La espuma de las noches
deambuló y chinchineó
CHARLIE MYSTERIO
Este otoño noticias
musicales de verdadera importancia merecen ser celebradas con un brindis de
algo tan castizo y olvidado como es el vino con sifón.
La primera se refiere al tan
necesario y esperado regreso de nuestro inmortal “Flor de Pasión” a un horario
decente y atractivo. Desde septiembre podemos disfrutar de este auténtico oasis
musical y escuela magistral, de lunes a viernes a las siete de la tarde en
Radio 3.
Para
celebrarlo la sala Siroco, eterno escenario de los acontecimientos supremos,
organizó una de sus habituales fiestas estivales en honor al programa. El
homenajeado Juan no sólo ejerció de maestro de ceremonias; también fue una
delicia verle en primera fila bailando cual poseso y pasándolo en grande.
Semanas más tarde, según me informó la sinpar Sifón Sara, el bueno de Juan
también brincaba en primera fila del frente de batalla, a escasos centímetros
de la máquina powerpopiana y salvaje de los Yum-Yums,
en el aniversario del Wurlitzer. Este hombre realmente merece un monumento. O
mejor un día oficial en el calendario. Yo me haría católico, apostólico, romano
y rumano si la Iglesia se decidiese algún día a canonizarlo.
Volvemos a la noche de
marras. Fiesta estival de “Flor de Pasión” en Siroco. Principios de septiembre.
Mi ánimo, como de costumbre, por los suelos. Es una noche de lluvia en Madrid,
pero sí tenemos a dónde ir... El viejo Siroco a veces me recuerda a la cripta
del Pombo ramoniano. Algunos calaveras y muchos arrabaleros seguimos
acercándonos fielmente a San Dimas, a la caza de algún nuevo descubrimiento que
rompa el tedio capitalino.
Antiguamente
las fiestas de “Flor de Pasión” se caracterizaban por ser un cajón de sastre;
uno podía encontrar allí desde alta costura (por ejemplo los llorados Glitter Souls o un Santi
Campos recuperando a Solera en un momento decididamente histórico) hasta
trapos de saldo tipo Sepu o Almacenes Arias: miles de grupos de ñoñipop que tan
pronto surgieron como se perdieron para siempre en la noche de los tiempos. Hoy
creo que estas fiestas ofrecen carteles homogéneos y una línea argumental más
definida, al menos esta fue la tónica de aquella noche.
Por un lado grupos
energéticos, fiesteros, juveniles, playeros, de presencia demoledora y
contagiosa; por otra parte-en perfecta consonancia-orfebrería, quintaesencia
pop, diamantes pulidos y sin pulir pero de una pureza musical asombrosa.
Dentro del primer equipo
pude disfrutar de delicias como Santi Delgado y sus
Runaway Lovers, conjunto playero que pone a bailar hasta los muertos con
su buena onda teen y sus ecos del mejor Jonathan Richman, el ye-yé, el
twist, López-Vázquez/Grace Morales y todo lo que nos hace sonreir. Para cerrar
la noche, dos bombas de energía incontrolada: Los
Summers, revelación del año y autores de la la summer song 2008:
“La chica de cada verano” y seguidos por Viernes 13,
ya consolidados y con una sexy cantante al frente que parece escapada de una
peli de Russ Meyer (y con el mejor batería que he podido presenciar sobre las
tablas del Siroco desde los tiempos de Protones).
Este bloque final fue una
auténtica bacanal, con el público enloquecido y entregado como no recordaba yo
desde que Vincent Von Reverb y sus Vaqueros Eléctricos
quemaban el escenario con “Baba O´Riley”,o Roberto
Meyer era poseído por Gainsbourg y su Marilou
reggae bajo riffs surferos de J´aime Cristóbal.
Claro que estoy remontándome al siglo pasado...
Si
este fue el final, tan peligroso como los temibles Panzerkorps avanzando
hacia Stalingrado en el verano del 42, antes viví momentos sublimes de calma y
armonía, como contemplar el reflejo de un cielo soleado en las aguas de un
Volga claro, puro, libre, invencible y embriagador. Dos nuevos grupos fueron la
causa de tanta dicha y el contrapunto a la energía ramoniana que vendría
después.

Navy Blue
es una formación madrileña que está dando sus primeros pasitos, pero menudos
pasos; más lunares que terrenales o mejor celestiales. Sin duda gigantescos. Me
atrevo a decir que es el grupo revelación del año. Están capitaneados por la
simpática Yanni Morelli, la Carole King madrileña, una artesana del pop que a
pesar de su juventud compone canciones de una perfección formal e
interpretativa francamente alucinantes. Uno de sus éxitos es “Xeraco”, con ecos
de Brian Wilson y Todd Rundgren, un temazo que se te pega a la primera escucha
y que ha mitificado para siempre el pueblecito valenciano.
Pero
no son unos simples one-hit wonders, Yanni esconde muchos ases bajo su
mágica manga: el reposado “Quiet life”-que parece un inédito de Lovin´Spoonful circa Daydream o tal vez una
joya olvidada de John Phillips-la mágica “Ships
in the dark” que aviva la sangre de antepasados marinos que corre en mis venas
y cuya escucha me transporta directamente a Joseph Conrad, Melville...; su
debut “At home”, pese a ser maquetas
caseras tiene un empaque muy profesional y supone una colección de auténticas
gemas pop.
Como decía Jaime Chávarri
acerca de las Vainicas: “No nos merecemos tanto”.
Posiblemente no, pero larga
vida a Navy Blue que, por cierto, estuvieron
soberbios en la Fiesta. Sonaron compactos, impecables, brillantes.
Prometedores.

Cerrando
este breve momento del mejor pop, acariciante y luminoso un dúo -precisamente valenciano,
aunque no de Xeraco sino de Valencia ciudad- ya consagradísimo que continúa
evolucionando y ofrece recitales de una intensidad suprema, como el de aquella
noche: Serpentina
Hace falta valor no para
entrar en la escuela de calor sino para generarlo a partir de una fomación de
dúo sin más armas que una guitarra acústica y dos voces, la de los hermanos
Tamarit. Ella parece salir de un musical de Jacques Demy/Michel Legrand, o más
bien de Las zapatillas rojas de Powell. Con una voz de formación clásica
y registros amplísimos, capaz de expresar miles de matices y emociones, desde
luego es única en nuestro panorama musical; y una presencia escénica dulce y
chic al mismo tiempo. Él, dotado de una sensibilidad y una finura magistrales,
un geniecillo en la sombra. Tienen mucho bagaje y se nota. Me emocionaron con
su lectura de “La chanson de Prèvert” y la “Habanera del primer amor” que la
bordaron, ambas inolvidables. Y me encanta su crepuscular y deliciosa
“Descalzos por el parque”, otro tema que recuerda en lo musical (y en lo
argumental) a John Sebastian. Me gusta más este
tema que la película, por cierto.
La
segunda e increíble noticia musical de la temporada es la aparición repentina
de un nuevo programa en Radio 3, posiblemente lo mejor que ha sucedido desde
“Flor de Pasión”. Me refiero naturalmente a Melodías
Pizarras, la sensación del momento. El verano ha concluído y nos ha
dejado este mágico regalo que tan bien nos a va a calentar el invierno negro
que se avecina (y no lo digo por las elecciones USA sino por lo que habrá que
apretarse el cinturón en esta España mía, esta España nuestra).
No hay mejor cocktail que
el preparado con el delicioso licor que destilan las añejas melodías a 78 rpm
que seleccionan sabiamente cada viernes a las ocho de la tarde los Hermanos
Pizarro en su sorprendente programa. Analógico y a lo loco. No se puede pedir
más. Un viaje al Pasapoga que está muy en boga. Es de gran importancia para
todos los hogares modernos que no falte nunca Melodías
Pizarras surcando las ondas de la gloriosa FM. Una hora selecta y
exquisita que cumple las exigencias del más refinado paladar, un delicioso
néctar musical. La memoria histórica...pero con ritmo.
Este
programa tiene cualidades curativas pues en su composición entra una selección
de memorables canciones que desde remotos tiempos vienen sancionadas por las
eminencias médico-musicales. Yo ya lo he convertido en mi programa de cabecera.
Y vd. no se demore. Al paladar y al oído deleita. Al sistema muscular -es
imposible no bailar cada ritmillo, cada supertiro- tonifica. Y a la
inteligencia, estimula.
Los Hermanos Pizarro son
unos Raymond Scott o Wilhelm Reich celtibéricos, difusores de un arte perdido,
excelentemente documentados y bien enterados de sus atribuciones que ofrecen un
programa didáctico de aire simpático y ligero que logra inspirar a su creciente
audiencia una alegría y complicidad inmediata.
Gran
rapsodia en fórmulas de diversos temas de orquestas, vedettes, crooners,
jazzmen rancios, minstrels, soneros, cupletistas, Andrews Sisters ibéricas y
toda suerte de artistas de varietés, aderezada por el peculiar humor de la
familia Pizarro: unos hermanos bien avenidos que ya cuentan con una legión de
seguidores.
¡Patrón, encienda la radio
y tráigame un cocktail!