Rendir cuentas



una megalopolización de Andrea Byblos a cuenta de cierta lista hoy en boca de todos/as/es





En los últimos tiempos, la degeneración de las élites recuerda demasiado al Imperio Romano. O, al menos, a lo que cuenta Suetonio en las Vidas de los 12 Césares sobre diversos emperadores romanos, a cuál más sucio, degenerado y maníaco.

Las élites siempre han sido degeneradas, constituidas, como están, por personas sin escrúpulos (o lo que ahora se llama “psicópatas”), pero en épocas en las que se construían catedrales se frenaban un poco.

Claro está, en esas épocas de catedrales, misa en latín, monjes y obispos intrigantes, había también mucha degeneración y abusos, y asesinatos, y masacres, y quemaban a las brujas. Sin embargo, la ira divina era muy temida.

Ante muchos fenómenos naturales inexplicables que hoy explica la ciencia, los europeos de aquellos años se encomendaban a lo divino, y creían en lo divino, en un Dios castigador que los observaba e iba a ser implacable en el juicio final. 

Y claro, se cortaban un poco. Encontraban sus excusas para sus delitos, pero se arrepentían de sus pecados. Muchos reyes, de vida disoluta, conforme llegaba el miedo a morir y al infierno, se hacían más beatos, rezaban más, se contenían, hacían buenas obras para compensar.

Con los romanos no era así porque el Olimpo era un putiferio. Había miedo también a la ira divina, pero era algo más relacionado con los caprichos del dios en cuestión y según el día que tuviera, por lo que no era tan importante cumplir las normas para evitar la ira divina. Te podía caer un castigo de todos modos si Júpiter se encaprichaba con alguna y se disfrazaba de cisne, o si Venus le ponía los cuernos a Vulcano. 

También eran más racionales que en la Edad Media en la explicación de algunos fenómenos. Tanto los griegos como los romanos eran prácticos y pragmáticos y buscaban soluciones reales al margen de la ira de los caprichosos dioses.

Y en el siglo XX -el de la racionalidad, la ciencia- se dejó de temer la ira de Dios como en tiempos precedentes y el ateísmo, que nos convirtió en minidioses, se convirtió, quizás, en la religión más extendida en occidente.

No hay miedo a la ira de Dios.

Bueno, hay gente que sí la teme, pero no son tan numerosos, son gente de la calle, humilde y temerosa. 

Y en las élites, esta gente sin escrúpulos, de bajos instintos, se podía limitar en tiempos pasados ante la ira de un ser divino superior castigador, pero ahora el único límite es la ética.

Entre rendir cuentas a un ser divino todopoderoso e implacable y a un yo interior regentado por la ética hay una enorme brecha.

Porque ese yo interior ético siempre será mucho más indulgente, mucho menos implacable que el ser divino. Y encontrará todas las excusas posibles, y seguirá delinquiendo mientras no lo pillen.

Conozco dos personas ateas de mi entorno que en conversaciones triviales siempre sacan lo de la ética, ser éticos. Se consideran muy éticos. Pero yo creo que son dos hijosdeputa que se creen muy éticos. Porque he visto comportamientos de hijosdeputa en ellos (tampoco demasiado, nada que ver con las élites, pero sí lo suficiente para no creerme su ética intachable), pero siempre andan con alguna justificación ética por alguna parte para contentar a su yo interior y su autoestima.

Si eso ocurre así en personas normales, ciudadanos que no han cometido un delito ni tienen desviaciones raras, no quiero ni pensar las justificaciones que deben encontrar las élites en sus yoes interiores. Y la falta total de límites.

Es paradójico que la racionalidad, que nos debería haber servido para ser más justos y más libres, al final nos ponga en manos de la gente más vil, que ahora, más aún que antes, se siente todopoderosa, sin un Dios que le pare los pies. Porque los dioses ahora son ellos mismos.

Quizás sea una de las razones por la que todo parece derrumbarse y degenerarse tan rápidamente y por lo que la mayoría de los dirigentes de hoy sólo parecen figuras grotescas entregadas a sus egos.

Y quizás por ello estaban casi todos en la Lista de Epstein.

Rendir cuentas ante una divinidad quizás fue lo que nos ayudó a sobrevivir por siglos tras la caída del Imperio Romano, por muy poco racional que suene.

Da mucho miedo que se vuelva a una Edad Media aún más oscura y funesta con la ira de Allah. Algo que recuerda mucho a lo que pasó tras la caída del Imperio Romano y su putiferio.

En fin, esto es un sindiós, estamos en tiempos convulsos, caóticos, complicados de entender, y los que tienen que rendir cuentas sólo se las rinden a sí mismos.

Si al menos tuviéramos a Júpiter que pudiera enviarles rayos demoledores... O a Neptuno, que la liara con alguna serpiente marina que diera mucho miedo.

Al menos, los romanos tenían dioses.