LA REBELION DE DONALD
Releyendo páginas randianas de LA REBELION DE ATLAS y comparando lo leído con tantas actuaciones "desaforadas" de Trump, uno no puede por menos que recordar el peso de ese libro (tan adecuado al presidente por su fácil lectura, muy para teenagers) en su visión del mundo. Su fascinación en el juego geopolítico por los mandatarios fuertes y carismáticos y su profunda aversión por los sujetos débiles e ineptos o simplemente tramposos que intentan paliar sus carencias a base de chantajes morales es de matriz claramente randiana. Tampoco ha de olvidarse que Putin, en los comienzos de su gestión, leyó también a Ayn Rand y algo de huella dejaría en él (en ese rinconcito de su espíritu donde también guardaba los impulsos que le llevaron a entrar en el KGB tras ver una serie televisiva de agentes secretos). Buena parte de la doctrina MAGA que ha propiciado el ascenso de Trump 2.0 y su conducta mucho más audaz que en la primera legislatura tiene que ver con los libertarians escindidos de Ayn Rand (escisión provocada no por su mitología narrativa sino por el sofocante autoritarismo de su praxis en la secta Objetivista), libertarians cuyo personaje favorito de las historias de AR es el pirata moderno Ragnar, cuya vitalidad vikinga y su aparente imprevisibilidad (tan corsaria), enlaza muy bien con el vértigo decisionista del actual inquilino de la Casa Blanca.
A ese fondo randiano/libertarian ha de añadirse algo más oscuro pero igualmente funcional, las sinuosidades y arterías aprendidas de su maquiaveliano mentor de juventud Roy Cohn (la "eminencia gris" del senador Macarthy -y equivalente usaco de aquellos retorcidos cardenales del barroco que aconsejaban a monarcas franceses e ingleses-). Esa aura reptiliana, un poco cloacal, tan "analógica", del muy ambivalente Cohn se sublima en versión digital con esos nombres de la Ilustración Oscura que tanta huella han dejado y dejan en el banco de iniciativas que alimentan la hubris trumpiana. Yarvin, Thiel, Land son como los hijos superdotados del mucho más básico y elemental Cohn. Esas ambiciones de Thiel a caballo entre sus obsesiones anticrísticas y su fijación con el Ozymandias de la saga WATCHMEN. Esos diseños de despotismo dark/ilustrado anhelando un monarca/CEO que tutele una constelación de Singapures (igual que la pasta dicen que Marco Polo la trajo de China, ¿no puede encontrarse también un lazo entre las complejas estrategias de Maquiavelo y tantos ardides emanados del Imperio del Centro, ahí Suntzu, ahí Confucio, ahí Mencio -el que inspiró a Yarvin su primer apelativo-).
¿Y todo esto es malo para el mundo, para el resto, para lo que no es USA? Yo lo veo todo bastante multipolar: las claves de lo libertarian son el derecho a la secesión y reservarse el derecho de admisión, el rechazo a la integración forzosa y al pensamiento único. Quejarse de que Trump al desafiar el orden internacional convierte el planeta con su MIGHT IS RIGHT en el salvaje Oeste no me parece muy consecuente si pensamos en, por ejemplo, los "beneficios" que tal orden (la globalización UNIPOLAR que surge del NOM tras la caída de la URSS) ha supuesto para Rusia. Gorbie acepta ese "orden" antes incluso de que se haga planetariamente explícito con su liquidacionismo perestroiko, Yeltsin se deja avasallar hasta extremos grotescos por Clinton hasta que acaba harto y en su recta final de cargo y de vida pone en marcha (primero con Primakov y luego con Putin) una secuencia rusa de resistencia a ese "orden". Putin, desde el minuto cero, subvierte ese orden (primero, intentando introducirse en él con intenciones más desestabilizadoras que vasallescas y, pasado el fugaz idilio con Bush II saboteado por Chenney y compañía, planteará en Munich su primer testimonio de disconformidad y ruptura de puentes -curiosamente, nombres como Orban o Erdogan serán más afortunados en esos roles de desestabilización desde dentro de estructuras como la UE o la OTAN y, en cierta medida, antes de que llegase Trump, tales estructuras ya estaban un poco tocadas gracias a ellos-). Con la conspiración occidental que generó el maidan ucraniano, Rusia en buena medida queda ya fuera del orden internacional. La recuperación de Crimea, la creciente ayuda al Donbass y la culminación de la intervención con la OME son actuaciones "contrarias a la ley" (sin olvidar la prohibición de las propagandas LGTBQ y la desratización de los cubiles sorosianos). Solamente con las iniciativas MIGHT IS RIGHT de Trump arremetiendo frontalmente contra estructuras y protocolos internacionales (en realidad, atlantistas, UEuropeos, neocon y woke) desaparece esa condición de Rusia como "fuera de la ley". Trump hace "lo que le parece" y sus límites los marcan otros actores planetarios que también hagan lo que consideren conveniente.
Vuelvo a repetirlo. Trump admira y respeta a Putin. Todo ese légamo mamado en sus tratos con Cohn y en sus lecturas randianas, esto es, ASTUCIA y FUERZA, HERMETISMO (es sintomático que esa distancia que algunos críticos del mandatario ruso calificaron de "aspergeriana" sea un rasgo también muy distintivo de personajes randianos como Roark o Galt) y DIPLOMACIA (esa habilidad prodigiosa de Putin para desarrollar lazos impensables en el campo de las relaciones internacionales y ese fino humor que suele mostrar en sus comparecencias ante los medios -que contrasta con los histrionismos de Kruschev que Yeltsin llevaría a extremos grotescos o con la bonachonería un poco inane de Gorbie-). Trump, en un mundo sin Putin, sin Xi, sin Orban, sin Erdogan, sin Bukele, en un mundo ¿gestionado? por Zelenskis y por Maduros, se sentiría tremendamente solo y sin GANAS DE JUGAR. Putin con Crimea y con la OME concita la atención de Trump. Putin con su GO EAST hacia la colonización en profundidad de Siberia provoca en Trump el deseo de tener él también SU propia Siberia: no es baladí el simbolismo del encuentro en Anchorage, ni ese proyecto de un túnel que una ambas potencias a través de Bering (como antimateria conceptual del túnel del canal de La Mancha), y el deseo de ampliar Alaska con Groenlandia emparedando a Canadá entre medias, que se supone caería después (ese odiado Canadá paradigma de lo correcto -y uno de los principales lugares de acogida de, ejem, "ucranianos anticomunistas" durante la Guerra Fría- que wokes como Michael Moore siempre oponen a la barbarie usaca encarnada por Trump y por los MAGA).
Pues lo dicho. El calificativo duginiano de Trump "como enemigo y como oportunidad" me parece, dentro de lo que cabe, válido. Aunque el Tiempo dirá si esa condición providencial hace cambiar lo de "enemigo" por competidor y acicate para la propia reafirmación. Al final, todo muy LIBERTARIAN.