LA REALIDAD COMO DECONSTRUCTORA DE "LO ESTUPENDO"
(dedicado a Andrea Byblos, maestra en este tipo de reflexiones)
Tal vez una de las mejores cosas en las relaciones internacionales que ha supuesto la política de hechos consumados y diplomacia cuerpo a cuerpo de Trump es que desaparece el doble rasero de que cada país "está en su derecho de hacer lo que considere conveniente para sus intereses" pero critica a otros países si, actuando de igual modo, chocan con dichos intereses. O lo que es igual, facticidad propia y chantaje moral contra los demás. Bien, esto se ha acabado. Lo bueno de la multipolaridad es que ya no hay un "gran Satán" ni un "Imperio del Mal" ni un árbitro exterior presuntamente imparcial que trata de imponer normas que, al final, cada cual desacata desde su propio prisma (sea el ruso, el usaco, el chino, etc). Los límites de cada potencia los marcan las otras potencias en base no a presuntas "morales universales" sino a intereses y prioridades de lo más concreto y terrenal. De algún modo, esto convierte a cada ciudadano en iniciado en las claves más descarnadas de la geopolítica, en miembro (sólo sea de rango ínfimo) de redes de Inteligencia. Las propagandas y los púlpitos se desvanecen. La realidad del Poder se impone.
El Mal Absoluto es sencillamente el JUEGO SUCIO: todo el embrollo ucraniano es una infausta cadena de errores propios (Putin ya recordó airadamente los errores leninistas en materia de administración territorial en aquellos primeros años "bolchewokes" que décadas más tarde acabaría de remachar Kruschev con su autorregalo de Crimea para Ucrania -sin olvidar el peligroso juego estaliniano de maximizar el estatus ucraniano a nivel internacional para ganar más poder de decisión soviético-) e insidias ajenas (desde la concentración de "ucranianos anticomunistas" -eufemismo de algo mucho más oscuro, o mejor, más PARDO- en la diáspora canadiense tras el 45 hasta los diversos intentos post/soviéticos desde Ucrania con apoyo atlantista para debilitar a Rusia -primero la "revolución naranja" y después el mucho más tóxico maidan-). Para acabar con el MAL ABSOLUTO se debe de incidir en acabar con el JUEGO SUCIO y los dobles raseros. Ya no sirve la propaganda ni el púlpito ni la demagogia para derrotar (derrotar, no exterminar) al enemigo: MIGHT IS RIGHT, conflicto y acuerdo. CUERPO A CUERPO. Con Nixon y Kissinger esto comenzó a buscarse y hoy por hoy esto se ha vuelto irreversible. Por mucho que se pretenda resucitar el impulso antiamericanista (o, si se quiere, antiisraelí) hoy día hay demasiados intereses encontrados para BIPOLARIZAR el planeta: se añaden nuevos jugadores con sus propias prioridades como un Japón que intenta volver a los años previos a Hiroshima y Nagasaki y al posterior virreinato de Mac Arthur, o como el eje que se va consolidando entre Turquía, Arabia y Pakistán, o como la India de Modi (antimateria de la de los Nehru/Gandhi). Se acabaron los "Satanes". O, si se quiere, las demonizaciones se han vuelto... politeístas.
Acabaré con aquella anécdota del oficial nazi que haciéndose lenguas de la suma maldad de los judíos ante un aliado japonés impresionó a éste de una manera imprevista: porque el japo, desde su pragmatismo extremooriental, le replicó que, si los judíos eran tan poderosos como para hacer que los alemanes se obsesionasen de tal manera con ellos, igual a Japón le convendría conocerlos para su conveniencia. Al final, esto se haría realidad cuando el pragmático campeón de la gobernanza Lee Kuan Yew eligió a Israel como país que entrenase a Singapur en materia de autodefensa cuando los británicos se retiraron.
Y es que la REALIDAD es incorrecta hasta para los "incorrectos" y nunca se sabe por dónde van a ir los tiros si uno, viniéndose arriba y poniéndose "estupendo", se aleja un ápice de ella.