¿FASCISMO EN ESPAÑA?: UPyD

 

(NOTAS, FRAGMENTOS DE EMAILS, IMPRESIONES DISPERSAS PARA UN ARTICULO QUE, LA VERDAD, AL FINAL NO ME HA APETECIDO ESCRIBIR -CADA DIA ME DA MAS PEREZA ESTO DE ANALIZAR EL POCILLO DE MIERDA QUE ES LA POLITICA ESPAÑOLA-)

 

 

Creo que por primera vez en la historia de España está surgiendo un partido fascista avant la lettre pero con las condicionantes propias de la postmodernidad en lo que hace a nuevos colectivos emergentes (trepismo femenino y gay, básicamente -bueno, lo que tal vez habría supuesto Pim Fortuyn de no haber muerto y persistido en su planteamiento, o su compatriota Rita Verdonk en su actual singladura, sin olvidar a la Condoleeza somalí hoy residente en USA y decididamente antiislámica-, como reediciones del trepismo judío que apoyó masivamente al PNF en Italia hasta que las cosas comenzaron a torcerse con la intromisión alemana -y cuyas ambiciones y expectativas en torno a Mussolini anticipan en bastante medida las peculiares características del actual estado de Israel como híbrido entre el fascismo y la democracia formal- o de la inmigración de élite -procedente en su mayoría de la Europa mediterránea y las antiguas colonias europeas en el norte de Africa y que, frente a los inmigrantes de la otra ribera, enseguida desarrolla reflejos muy pied noir - que apoya en Francia cada x tiempo opciones ultrachauvinistas, como Doriot en los 30, el poujadismo y la OAS en la transición 50/60, o Le Pen en las últimas décadas).

 

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Me da que entramos en una etapa de recuperación de esencias fascistas en el sentido original de la expresión (esto es, mussolinianas y doriotistas -conversiones, mutaciones, arribismos combinados con visceralidades reivindicadoras de rango, que se alimentarán como superyos metapolíticos, no de Roma o Berlín, sino de Jerusalén y Washington-). No es casual el elevado porcentaje de intereses judíos que forman el establishment holandés (punta de lanza europea en estas mutaciones) y aquí, obviamente, se buscará una sionización del problema vasco (aún podremos ver más maravillas, como que más gente del PSOE y no precisamente anecdótica -¿un Enrique Múgica, gran defensor de una solución a la israelí del contencioso vasco?-, acabe desembarcando más tarde o más temprano en UPyD). El PP se desangrará por la derecha hacia Rosa Díez y quedará en una formación de centro cada vez más escuálida (incluso satelizada en parte hacia el PSOE -algo que ya ha ocurrido en otras ocasiones con esa franja del espectro político cuando entra en crisis, caso de UCD, CDS o partidos regionalistas emanados de la antigua coalición centrista-), amén de sufrir nuevas fracturas (como los sectores ultras que, por razones de matriz religiosa, no se sientan a gusto con UPyD -salvo que esta formación, siguiendo la evolución posibilista de Mussolini y Doriot, acabe firmando su propio concordato y atenuando progresivamente su actitud en principio laicista-).

 

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Por otra parte (y sin irnos a tópicos viejunos como Catalina la Grande), como sentó el precedente de Evita, Golda Meir, Norma Kennedy, la Thatcher, Jiang Qing, Mira Markovic, Condoleezza o Hillary, una mujer puede ser tanto o más feroz que un hombre a la hora de ejercer o aspirar a un poder musculado. Y sería interesante, en este aspecto, recordar la presencia de mujeres ambiciosas en los grupos de apoyo a los fascismos de los 20 y 30: todas aquellas de clase media y alta, con su buen bagaje intelectual y artístico, que mantuvieron una empatía (a veces, simpatía y otras, pasión obsesiva) por Hitler (¿proyección de su lado masculino en algún caso? ¿vuelta a posiciones elementales como rechazo a la tensión ultracivilizada de competencia entre sexos que había supuesto la Europa democrática desde comienzos del siglo XX, tensión exacerbada a partir de 1918 con la revolución rusa y el libertinaje occidental de los felices 20? ¿rendición pura y simple ante la belleza masculina que defendía como modelo el nazismo y que fue también en buena medida el principal elemento de enganche de tantos colabos homófilos?), caso de las esposas del explorador Nansen o del escritor Hansum, de las visionarias Unity Milford y Savitri Devi, de Vita Sackville West (amante de Virginia Woolf e inspiradora de su ORLANDO, simpatizante en su momento de Hitler como su atípico marido Harold Nicolson...), de la cineasta Leni Riefensthal, de la aviadora Hanna Reistch...

Y homofilias masculinas al frente de megaestructuras de control y represión, desde Rohm en el primer nazismo, Yezhov en la URSS o J. Edgar Hoover en los USA (por citar tres arquetipos), son perfectamente viables (se ha visto no hace demasiado tiempo con Marco Pannella, el gran fakir de la política italiana de los 80 y primeros 90, que bajo su mensaje dulzón de ecopacifismo con aires pseudoghandianos de artista del hambre, acabó deviniendo el más agresivo defensor de los bombardeos salvajes contra Serbia, con una insistencia y contundencia en su discurso sólo comparable a un halcón israelí respecto a los palestinos y, de haber seguido vivo Pim Fortuyn, las medidas que habría propugnado para contener el avance islámico de seguro no le habrían ido a la zaga: en esa línea abierta por Pannella y Fortuyn de halcones disfrazados con el flou ginecogay y ecopacifista de diseño, hay en nuestro ámbito una superélite -en buena medida ya recogida en UPyD o revoloteando en torno al ala dura del PP- de gays y lesbianas influyentes en el mundo de la comunicación y del pensamiento con una clara voluntad de defender sus privilegios hedonistas sin hipócritas rodeos de buena conciencia a lo Zerolo, sino yendo directamente al asunto, como lo hizo Fortuyn -la objetividad quirúrgica foucaultiana se impone en momentos decisivos en los elementos más dinámicos y realistas frente al escapismo pusilánime y alois del resto: homosexuales luciferinos y visceralmente situados en la defensa del más desposeído, siguiendo el ejemplo de un Genet, en realidad, pueden contarse hoy día con los dedos de un muñón, existiendo en todo caso quienes no acaban de desprenderse de la comodidad del discurso buenista, light, políticamente correcto, elaborado durante la postguerra fría como sucedáneo edulcorado y virtual de las antiguas oposiciones revolucionarias, anticolonialistas, filomaoístas o prosoviéticas-). En el mundo del homoerotismo masculino ha de recordarse, además, la profunda huella estética y emocional del fascismo, especialmente del superfascismo alemán en cuanto al ideal en trance de realización del hombre físicamente perfecto (no es de recibo la cantidad de chaperos y gigolós que podía encontrarse en el NSDAP anterior a la purga del 34 -empezando por el héroe oficial del partido, el mártir Horst Wiessel, en cuya memoria se escribió el himno conocido en castellano como "YO TENIA UN CAMARADA"- y la obsesión posterior por convertir a los jóvenes de las Hitlerjugend y las SS en estatuas vivas de Arno Breker-), pero también cuenta toda la tradición escultista y deportiva de culto al cuerpo (pulsión recuperada a partir de los 80 por gays y postfeministas libertinas, sólo que sustituyendo el comunitarismo grupal por cocoonismo narcisista), así como la común vinculación al imaginario clásico (peplum romano y helenismo ateniense, alejandrino y espartano -aunque conceptualmente el peplum, así como los helenismos ateniense y alejandrino, tiendan más a una visión hedonista y decadente, en tanto que la pulsión espartana, obviamente entendida no como histrionismo sádico sino en toda su profundidad,  se contrapone como defensa del temple y de la superación personal-) al punto de especular sin demasiado margen de error con que, en su fuero interno, las visiones edénicas de un Montherlant o un Brasillach no debieron de ser muy diferentes a las de un Luis Antonio de Villena o a las del autor de este blog (quizás sólo varíe la mayor cobardía camuflada con coartadas político/culturales de estos últimos a la hora de afrontar la realización de su paisaje de deseo más allá de la performance: Brasillach sería fusilado en el 44 por defender sus ensueños y Montherlant, superviviente hasta el comienzo de los 70, se mantendría fiel a su ideal estético/ético hasta el final voluntario de sus días, sin concesiones acomodaticias al sesgo antifascista de los tiempos de postguerra). 

 

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En realidad, los alirones a UPyD lanzados por Ynestrillas y por algún que otro grupo falangista son la espuma del guiso. Lo esencial es el perfil psicológico que une a Rosa Díez y a su partido de conversos arribistas con los núcleos que en su momento dieron paso al PNF en Italia y al PPF en Francia. El resentimiento de Mussolini y de Doriot contra sus antiguas formaciones y entornos, resentimiento tan válido en su origen como el de Rosa Díez contra el PSOE (Mussolini y Doriot habrían sido mejores líderes de continuar en el PSI y el PCF que quienes los forzaron a abandonar estos partidos -como Díez, seguramente, habría sido más eficaz dirigiendo al PSOE hacia posiciones de 3ª Vía blairista, la culminación natural del pragmatismo felipista, que el cul de sac weimariano terminal del idiota ZP, auténtica burbuja política que cuando estalle supondrá probablemente la destrucción definitiva del centenario partido, siguiendo los pasos de su homólogo italiano en 1993-), es la verdadera espina dorsal que aglutinará a gentes procedentes de diversos pelajes a derecha e izquierda y que reclaman una mano fuerte en momentos de estancamiento político y crisis económica grave (en los USA de los últimos 70 -los de Ford y Carter- y en la no menos perdida Gran Bretaña de esa misma época -la de Heath y Callaghan/Foot-, esa angustia acabaría por resolverse con una pseudovuelta en espiral al capitalismo predador de finales del XIX en las encarnaciones de la Reaganomic y del capitalismo popular thatcheriano, pero entonces aún existía el equilibrio de superpoderes para evitar actuaciones más osadas por parte de Occidente: ahora, sin esa contención culposa, el salto hacia adelante puede ser ilimitado, especialmente por la extrema radicalidad de las amenazas -mezcla de etnicismo y naturaleza, donde todo vuelve a adquirir un perfil biológico, elemental, supervivencialista, frente a los protocolos más sociológicos del período de la Guerra Fría-).

 

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Por supuesto, la pelota está en el alero de ETA. Si Rosa Díez sigue viva es única y exclusivamente porque ETA lo permite. Tal vez a las terminales abertzales les interese de momento la existencia de UPyD como cuña desestabilizadora del PP y factor justificador en su radicalismo pied noir del propio radicalismo independentista. No es probable por el momento un final brusco a la holandesa (a lo Fortuyn) aunque el hecho de que, en su primera convocatoria, el nuevo partido haya superado en votos al PNV (algo impensable hasta el momento con un partido ultra o con escisiones por la derecha del PP -como el PADE- o incluso con operaciones de gran calado como aquella ambiciosa y fugaz Plataforma de Independientes de España -donde ultraderechistas, troskistas, ecologistas y renegados del PP y de partidos regionalistas se presentaron juntos en un extraño totum revolutum-) debería preocupar a un observador dotado de cierta perspectiva (tal vez esto, dentro de una óptica coyuntural de rivalidades sectarias, cause ahora regocijo a los abertzales pero, a la larga, puede ser signo de mal augurio para el nacionalismo vasco en general). Es irónico: tras décadas de usar alegremente el término "fascista" para descalificar a mucha gente bastante más moderada y ajena a ese concepto, cuando aparece el lobo (o loba, mejor) en lontananza, se minimiza la amenaza. Supongo que ello se debe a la incapacidad para enfrentarse con el fascismo en tiempo presente, como brote innovador (alimentado por las circunstancias del momento, por los chantajes del momento, por los impulsos emergentes del momento, por las ambiciones nuevas del momento), como clonación exacta de su esencia inicial de sucedáneo revolucionario y vanguardia pequeñoburguesa para el entramado político de Occidente, acostumbrados a verlo como pantomima nostálgica o como espantajo desnaturalizado a fuerza de mentarlo por tirios y troyanos. Quienes acabaron con Pim Fortuyn estuvieron acertados en su intención antifascista aunque no lograrían con ello atajar el problema: gays, postfeministas, inmigrantes no blancos renegados de sus creencias ancestrales, todos los colectivos de nueva emergencia que se han acunado bajo el chantaje de lo políticamente correcto y de la discriminación positiva (bajo la consigna cínica de "tenemos derecho a ser tan hijos de puta como los que están en el Poder") se hallan hoy más motivados que el viejo arquetipo de varón hetero de rancio cuño para poner en marcha voluntaristas defensas pequeñoburguesas de Occidente tomando como ariete el fetichismo de la democracia formal y las libertades (de consumo y de disfrute cocoonista de estilo de vida, en primer lugar -la eterna pregunta leninista "¿LIBERTAD PARA QUE?" cobra vigencia una vez más-).

 

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Estoy dándole vueltas a un texto para la próxima actualización en el que pretendo demostrar cómo lo más cercano al fascismo mussoliniano en nuestro país no se produjo en los 30 sino ahora mismo, con Rosa Díez y su partido. Me baso en que las circunstancias son muy parecidas (giro alla destra de un líder socialista que ve frustradas sus aspiraciones en el partido original -Mussolini en el PSI, tras su actitud probelicista en la I Guerra Mundial, no muy diferente de la de los socialistas franceses, los socialdemócratas alemanes y los laboristas británicos, pero que chocaba con la actitud, atípica dentro del espectro socialista europeo, de los italianos, antibelicistas, rompe y crea los Fascios de Combate, germen del Partido Fascista, recibiendo a partir de ese momento el apoyo de la derecha, de la burguesía judía y de los ultranacionalistas: cambiando el tema bélico por el antiterrorismo es igual, empezando por la corriente creciente de simpatía por el partido de Rosa Díez de los elementos más radicalizados del PP, lindando muchos con la ultraderecha y cada vez más hostiles a Rajoy por su cambio de línea-, arribismo -el detonante se encuentra en no haber logrado el puesto de ZP cuando se presenta éste a las primarias del PSOE y en el cambio diametral de posturas del PSE sobre la cuestión vasca, donde ella también quedó fuera de juego-, crisis económica y actitudes cada vez más crispadas -xenofobia autóctona retroalimentada por la agresividad de algunos inmigrantes que, si ahora forman parte de células radicales islámicas, de bandas juveniles o de redes de delincuencia transnacional, en su momento pudieron ser, aparte de la constante en estos flujos de pura y dura delincuencia común de tipo mafioso, agitadores o agentes teledirigidos por Moscú-, estancamiento de la derecha, caída y/o descrédito de la izquierda bien por ineficacia o por debilidad). Como variantes postmodernas estarían la presencia de mujeres y gays como capas sociales fuertemente motivadas por impulsos trepas (vincularía a UPyD con las diversas mutaciones holandesas que se inician con el difunto Fortuyn así como con los antecedentes en el propio PSOE felipista del tema GAL, el populismo de los barones como Ibarra, Damborenea, Vázquez o Bono que tanto atraía a muchos de Falange, no muy diferente al tirón que provocaba Bettino Craxi en los neofascistas italianos al punto de que cuando el PSI se desfonda con la huída de Craxi a Túnez para evitar ser juzgado por corrupto, muchos militantes socialistas acaban desembarcando en... ALLEANZA NAZIONALE y FORZA ITALIA, partidos ambos fruto -el primero en su reconversión postfascista y el segundo por la irrupción en política de Berlusconi- de la labor de zapa del PARTITO RADICALE hacia la desmovilización/reinserción de la nueva izquierda pro/derechos civiles y el confusionismo so capa de transversalidad -palabra fetiche también para UPyD, formación a la que apoya Yolanda Alba, muy vinculada en los 80 y primeros 90 a los radicales italianos y actualmente muy próxima a los sectores más extremos del establishment mediático de la derecha española, a través de su mentor, el neocon sionista protestante César Vidal-).

 

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Por si hay muchos que no controlan mis alusiones a Doriot: en la Francia de los años 30 se produjo un fenómeno similar al mussoliniano cuando Jacques Doriot, el líder comunista más carismático y agresivo de comienzos de esa década, fue desautorizado por Moscú, acusándosele de colaboracionismo burgués, cuando propuso antes que nadie la idea de Frente Popular. Cuando dos años después (en el 36), Stalin, preocupado por la creciente agresividad nazi, aprueba esa táctica, Doriot, expulsado del partido dos años antes y alcalde del distrito de Saint Denis, crea el PPF (Parti Populaire Francais), como una formación nacionalista y populista, atrayendo masas obreras preocupadas por la crisis, la inmigración y la inercia de los partidos establecidos (se repetiría en parte esto con el voto obrero que fue a parar a Le Pen en los 90 procedente del PCF), y se fascistiza rápidamente, recibiendo subsidios de Mussolini y la simpatía creciente de Berlín. Al iniciarse la guerra civil española casi a la vez que la llegada del Frente Popular al gobierno francés, el PPF crece espectacularmente por su apoyo al bando franquista, chupando votos de la hasta entonces muy dividida ultraderecha francesa, de comunistas desengañados de Moscú y de pequeña burguesía acojonada por la crisis y las amenazas de expansión comunista. Cuando el FP se desfonda en el 38 con la salida de Leon Blum del gobierno y con el pacto del 39 entre Hitler y Stalin (que desbarata completamente las alianzas y fobias fascistas y antifascistas), el PPF pierde su sentido y se hunde, reapareciendo en los 40 como partido títere de los alemanes en la zona ocupada.

 

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En cuanto a por qué considero a Rosa Díez más puramente fascista (en un sentido purista, muy cercano a las consideraciones de Zeev Sternhell, de mutación desde la izquierda -o desde la bohemia, en el caso alemán, en el cual la mutación tiene connotaciones más existenciales que puramente políticas, y aparte del lumpen ya mentado de chaperos y gigolós, pensemos en la cantidad de artistas, mediocres en su mayoría y de vida desordenada, que abrazan fanáticamente la causa del orden y la pureza de casta entendida como un materialismo zoológico de criador de perros con secretos deseos de ser devorado por sus pupilos: empezando por el mismísimo Hitler y su inicial vocación plástica, siguiendo con Goebbels y sus dramaturgias de juventud sublimadas en la Propaganda del partido, a nombres más logrados como creadores, caso de Gottfried Benn o Arnold Bronnen, cuyo espíritu caótico de matriz expresionista se mantendrá sobre la disciplina del nuevo orden y acabará por causarles serios problemas- por resentimientos, ambiciones y superpragmatismo realpolítiko -o puramente snob, en el sentido de búsqueda de un status social más limpio, en el caso de los bohemios reconvertidos en gente guapa, de éxito o aspirantes a ello dentro del establishment postmoderno más cínicamente consecuente, en permanente fuga de suciedades pasadas con la misma compulsión, pero en clave de farsa digna de Tom Wolfe, que los nazis antes mentados- frente a unas izquierdas débiles, faltas de coherencia y alejadas de la realidad) que a un José Antonio o a un Ramiro Ledesma es por la inexistencia en estos dos nombres de esas condiciones mutantes. José Antonio es un centrista condicionado por la figura de su padre, por la visión que tiene de Mussolini como padre idealizado y por la pseudoradicalización que pretende cuando Ledesma deja FE/JONS por miedo a que éste se lleve consigo a buena parte de los cuadros (esta condición de pseudofascista resulta más clara si se lo compara con Oswald Mosley, aristócrata e imperialista como él -José Antonio siempre tuvo una querencia muy anglófila tanto en su estilo de vida como en sus ideas de expansión imperial- pero con una trayectoria política mucho más cercana a la de Mussolini y Doriot -brillante figura del laborismo que acaba rompiendo con su partido por defender antes de tiempo posturas que se adoptarían años más tarde y que, movido por el resentimiento, la ambición y el pragmatismo, acabará creando un New Party y una British Union of Fascists de escaso éxito, dadas las peculiaridades político/sociales de Gran Bretaña, con una población mucho más sana en cuanto a patriotismo y cohesión que los italianos y franceses -de ahí que las terapias de choque fascistas nunca hayan prosperado en el Reino Unido más allá del ínfimo rango de tribu urbana-). Y, respecto a Ramiro, es un revolucionario conservador sin conexiones con la izquierda salvo desde la heterodoxa perspectiva nietzscheana, orteguiana y soreliana, de carácter fanático y nihilista (antítesis del arribismo) con algunos puntos de parecido en su pesimismo romántico con T.E. Lawrence, y que puede sentir apego por un Stalin, una CNT o un Joaquín Maurín por razones bastante ajenas al humanismo, el marxismo o el progresismo ilustrado (razones que hoy podrían entenderse mejor desde determinados planteamientos antimodernos de la Nueva Izquierda -68 berlinés, revisionismo del ideario jacobino en sus aspectos más rousseaunianos y agrarios, neosorelianismo-, desde el nacional/bolchevismo de un Duguin o un Limonov, o incluso desde el comunismo arcaizante derivado del maoismo -Perú, Camboya-). Lo irónico es que tanto José Antonio como Ramiro se consideraban guardianes de las esencias fascistas, como se ve en la polémica del primero con Luca de Tena en ABC a propósito de las diferencias entre el mimetismo fascista de Falange y la ultraderecha monárquica de grupos como Restauración Española, y, en el caso de Ramiro, cuando, a su vez, trata de reivindicar el rol de fascista español frente a José Antonio en su libro ¿FASCISMO EN ESPAÑA?       


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¿Este nuevo fascismo ginecogay que ahora comienza a surgir en nuestro país guarda relación con la progresiva consolidación postfascista en la vecina Italia iniciada en 1993 y que parece culminar por el momento con la aplastante victoria de Berlusconi (apoyo sólo conseguido previamente por un jefe de gobierno italiano a comienzos de los 20 con Mussolini)? En algunos aspectos sí: aparte de la conexión pannelliana común a España y a Italia como cuña/pretexto iniciadora de la secuencia (incluido el uso de la noción de TRANSVERSALIDAD para justificar su postura ni de izquierdas ni de derechas), existe (y existirá aún más en el futuro) una respuesta similar a los problemas más acuciantes, en clave de excepcionalidad, abandonando todo escrúpulo formalista democrático (a su laxo y torticero modo, en buena medida el gobierno ZP, con sus picarescas, desfachatadas contradicciones, ninguneos y escamoteos al control de la oposición y burlas a la norma constitucional, ya ha ido sentando un precedente desde el turbio 13M de 2004 -repitiendo la secuencia prefascista de los años 20 y 30, cuando unas democracias formales profundamente desnaturalizadas por la corrupción y la irresponsabilidad de sus cuadros dirigentes, al volver papel mojado las normas constitucionales, sin pretenderlo legitimaron el vale todo de las ulteriores soluciones de fuerza: he ahí la razón de que éstas no cuajasen nunca en los países anglosajones, donde el respeto a las Cartas Magnas y Declaraciones Constituyentes es muy superior como símbolo visceralmente representativo (quasi religioso) del rango del individuo, a veces incluso enarbolado, en el caso norteamericano, en clave antisistema contra supuestos o reales abusos de la Administración central-). Hay una diferencia fundamental entre la España y la Italia de hoy día: el postfascismo de la coalición liderada por Berlusconi bebe en abundantes fuentes del pasado nacional, sea en la nostalgia vindicadora del Ventennio mussoliniano (similar al apoyo masivo de los rusos a Putin como recuperador tácito de la memoria staliniana entendida no ya en clave ideológica sino de puro y duro inconsciente colectivo -a la manera expresada por Alexandre Zinoviev en su conversión del anticomunismo al prostalinismo no comunista-) sea en el recuerdo aún más remoto de las ciudades/estado tardomedievales y renacentistas que encarna Bossi (quien, en su fraccionalismo norteño, enlaza también de un modo oblicuo con el mito de Saló) sea en la pura y dura amalgama de capitalismo agresivo con ambiciones imperiales (que ha sido la constante en todos los momentos en que la península italiana ha tenido un cierto protagonismo en el mundo -incluyendo en este continuum las proyecciones internacionales de la Mafia exportada a los USA como poder en la sombra-) y, en la figura del Cavaliere, representación perfecta del varón arquetípico italiano, mitad fantoche mitad condottiero, con un pie en César Borgia y otro en los personajes encarnados por De Sica (es precisamente esta apoteosis de superyo machista la que distingue más nítidamente por el momento las emergencias políticas italianas de las españolas y holandesas). Por supuesto, Italia y Rusia han hecho las paces con un pasado demonizado y reprimido, en tanto nuestro país, mucho más degenerado socialmente y con una capacidad de autodefensa por parte de la población autóctona muy inferior (excepción hecha -dentro de lo que cabe- del irredentismo vasco), hace tiempo que perdió o pervirtió su memoria de tal modo que la consolidación de una opción nacional/patriótica a escala estatal, si bien posible como inercia que llene vacíos ante la debacle conjunta de la derecha y del centroizquierda y el cainismo de los enfrentamientos crecientes entre los diversos intereses autonómicos, es problemática por los propios lastres internos que arrastra la nueva formación en material humano y contradicciones psicosociales (o, dicho en clave de metáfora, el fascismo ginecogay liderado por Rosa Díez es a la construcción de Mussolini o incluso al PPF de Doriot -y éste último, recordemos, ya fue un experimento fallido por la veleidosa respuesta de una sociedad enferma, menos capaz, tal como señaló Drieu, de desarrollar su propia afirmación de rango que de buscarse la vida abyectamente en clima de mercado negro bajo el yugo de un ocupante alemán al que apenas opuso resistencia hasta que la presión aliada de anglosajones y soviéticos permitió a De Gaulle en Londres y al maquis cristiano/comunista en el interior desbancar a Petain como coartada attentiste que disfrazaba malamente las tortuosas maniobras de Pierre Laval- como la España de hoy, paraíso chiquilicuatre para la delincuencia eslava -lo consideran el lugar europeo de población más mansa y de Justicia más ineficaz-, si la careamos con aquellas Españas de no hace tanto cuyo pueblo llano, al oponerse frontalmente a una invasión de la primera potencia del momento y al tomar, con idéntico fanatismo, partido según las zonas en contra o a favor de un golpe militar, dio pie a seis años de Guerra de la Independencia y tres de Guerra Civil-).