LISTA EPSTEIN AL DESCUBIERTO: ¿LA GLASNOST DE OCCIDENTE?



Está claro que estamos en plena perestroika occidental. Gemelamente inversa de la soviética: si el liquidacionismo de Gorbie implicaba la apertura desde un pasado formalmente autoritario pero en profunda descomposición, el decisionismo desenfrenado de Trump cuestiona un aparente estado anarco/masoquista (lo woke, lo multicultural, lo políticamente correcto) pero mucho más totalitario (en su ambición uniformizadora) que la esclerosada etapa tardosoviética de Breznev. Gorbie se va poco a poco despatarrando ante Reagan, Thatcher, Walesa y Wojtyla. Trump, por el contrario, parece blindarse y sacar músculo ante todo el orbe aunque mantiene una constante comunicación con otros gestores superpoderosos desde una posición de respeto/temor/empatía (nunca de vasallaje). Se rompen puentes y un nuevo orden mundial se augura. La perestroika soviética va descubriendo secretos (muchos años antes, en el tramposo discurso antistaliniano de Kruschev, pareció anticiparse esta dinámica pero fue más bien un juego de ilusionismo): ahora, con la publicación de la Lista Epstein, llega el turno de nuestra glasnost. Lo que sí es seguro es que todo supremacismo moral de Occidente queda por los suelos. La doctrina trumpiana de MIGHT IS RIGHT es ya irreversible (en ASESINATO EN 8 M/M se admite que el magnate que encarga la snuff movie lo hace simplemente PORQUE PUEDE). El secretismo nazi de los campos de exterminio con el tiempo dará paso a las ejecuciones y masacres snuff del islamismo probeta de Al Qaeda y el ISIS, cuanto más visionados, mejor. El secretismo de la Lista Epstein y su agenda de actividades, en parte, se ha ido metabolizando en dosis con nuevas políticas de usos y costumbres que hagan más digeribles sus prácticas de cara al gran público (protocolos LGTBQ+++++, desmadres TRANS, satanismo como una opción más dentro del menú de creencias, canibalismo como acuerdo privado entre adultos, etc). La pregunta es si esto es exclusivamente occidental y judío.

Hay algo en el modo en que se va exponiendo la Lista Epstein que haría pensar en una readaptación en clave porno (hardcore con sus toques de snuff) de los Protocolos de los Ancianos de Sión. Aquello nunca quedará claro si fue un invento de la policía zarista con ínfulas antiutópicas o si hay algo real en su documentación. La lista Epstein es real y lo que no queda claro es si de veras es una estrategia de chantaje israelí para tener a buena parte de los poderes occidentales bien cogidos por las partes íntimas (o sea, su aura más "protocolar"). Cuando comenzaron a difundirse los Protocolos no existía el estado de Israel y el "poder judío" era más una sospecha que una confirmación plena. Aunque los Protocolos pudiesen tener una matriz rusa en su elaboración, quienes mejor los explotaron fueron aquellos que agredieron más ferozmente a Rusia hasta que se los paró en Stalingrado.

El entrañable frenético Céline habría llegado a cumbres apopléticas de conocer todo este asunto de la Lista Epstein (por no hablar de otro frenético ilustre, Ezra Pound). Pero no todo lo judío es epsteiniano ni todo lo epsteiniano es judío ni mucho menos occidental. Uno asocia la agenda de actividades de los cruceros Epstein con Herodes, Herodías y Salomé pero no con la cabeza servida en una bandeja al final de dicho party (de hecho, invectivas de dicha cabeza contra los protagonistas de la fiesta me hacen evocar la dialéctica más corrosiva de Dugin sobre estos temas epsteinianos). Moisés descendiendo del Sinaí tras su encuentro en la cumbre (nunca mejor dicho) con la zarza ardiente y cogiendo un cabreo del quince (al extremo de romper las tablas recién estrenadas) al comprobar cómo su grey se solazaba frente a un becerro de oro no parece muy acorde con la Lista Epstein (los del becerro, en cambio, sí). Diversas judías incorrectas del pasado siglo (Hannah -la novia judía de MH-, Simone -chiita honoraria con su propuesta política de ECHAR RAICES- o Alyssa/Ayn -acusada de nazi desde diversos flancos a lo largo de su vida y tan monolítica en su visión insurgente del capitalismo que haría estallar a éste por sus costuras como justo ocurre ahora si pensamos en gestores tan extremos como el ya mentado Trump o el pluscuamrandiano Elon Musk, como sacado directamente de una de sus novelas-). Los amigos judíos de EJ (un Buber, un Scholem) no se sentirían nada cómodos en el mundo Epstein pero, paradójicamente, uno encajaría mejor a Karl Marx (su rival el también judío Lassalle, en cambio, de seguro que se habría sentido profundamente asqueado).

La publicación de la Lista Epstein es algo bueno sencillamente porque, a diferencia de los Protocolos, confirma su REALIDAD y obliga a toda la política a ser más REAL. Se acabaron las cruzadas y los espejismos de supremacía moral. El ventilador salpica mierda por todo el planeta. En todas partes hay sujetos que harían buen papel en la agenda Epstein y otros que ni por asomo. La exclusividad OCCIDENTAL de la Lista Epstein es cuestionable si pensamos, por ejemplo, en las orgías saudíes en la Marbella que sucedió a mis recuerdos de veraneo o a expresiones tan orientales como TRATA DE BLANCAS, SERRALLO, HAREN o en la pedofilia gerontocrática de Mao (que Perón también emularía en sus años más provectos) visitando colegios con intenciones más lúdicas que docentes (la REVOLUCION CULTURAL es lo que tiene, en sus aspectos más oscuramente parafílicos).

La catarsis iniciada con Trump y que, como la de Gorbie, se sabe cómo empieza pero no cómo acaba, con la publicación de la Lista Epstein da una importante vuelta de tuerca hacia LO IRREVERSIBLE. Quienes consideramos que el mundo antes de enero de 2025 estaba bastante peor con sus rutinas criminales y de miseria moral, ahora que no hay rutinas podemos asumir el porvenir (SEA ESTE EL QUE SEA) con una sonrisa. Porque bien venturoso o espantoso, será REAL.



Una última cosa, en plan Pero Grullo o el Céline post/Dinamarca tan de vuelta de todo (aquello de que, por aquello de su omnipresencia, un día hasta los antisemitas también serán judíos) : el que cuanto más se habla de la Lista Epstein menos se recuerde a Soros, ese titiritero judío tan “protocolar” en sus manejos “antisionistas”, no sé, a mí me mosquea un poco. En fin, ahí lo dejo…



APOSTILLA FINAL

Pero la realidad , que aparte de incorrecta es puñeteramente irónica, aunque el nombre de Soros parezca difuminarse frente al de Epstein, nos trae a colación vinculado a esta galaxia tóxica a Noam Chomsky, masa madre de tanto woke, “anticolonialista” y crítico de los excesos sionistas. Y es que este NO PARAR fecal de descréditos y pérdidas de autoridad moral hace cada vez más difícil los reduccionismos acusadores.

Tal vez la sonrisa última la reserven Confucio y Mencio (y su epígono Lee Kuan Yew, el campeón de la gobernanza que educó al Imperio del Centro para alcanzar el podio sin darle mucha importancia al pelaje del gato sino a su funcionalidad como desratizador). Y tal vez esa sea la clave: la decadencia de las costumbres es nociva porque, en su disfuncionalidad, acaba incidiendo negativamente en la PRAXIS y, sobre todo, en la percepción de la REALIDAD (en que la arboleda de dedos impida ver tanto el bosque como la luna). Atender más a la conciencia del error (que supone propósito de enmienda y una mayor voluntad de no autoengañarse) que a la embriaguez de la culpa (que puede acabar en un zigzagueo de convulsos pendulazos y en el vértigo autocomplaciente de “la buena conciencia”, en la gesticulación más que en la gestión). Y, claro, si todos gesticulan (Hyde Park de púlpitos) y nadie gestiona (ausencia de timones), la cosa no funciona… Ahí lo vuelvo a dejar.