Por MAMELUCO

Uno de mis sueños recurrentes, de esos que poseen completamente la vigilia del día siguiente, es la jungla avanzando. Edificios destruidos, calles abandonadas y percodidas, carreteras convertidas en vestigios endebles de una edad del hombre que sucumbe. Es ese futuro salvaje, tantas veces mentado, tantas veces ideado, en este medio y en enjundiosa conversaciones de Facebook que visto lo visto es posible que sea lo primero que se derrumbe en el descalabro de la raza humana. Como un mundo imaginado por aquellos soñadores sufrientes y mudos testigos del fin de W. H. Hogdson ya en parte glosado aquí, en LDS, la mutación del entorno se torna en terrible e inexorable, pero al menos deja un reducto de libertad muy de mi gusto.
Mucho he hablado ya
incluso aquí de civilización, pa, Occidente y esas bobadas que nos hacen vivir más mal que bien, pero con el paso del tiempo, a más viejo más pellejo. Se me hace insoportable cuando la burbuja, por cualquier motivo se clarifica molecularmente como si de la capa de ozono se tratase, y que por esos boquetes impíos, se filtre los miasmas de la supuración de lo que nos rodea. Podría buscar causas remotas, últimas y definitivas para tamaña desazón, pero visto lo visto el infierno son los demás, que ya lo decía Jean Paul, porque a los otros estamos condenados. Ya me gustaría a mí una burbuja cartesiana pura, aislada y cristalina. ¡Qué aburrimiento! pensarán ustedes que leen al desconocido que esto redacta. Pues sí, Descartes aburre, pero en esa imposibilidad racional veo el mejor de los mundos (im)posibles. Entonces pues, aguantaremos a los demás, deseando secretamente que lo devore un cefalópodo volador de dentro de 300 millones de años. Ando viendo verdes exuberantes en mis catódicos gustos y el frescor de los bosques me susurra como las sirenas a ese Odiseo chulanguita que se ata al poste para escuchar a las sirenas. Helechos, ficus estragunladores, árboles del jenguibre, mangles en aguas negras, marabuntas alineadas arrasando así mismo el propio bosque, plantas carnívoras bostezando y rezumando jugos, fieras sobre lo que fue pavimento de concreto. Imaginen la vorágine clorofílica y tallosa. Savia bruta y elaborada por xilemas y floemas, olor amargo de hierba envenenada, oxigenación extrema

Pero he de añadir que en esos sueños, y es que siempre hay un pero, está el humano. Aunque si bien es un humano escaso, una humanidad difusa que se esconde como esos primates primitivos en el lejano Crétácico, cuando nuestra estirpe primigenia compartió cielo con los lagartos terribles a los que mató una piedra del espacio. Muy cucanitos sobrevivimos a esa bomba de roca, y creo que en el APOCALIPSIS, cuando el tiempo machaque todo lo que nos rodea, un atismo de la raza, de la especie, se quedará aún cientos de miles de años. Yo desearía ser un humano de esos a veces, de esos humanos que me imagino del futuro que sueño. Un DUDO ERRANTE sin penalidad ni primer saver, que no siente nostalgia de la Edad de Oro tecnológica  

Los ignorantes que creen que su ombligo es centro de gravedad del universo conocido piensan que toda la basura, la polución, la degradación de aguas, suelos y aires es el fin del planeta. Craso error. Vivir y morir se han convertido en nuestra especie en algo moral, ético, algo imprescindible para el mundo mas raíces de los árboles les taparán las bocas a ecologistas y melindrosos, las púas de la acacia trincharan a etnocentristas y estupendos. El planeta seguirá danzando su baile excéntrico alrededor de lo hemos venido a llamar Sol, una estrella cutre y lejana, en los arrabales de una galaxia cualquiera. Y es que el salvaje es el único futuro con algo de dignidad para nosotros si es que, repito, se puede aplicas tales cosas a la totalidad de una especie.

El ser humano, cuando la civilización sea un estigma del pasado, vivirá como antes de la ruptura tremenda, ese cisma terrible con la naturaleza, la Revolución Neolítica. Es curioso observar como los que se perciben como imprescindibles ven una amenaza en la tecnología, y son los que dicen ¡dóndevamosaparardiiooosmio! haciendo no con la cabeza, cuando las imposturas son más prefabricadas que el chip de silicio, y sus preocupaciones las de cara a la galería son odas a lo artificial. La naturaleza, implacabe, repito, les cerrará la joía boca, que decía aquel sabio.

 

Esperemos pues al futuro salvaje soñando, como el que espera en R´lyeh muerto