Un reportaje de Esther Peñas
Ellos, que aburren
con sus monsergas embalsamadas,
que besan de memoria y con tristeza.
Ilustrados de sí mismos,
hacen dogma y se les escapa
el núcleo.
Ellos,
que no es que guarden secretos
es que no hablan
más allá de las rancias
cuestiones del partido
(discuten, gruñen, se burlan).
Ellos,
a quienes les falta amor en su dialéctica de azotea
y en lo labios, trigo;
ellos,
que buscan el cometa
en una escala de escombros,
dando lecciones de metralla
—por fascículos—
sin haber sentido una sola vez
el delirio del vuelo.
Ellos,
los inertes,
proclaman la vida
y la envilecen.