MARÍA CASTILLA: MÁS ALLÁ DEL ESPEJO

 

 

“Lo importante es ver aquello que resulta invisible para los demás”

Robert Frank

 

Arrebatados por la onírica obra fotográfica de María Castilla (www.mariacastilla.com), por los estremecedores retratos de su hija y por su fijación con los camposantos, le pedimos a su hermano, el colaborador y amigo de esta casa Rafa Castilla (también conocido como “Takla Makan”), que nos facilitara un encuentro con ella. Al cabo de un tiempo, los shadowliners Fernando Márquez “El Zurdo” y Luigi Landeira “El Dildo” nos sentamos en torno a una mesa de madera, en el hogar familiar de los Castilla, para tomar el té y escuchar las profundas reflexiones de María sobre su arte en general, los camposantos en particular y la inminente inauguración del espacio Desván y Cabinet, que promete ser mucho más que la recreación tridimensional de su victoriano universo. Además de María, estuvieron presentes en el encuentro su hija y modelo fotográfica María, su madre Josefina y el propio Rafa. Todos ellos intentaron traducir con palabras el eterno mysterium de la fotografía, de la vida y de la muerte.

 

 

Flash I: Vocación

María Castilla: No sé si viene por ahí, pero mi abuelo paterno era un gran aficionado a la fotografía, y mi padre,  sin tener una preparación fotográfica, hacía muy buenas fotografías.

Al principio, yo no tenía la tensión por la obligación de hacer buenas fotografías; ahora que me presento a concursos y expongo en galerías, me pongo el listón más alto. Realicé un curso para fotógrafos profesionales, al objeto de dominar la técnica y, posteriormente, un Máster Internacional de Fotografía Artística, ambos en la prestigiosa escuela EFTI, en Madrid. Anteriormente trabajé durante años en una multinacional americana, pero cuando nació María decidí que, en lugar de trabajar de nueve a nueve, prefería pasar más tiempo con mis hijos y formarme en fotografía, mi gran pasión. Y lo cierto es que las cosas han ido bien: mis fotos gustan, hace unos meses quedé finalista del Julia Margaret Cameron Award, lo que me va a permitir exponer en el Museo de la Ciudad de Málaga, y he logrado exponer en varias ediciones de PhotoEspaña, además de en El Círculo de Bellas Artes, y otros espacios expositivos en Madrid.

 

 

 

 

Flash II: Técnica

María Castilla: Empecé con lo analógico, revelando yo. Luego pasé a la cámara digital, por el tema de la inmediatez. Pero al final la cámara es lo de menos, porque yo he hecho fotografías con un móvil o con mi Mac, en ocasiones mucho mejores que con mi cámara Canon. Pero la cuestión es, qué se entiende por una fotografía buena o una fotografía mala.

Me gusta retrotraerme al pasado; para eso soy muy victoriana, por eso ahora estoy detrás de una cámara Shen-Hao. Cámara de fuelle hecha en China. Hasta entonces, continúo con la fotografía digital, pero utilizo en ocasiones filtros que me dan la posibilidad de imprimirle un aire antiguo a una fotografía digital, ya que éstos hacen que la fotografía tenga un aspecto de otra época, si bien es cierto que no es tan genuino. También me gustaría aprender la técnica de coloreado de fotografías; tengo imágenes coloreadas de mis abuelos que son preciosas.

 

 

“Preludia la durmiente crisálida su última mutación, y a ello consagra su ora et labora.

Abandona el nutriente silencio maniatada por el supremo imperativo...”

 

 

Flash III: Lenguaje

María Castilla: El que pinta tiene que entender el lenguaje de la pintura, el que escribe tiene que entender el de la escritura y el que hace fotos tiene que entender el de la fotografía. Un profesor de EFTI al que aprecio mucho, Eduardo Momeñe, me decía, entre muchísimas cosas, que las fotografías siempre hay que imprimirlas, ponerlas en la pared y luego ir seleccionando. Así es cómo evolucionas.

Ahora se disparan demasiadas fotografías, porque puedes hacer todas las que quieras, sin esfuerzo. Antes la fotografía era meditada, como debe ser. Porque tienes que imaginarla, como quien planea un viaje. Y cuando ya la tienes planeada, en ese momento la tienes que hacer bien, sin pensar que tienes la posibilidad de hacer muchas. En general, concibo mis fotos como algo bello susceptible de ser colgado en una pared. Las fotografías más artísticas sí que las planeo de alguna manera, las documentales menos. El tema es pensar en la fotografía, crearla. Luego, cuando la ves, dices “la tengo” o “no la tengo”.

 

 

 

“Un lugar íntimo, un espacio sagrado que guarda secretos.

Mundos sobrenaturales que transcienden la muerte y la nostalgia.”

 

Flash IV: Influencias

María Castilla: Me encanta la fotografía pictorialista, probablemente porque no tengo habilidad para pintar, así que intento asemejar mis imágenes al arte pictórico.  Se supone que una foto es una foto, una pintura es una pintura y no puedes mezclar, pero a mi eso no me importa, huyo del purismo en ese sentido. Mis fotógrafos de cabecera son Julia Margaret Cameron, una fotógrafa victoriana que llegaba a crear verdades escenificaciones a la hora de fotografiar a las niñas. En ese sentido, soy como muy del siglo XIX, y creo una escena en la que mi modelo, que suele ser mi hija María, es la protagonista de mi historia. María da muy bien en las fotografías porque es muy fotogénica, incluso de estética victoriana.

También me gusta mucho Lewis Carroll, con sus extraordinarias fotografías de niñas. Imogen Cunningham, una americana nacida en 1883 que hacía fotografía de moda con un gran gusto estético, pero al tiempo inquietante. Y, por supuesto, Henri Cartier-Bresson, Lartigue, Kertézd... Fotógrafos del 1800.

Y entre los contemporáneos podría citar a Sarah Moon y su personal interpretación de la moda. Y Paolo Roversi, que hace unos retratos muy poco habituales, y que me han inspirado mucho a la hora de hacer los míos. Me interesa también la fotografía de niños post mortem. Aquí en casa tenemos alguna. Son reliquias del pasado, muy cotizadas. Pensemos que hace un par de siglos, hacerse un retrato era algo excepcional. Así que, cuando fallecía algún familiar, se tiraba la casa por la ventana.

 

 

Flash V: Cementerios

María Castilla: Mi hermano Rafa y yo empezamos a pasear por cementerios hace cosa de cinco años. Dedicábamos un par de días a la semana y llegamos a visitar todos los cementerios de Madrid. Además de reflexionar sobre la muerte, algo inevitable, descubrimos cosas muy curiosas, como epitafios maravillosos y frases muy sentidas, tipo “Juanito siempre te querré”. 

Me llama mucho la atención las sepulturas infantiles, tan inmaculadas, con angelotes regordetes. Yo se lo cuento a mis amigas y se piensan que desvarío. Pero es que no es algo morboso, aunque alguna vez hemos sido testigos de alguna exhumación. Los mejores cementerios para visitar son las Sacramentales, porque las sepulturas se cuidan mucho ya que son cofradías religiosas y Fundaciones las que se ocupan del camposanto.  San Isidro, por ejemplo, tiene una zona de sepulturas antiguas que son dignas de visitar: finales del 1700, 1800 y demás. Los enterramientos posteriores no nos interesan estéticamente.

En la Sacramental de San Justo hay unos panteones maravillosos. Vas paseando y de repente llegas a un espacio cubierto con el aspecto de una estancia palaciega, con techos muy altos, nichos de mármol negro, e incluso un pequeño aplique.

Pasar de la visita al cementerio a hacer fotografías de este tipo, fue algo natural. Al principio eran fotografías más documentalistas que otra cosa, de sepulturas que nos gustaban o nos llamaban la atención por su estética. Posteriormente hicimos una clasificación por cementerios. De hecho, tuvimos el proyecto de hacer una página web, que finalmente no iniciamos por falta de tiempo.

 

Rafa Castilla: Teníamos una clasificación: motivos sepulcrales, estatuas, y una cosa muy curiosa que sobre todo se ve en fotos del siglo pasado, que son los relieves de las sepulturas. En épocas pasadas había auténticos artesanos, que actualmente ya no existen, y que eran verdaderas obras de arte. Incluso Benlliure llegó a esculpir motivos sepulcrales en San Isidro.

 

María Castilla: El problema es que en los cementerios no siempre te dejan hacer fotografías, porque no pueden aparecer nombres. A veces íbamos a escondidas, otras pedíamos permiso, y entonces no había problema, en el bien entendido que las imágenes eran para “consumo privado” y no para publicar. Y luego están los archivos X, que eran fotografías de cajas abiertas, etc.

 

Rafa Castilla: Teníamos hasta el nombre: “Crónicas Necropolitanas”. Y habíamos fotografiado viejos féretros en sepulturas totalmente abandonadas para las que probablemente ya no existían herederos que se ocupasen de ellas.

 

María Castilla: Fotografías de aquéllos que ya no tienen a nadie en el mundo, que nadie se ocupa de sus sepulturas, nadie les pone flores, ni va a limpiar sus lápidas, que es la mayoría. A mi me interesa más todo eso que el costumbrismo de la mujer enlutada.

 

Rafa Castilla: Todo esto demuestra que ella ya era atraída por una temática esencial, en este caso los cementerios, porque su vocación estaba en plena ebullición. Siempre hemos sido una familia un poco siniestra, salvo mis padres.

 

María Castilla: A mis hijos también les encantan los cementerios. En el sur de Francia visitamos un cementerio cerca de casa, que linda con un bosque de pinos centenarios. Incluso se ocupan de la sepultura de una niña. Hasta hace poco tiempo no había ninguna inscripción, y nadie se ocupaba de ella.  Pero un día, hace un par de años, le pusieron, supongo que la familia, una inscripción y nos enteramos de quién es: se llama Enola y murió a los 14 días de nacer.

Por eso cuando mi padre falleció, los niños asistieron a su entierro con total naturalidad, con discreción, que es la única forma que considero válida a la hora de enfrentarse con la muerte de un ser querido.

 

Rafa Castilla: Además hay una cosa muy importante, que también dice Jünger: los cementerios tienen un aura sacral que los niños captan, y eso serena. En el fondo los cementerios atraen a mentes artísticas. Abundan los temas fotográficos; los motivos de las lápidas, las filigranas de las tumbas, los paisajes, incluso los efectos de la luz tamizada por los cipreses, o ésta sobre los diferentes granitos...

 

María Castilla: En San Isidro hay una vista maravillosa desde el cementerio a la ciudad. En el cementerio de La Almudena existe una llanura muy extensa repleta de sepulturas. Me gustaría mucho volver para hacer esa fotografía que tengo pendiente. Una fotografía muy conceptual. Algo así como que todo lo que hay ahí, aunque no lo veamos, no son más que cadáveres, unos más corrompidos y otros menos, pero cadáveres al fin.

 

Rafa Castilla: Estos cementerios merecen un verdadero reportaje fotográfico. Está por escribirse y confeccionarse el gran libro de fotografías de cementerios. Lo que siempre me ha llamado más la atención de los cementerios es que, cogidos desde perspectivas adecuadas, representan lo sagrado frente a lo profano.

 

María Castilla: Las sacramentales suelen publicar un libro. Nos hicimos con el de San Justo. Una recopilación de las sepulturas más ilustres, y los epitafios más relevantes. Además, existe una actividad muy bonita que tiene lugar en el cementerio de San Isidro una vez al año, en junio; la procesión de las velas. Consiste en adornar e iluminar con velas los panteones. Sombras, luces y contraluces. Hay muchos más

que disfrutan con estas cosas.

 

 

 

 

 

 

 

Flash VII: Desván y Cabinet

María Castilla: Ahora estoy montando, junto con mi socia Miriam, un espacio en el número 74 de la calle General Pardiñas. Ella aporta sus conocimientos de arquitectura e interiorismo, y yo de fotografía. Se trata de aunar ambas disciplinas artísticas en cuanto a diseño de espacios infantiles y fotografía de retrato. El nexo de unión son los cuentos tradicionales infantiles, pero con una estética antigua, inspirada en las ilustraciones de Arthur Rackham, alejada completamente del mundo Disney. A los niños los vestiremos con unos disfraces muy especiales, inspirados en los cuentos. Mi vida ahora gira alrededor de mi proyecto, mi fotografía. Quiero que la gente pueda tener en su casa un retrato muy especial de sus hijos.

El interiorismo de Miriam también será infantil, pero enfocado desde una perspectiva muy adulta, como son mis imágenes. Estamos acostumbrados a que Alicia sea la Alicia de Disney, vestida de azul y con diadema negra. Pero nuestra Alicia es la que aparece en “El gran libro de los cuentos ilustrados” de Carine Picaud y Olivier Piffault.  Lo que hemos hecho es adornar nuestro espacio fotográfico de forma muy victoriana, con un cortinón de terciopelo verde maravilloso. Es un local que da mucho juego porque es enorme y tiene unos arcos encantadores. Hemos comprado incluso un piano decimonónico, porque el estudio victoriano tiene que tener piano, un columpio antiguo, una jaula de pájaros... y las ilustraciones de Jimena, que son increibles.

 

Rafa Castilla: Es una tienda pictórica. En Madrid hay pocos sitios así.

 

María Castilla: El espacio se llama Desván y Cabinet, nuestros Alter Ego. Miriam es Desván, porque es muy de acumular objetos viejos y restaurarlos hasta crear un verdadero Cuarto de Maravillas. Yo soy Cabinet, como aquellos gabinetes victorianos de enormes cúpulas de cristal.

 

Rafa Castilla: Cabinet alude también a despachos pequeños, a huecos de la escalera.

 

María Castilla: Cada vez habrá un cuento. El cuento de lanzamiento es Alicia en el País de las Maravillas. Hemos diseñado nuestros propios disfraces. Los niños como verdaderos actores de una obra teatral. Queremos consagrarnos al mundo de los niños, decorar sus cuartos de juego, sus habitaciones y también retratarlos disfrazados de Alicia o del Conejito o del Sombrerero Loco, pero de forma un poco histriónica: que Alicia lleve una diadema con tazas gigantes o el Conejito tenga la cabeza retorcida... Además, pretendemos crear pequeños libros de autor, formado por las imágenes de los niños interactuando con el cuento.

Para mí es también una oportunidad para hacer más fotos, ya que tengo un espacio para ello. El fotógrafo tiene que estar siempre haciendo fotos, de una manera obsesiva.

 

Rafa Castilla: Aunque sea un espacio minoritario, hay un sector de la población que tiene que volver a otras cosas más refinadas. El péndulo tiene que invertirse.

 

María Castilla: Además, ya las tiendas de niños tienen otro enfoque, más allá de la camita blanca. Nuestros proveedores se encuentran fuera de España. Carpinteros tradicionales que tardan un mes en hacer un mueble, porque queremos que los niños se acostumbren a objetos antiguos que los niños victorianos utilizaban, reciclarlos y usarlos ahora. Será una forma de reeducar a los niños en ese mundo del arte, del mueble antiguo. En nuestro Desván puedes encontrar baúles, pequeños muebles, un cuerno de unicornio o una cola de sirena de los mares del sur. Además quiero encargar un pavo real disecado en una floristería-taxidermia que hay junto a Ópera.

Por otro lado, Cabinet también va a ser pop up store, es decir, que alquilaremos una parte a gente que haga objetos artísticos para niños, pero cosas muy especiales. Por eso no queremos llamarlo “tienda”, porque será un espacio donde confluyen la fotografía, la pintura, la arquitectura o la escenografía.

 

 

 

 

 

 

 

Flash(back) VIII: Epílogo

María niña: Abuela, cuenta cuando os quedasteis el abuelo y tú encerrados en un cementerio por la noche.

 

Josefina: Fue en San Isidro, pues allí se encuentra la sepultura de mis suegros. Debió ser que llegamos tarde, o que no nos fijamos en el horario, y cuando quisimos salir, estaban las puertas cerradas. Además, no estaba el guarda que solía haber en su garita habitualmente. Nos subimos a una verja buscando una salida. Pero ya se estaba haciendo tarde y yo veía al abuelo que se estaba poniendo un poco nervioso. Bueno, al final nos encontramos con un vigilante que hacía la ronda en ese momento, y nos ayudó a salir.

 

 

 

“Eclosiona al fin el primigenio milagro. De misterio preñada aún la mirada.... Aquí se detienen mis retratos.

Con el paso del tiempo Piktor se metamorfosea, pero ya no es lo mismo; el mundo ya no se escruta, se padece...”