binomio Zapaterolo
y, por otra parte, y cómo muestra este artículo, ¿cómo borrar las huellas del
pasado, habida cuenta de la ostentoreidad con que esta señora siempre ha
alardeado de sus posiciones?-). ¿Acaso se repetía con la COPE el caso de su
relación con el Partito Radicale, donde, como ya señalé, según sus propias
palabras había cumplido un rol mercenario? (cuando pregunté a la persona que me
informó de la presencia de Yolanda en la COPE cómo podía ser esto, cómo esta
mujer podía funcionar en tan bizarra coyunda, me respondió sonriente con un
rotundo: «MONEY IS MONEY» -aquí, una paradoja más para alguien que ha
escrito y tomado postura contra la prostitución: ¿o acaso no hay una
prostitución intelectual, no sólo física, como lo es toda colaboración
mercenaria con alguien distante de tus ideas?-). ¿Hemos de concluir que Yolanda
Alba es y ha sido siempre un agente doble, triple, óctuple, una especie de Chacal
pero en periodistico, de quien nunca sabremos exactamente lo que piensa, lo que
siente o en qué cree de verdad? (recuerdo que, incluso en su lesbianismo
militante, me chocó la cantidad de sujetos varones –compas y no compas-
que, según gustaba de contar, se había pasado por la piedra -«si me lo hago
con un tío, me gusta que sea todo un tío, viril y musculoso, nada de medias tintas»
a propósito de sus roneos con el hermano de una amiga- y que, por lo
visto, escandalizaba grandemente a la radical Emma Bonnino, más ortodoxa en su
militancia de género -¿también esto de la militancia lesbiana era una
mixtificación y explica sus comentarios jocosos en la tertulia del 10 de junio
de 2005 a propósito de la homosexualidad jaleando las ironías de César
Vidal?-).

Si el
Imperio Polanco se hizo a base de conversiones desde el franquismo y la derecha
hacia las más altas cotas de la progresía (reproduciendo el modelo áureo
marcado por el empresario y su delfín, Juan Luis Cebrián), la COPE parece haber
optado por el mecanismo inverso: acoger a la mayor cantidad posible de
elementos procedentes de la progresía y el rojerío (ahí Jiménez Losantos, ahí
Albiac, ahí Pío Moa, ahí César Vidal, ahí ahora Yolanda Alba...). Y de paso,
con Yolanda, diría un malicioso, la cadena cubre la cuota sáfica que había
quedado vacante desde la muerte de Encanna Sánchez.
Piensa el
ladrón que todos son de su condición: habrá quien vea este texto como un ataque
a la COPE para favorecer al grupo PRISA y/o al PSOE (les remito a mi texto sobre fobias varias
–publicado hace meses en esta misma web- para dejar claro, efectivamente,
cuánto amo y venero el polanquismo y sus valores). Yo, a diferencia de Yolanda
o de César Vidal, no saco tajada de mis opiniones (más bien me han costado
dinero y jirones de mi trayectoria profesional). Como tantos desahuciados
civiles (Baroja, Céline, Rafael García Serrano en sus últimos años de
ostracismo, Bergamín en su norteño exilio terminal... o el abuelito de todos,
Sade desde su celda –aunque mis simpatías van más con Robespierre y Saint Just,
puedo entender mucho de la peripecia vital del divino marqués, sólo sea
por dar pie al troquel que alumbró a mi psicoterapeuta favorito-), las digo
porque me sale de las tripas, sin el menor cálculo mercantil, siempre guiado
más por el diablo de la perversidad que por el de la codicia (no tengo arte
para quemar coches o neumáticos ni para pegar tiros –asumo plenamente la
frasecilla machadiana de «si mi pluma valiera tu pistola» aunque, en mi
caso, pienso más en el taxista Travis que en Líster-: lo mío son las palabras).
¿Soy entonces un fanático, un nihilista?: desde luego, más fanático y más
nihilista cada día que pasa, cuanto menos dependo de voces ajenas, cuanto más
me fijo (objetivamente, sin anteojeras ni autoengaños clientelistas, yendo al
meollo de las cosas) en lo que ocurre a mi alrededor.
No me
molesta en absoluto lo que revise Pío Moa en torno a la II República y la
guerra civil (sobre todo, si lo que tiene enfrente son una suerte de vulgatas
esclerotizadas –equivalentes domésticos a la explotación sionista de la
memoria, cada vez más selectiva y discutible, del trauma real e indiscutible
del Holocausto-), ni lo que rastree Ricardo de la Cierva en su furor
conspiranoico (de esos furores siempre surgen chispas aprovechables para quien
sepa interpretarlas sin prejuicios –como, por idénticas razones, para
informarse bien sobre los Borbones no hay nada como bucear en la barojiana saga
de Aviraneta o, para los casos más cercanos a nuestro tiempo, hojear algún que
otro libro de procedencia abertzale-), ni siquiera lo que defienda César Vidal
en relación con USA e Israel (comparando con cualquier país latinoamericano o
con la eufemística España de ZP, USA e Israel son, para quien como yo ve
las cosas con mirada soreliana, muy saludables ejemplos de energía y poder
vital: lo que me fastidia es la duda de si este señor hace lo que hace de
corazón -desde su condición de miembro del contubernio veterotestamentario
protestante/sionista, contubernio, conste, bastante más respetable, por realista,
por coherente y por dueño de una perspectiva no utópica, que la pertenencia a
la masonería, a la antroposofía o a las mafias rosas- o si sólo importa el
dinero –lo digo por cierta anécdota que me contaron a propósito de él: una
mañana que firmaba libros en la Feria del Retiro fue agredido sucesivamente por
falangistas y libertarios, ambos disconformes con las biografías de nuestro
orondo polígrafo sobre, o, mejor dicho, contra José Antonio y Durruti;
impresionada, una chica que estaba con él le preguntó si le traía cuenta ese
trabajo, vistas las consecuencias; él respondió «Naturalmente, ¿tú sabes
cuánto llego a ganar con estos libros?», respuesta no precisamente muy
idealista-).
Porque, en
el caso de que César Vidal y su protegida Yolanda Alba sólo actúen por razones
mercenarias, todo esto de la crispación y la nueva guerra civil latente con que
se calienta la cabeza a la plebe no es más que un montaje. Nadie se cree nada
de lo que dice creerse. Sólo la apetencia de dinero sería real. Y la creación
de escenarios virtuales en los que enfrentar a sectores de la población para
que tomen partido, apoyen a determinados partidos, lobbies, sectas, ONGs, y
enriquezcan con su toma de posición a las directivas de tales sinarquías.
¿Yolanda
Alba es una pirada inestable, como sostenía Javier Krahe, o todo lo contrario,
una profesional (ese adjetivo que se aplica con tanto tino a las putas y
a los asesinos a sueldo) que siempre lo tuvo muy claro? ¿Las tertulias,
los debates, los coloquios, las columnas y espacios de opinión no están acaso
llenos de profesionales?
Si es así,
si nadie cree en nada salvo en la expectativa de ser sobornado, esto de veras
se hunde. De pronto tiene todo el sentido del mundo que una asociación de
víctimas de un atentado provocado por árabes de confesión islámica sea
subvencionada y defienda con uñas y dientes al gobierno occidental mejor
relacionado en la actualidad con árabes de confesión islámica (gobierno
felicitado, para más inri, por uno de los implicados en dicho atentado pocos
días después de su llegada al poder). Cabe pensar entonces que las guerras
acordadas entre Eurasia y Oceanía descritas por Orwell en «1984» son hoy
psicodramas, performances, para excitar artificialmente la adrenalina de una
población previamente lobotomizada, pero una excitación sólo lo suficiente para
que los residentes en el pabellón de reposo llamado España formalicen su
elección a favor de tal o cual vector del falso dilema. La enfermera jefe es
por un momento Mc Murphy. Te zarandea y te entontece a un tiempo para luego
sumirte en el coma definitivo, irreversible.
Aquí
encaja buena parte de lo que dije en Huesca el pasado 29 de Octubre, en el
debate sobre la Utopía celebrado dentro del ciclo PERIFERIAS, y que un
asistente ha recogido con bastante acierto en un blog
de la Red: «Dijo probablemente
la gran verdad de la noche. Toda utopía arcádica es en el fondo una apología de
la inacción, de manera que ya lo hemos logrado, estamos en la plenitud utópica.
Los políticos no son más que instrumentos, títeres para que la gente adquiera
un compromiso virtual creyendo tener una ideología, y así no tenga que recurrir
a las armas para cargarse al vecino, otra arraigada costumbre patria. Puso como
ejemplo el acto contra Carrillo del otro día. Los medios informan de la misma,
los políticos se enfrentan delante de las cámaras y el españolito toma partido
con una furia que le durará hasta el siguiente telediario... y ya se ha evitado
la violencia, la acción. Según hablaba las caras del resto de contertulios
pasaban de divertidas a indignadas... aunque creo que en el fondo, aparte de
literaturas, todos parecían pensar que contra Franco se vivía mucho mejor... o
se vivía a secas.»
Cabe pensar en Sodoma (porque la auténtica aberración sodomítica, como ya dije hace años en «EL CORAZON DEL BOSQUE», tiene que ver con lo social –con la virtualización de la realidad, con la confusión entre verbalizar un deseo y su consumación, con todo ese culto gilipollescamente mágico a los derechos que culmina con la consigna inefable del derecho a la felicidad, con la picaresca sustituyendo a la épica y el fariseísmo a la ética-, no con lo sexual –nada sexual es en sí malo, sino el contexto en que se desarrolla- y en esa Sodoma se encuentran a sus anchas tanto el anatematizador César Vidal como el tópico sodomita Pedro Zerolo, cada uno vendiendo su moto –averiada-). Se cierra un ciclo. El espectáculo hipertrofiado ocultando la realidad, como bien señaló Debord antes de hacer mutis. Todos los trajes nuevos (obispos, gays y lesbianas, voceros conservadores o progresistas, cooperantes, okupas, fachas, libertarios...) son mentira más allá de la competencia estrictamente económica: no hay más que Evas al desnudo, ávidas de dinero, sin identidad ni principios, dispuestas a todo con tal de trepar. Frente a la transversalidad heroica, hacia arriba, a que yo aspiraba con mi saga corazonesca en cuyo germen (ignoro a estas alturas, visto lo visto, con qué intenciones) Yolanda participó, hoy tenemos la transversalidad cínica de la basura.
Por eso
uno ama las catástrofes, y a los humanos que van más allá de esta hoguera de
vanidades (los fanáticos, los sociópatas, los llamados antisociales) y
para quienes el motor supremo para tomar una decisión drástica no es ni mucho
menos la expectativa de un mejor salario. Por eso uno ve hoy el rostro de Dios
en Hannibal Lecter y en la sonrisa tranquila y justiciera del John Doe de
«SEVEN» antes que en la COPE y su titirimundi de fenómenos (más divertidos, he
de reconocerlo, que su reflejo especular, la plúmbea galería de pedantes del
Grupo PRISA, donde lo presuntamente más animado son aquellos que, mira por
dónde, defienden el mismo modelo económico, idénticas alineaciones
internacionales y hasta gemelas pulsiones constitucionalistas que los de
la COPE, como Mario Vargas Llosa y/o su hijito Alvaro, como Jaime Bayly y/o el
rabiosamente antichavista Boris Izaguirre o como Fernando Savater -tan
amiguísimo de Mayor Oreja...- y/o Arcadi Espada –clónico con sus manifiestos y
sus Ciudadanos por Cataluña de aquel Federico Jiménez Losantos de hace un
cuarto de siglo con sus manifiestos y
su apoyo al Partido Socialista Andaluz en Cataluña; y si no es así, pues me
expliquen los bloggers y foreros que leen con delectación el blog arcadiano y
disfrutan vituperando a Fedeguico cuála es la diferencia abismal entre
el uno y el otro, que no la acabo de encontrar por más que me ponga, salvo el
distinto origen de sus nóminas-: ¿una prueba más, esta, de que la tan cacareada
crispación no es sino un enorme y canallesco tongo?).
Por eso
uno sigue con simpatía las crisis, las caídas, los cracks, las situaciones en
las que a los pícaros, farsantes, sinvergüenzas y buscavidas sólo les queda
igualarse con sus antítesis, los héroes. Esto es, sólo les queda encarar la
muerte.
Por eso a
uno lo que más le gusta de Sodoma es... el día después. Cuando no hay lugar
para tongos, sólo el eterno dilema que impone la realidad en toda su crudeza: o
energía para construir desde los escombros o entropía para consumar la curva
degenerativa.

Una última consideración: si me he fijado en el caso de Yolanda Alba es
por haberla tratado, por haber formado parte de varios momentos importantes de
mi vida (mi única experiencia como candidato a unas elecciones, mi único diseño
de campaña electoral y los prolegómenos de mi más ambiciosa iniciativa como
faneditor y agitador de opiniones), por tener un cierto conocimiento personal
de ella (o desconocimiento, dadas las posibles circunstancias mitómanas y
mercenarias) y sentirme especialmente impactado por su metamorfosis y por la
sospecha de que tal metamorfosis es más un histrionismo marcado por
consideraciones económicas que una pura y dura mutación existencial y de
pensamiento, esto es, una auténtica conversión (de haber creído
seriamente en la posibilidad de esto último, jamás habría escrito el presente
artículo, pues hoy por hoy toda convicción profunda me merece respeto, sea del
signo que sea y sin importar la peripecia que la origine: el único enemigo
contra el que creo aún vale la pena molestarse en tomar postura es
precisamente, insisto, la falta de convicciones, el mercenarismo y la
picaresca).
No considero ni mucho menos la trayectoria de Yolanda peor que la de
otros, en cuanto a ejemplarizar en ella
algún tipo de sanción. Si por este artículo la COPE pretendiese soltar lastre a
su costa, le recordaría a la cadena episcopal aquella cita evangélica de «quien
esté libre de pecado tire la primera piedra» y lo canallesco y miserable que sería personalizar lo que es general
en dicho medio en cuanto a dobles lenguajes, cambios de chaqueta, oportunismos,
mixtificaciones, histrionismos camuflados de visceralidades, y situaciones tan
obscenas (al menos en la forma, pues ya sabemos que del meollo no puede
esperarse mucho) como que en un medio que representa a la Iglesia Católica se
vea como enemigos a católicos proclives a empatizar con las tesis
liberacionistas latinoamericanas o con el nacionalismo vasco y/o catalán, y se
utilice como uno de sus principales voceros a un protestante estrechamente
vinculado al sionismo, y que estas aversiones y simpatías de la COPE se
produzcan por motivos más cercanos a la política más pura y duramente secular
que a cualquier consideración confesional.
«Todo lo
que se leía, tragaba, chupaba, admiraba, proclamaba, refutaba, defendía, todo
eso no eran sino fantasmas odiosos, falsificaciones y mascaradas. Hasta los
traidores eran falsos.»
(cita de
Louis Ferdinand Céline que he usado en varias ocasiones durante los últimos veinte
años para ilustrar momentos de la historia reciente y que cada vez, a medida
que la situación general en Occidente se hace más terminal, encaja mejor con lo
que pretendo que describa: de hecho, nunca ha resultado más gráfica si nos
atenemos a los párrafos precedentes)
«¿Pero
cómo pretenden que continúe en estas condiciones? ¡Esto no es profesional!»
(uno se
imagina a Yolanda Alba gritándole estas palabras a su mentor César Vidal tras
leer el presente artículo –las palabras están sacadas de «EL SHOW DE TRUMAN»:
¿Yolanda también está sacada de ahí?-)
«Lo
contrario del amor no es el odio, sino la apatía.»
(dice
alguien en una novela de John Le Carré)
este reality show
se aderezó con
unos cuadritos de
TAMARA DE LEMPICKA
otras
semblanzas de gente pintoresca a la que traté: