Guasa de cuarto y mitad
un desahogo estrangulado de Martina Uwe
Es hermoso volver a las barricadas. Para defendernos de nosotros mismos. Para preservar lo que quede de bello a nuestros pies, lamidos por el mar de la decepción. Hay otros que se atrincheran en el frente común. Encabezados por el que no quiere ser parte del todo, pero sí auriga de esta porción alícuota de poder. Nadie ve contradictorio que alguien que no cree en España (sea lo que sea este concepto) aspire a gobernarla. No nos falta detalle. Estoy, incluso, en tentación de votar esa papeleta. Total, una astracanada más. Y a ver qué ocurre. Que los moraditos de martirio vayan a adherirse al tutifruti está por ver. Depende de que ella, la Norma Desmond de segunda mano, deponga su sed de protagonismo, que viene a ser insaciable, y eso. Porque, si prospera este frente encabezado por el que no quiere el todo (sea lo que sea ese todo llamado España), ¿qué va a ser de ella? Y por cierto, ahora que caigo, votar a alguien con apellido de bergante, tiene su guasa de cuarto y mitad.
Lo de Pedro El Hermoso es de nota. Inasequible a cualquier desaliento. A esto nadie le gana en mérito. Salir con aroma putrefacto, pero salir de toda cueva, entro gruta, socavón. Quizás haya candideces desnortadas que crean que entre él y quien lo defendió en la moción de censura no hay más que una línea en el diagrama de Moncloa, pero es de traca. Y ahí sigue. Como la Tomasa en los títeres.
Se van sacando cositas de la manga, para ver si como el tonto y la linde, nos despistan. Que si el burka y todo eso. La verdad es que, cuando el régimen talibán llegó al poder, estaban indignadísimos (una indignación mayúsculas, como los cuartos traseros de los toros de lidia, con perdón) por cómo menospreciaban a la mujer, entre otras cosas, por la obligación a llevar esa misma prenda que ahora se empeñan en defender aquí. Y la comparan con la toca de las monjas. Ah, no, ¡con la Iglesia hemos topado! Sonroja tener que hacer la aclaración, pero las sores (por cierto, que la palabra sororidad provine de don Miguel de Unamuno, que acudió al concepto para referirse a la fraternidad entre mujeres; sería curioso ver qué opina del uso actual de su vocablo). Las sores, escribíamos. Las hermanas, las monjas, deciden con libertad ingresar en una orden, retirarse —parcial o totalmente— del mundo (¡no me extraña!) y como símbolo, acatan el hábito, que incluye o no la toca, depende de cada comunidad. El burka, en cambio, es una imposición del hombre a la mujer, para evitar que tiente a otros hombres, entre otras lindezas. Entonces sigo sin entender por qué en Afganistán era malo el burka y en España (sea lo que sea este topónimo) no. A mí me parece terrible en cualquier caso. En esto soy muy leal a quienes me enseñaron, como Oriana (¡Cuánto te extrañamos, querida Fallaci!)
Claro que lo que hay al otro lado es igual de patético. El jefe de la oposición (ese niño revirado porque alguien ha conseguido ser califa en lugar del califa y no ha sido él), tiene arrebatos de idiota. Es un Trump contenido. Por tanto, sucedáneo. Por tanto, prescindible. A Trump se parece más la locoide de la comunidad, que es capaz de decir y desdecirse con esa mirada de las que cantaba Pistones. Miren que pongo atención a ver si alguien, en algún momento, por un casual, dice algo inteligente. O respetable. Incluso alguien que termine la frase y no dispare anacolutos cuando habla sin papeles ni telepronter. Tampoco el hombre más enfadado del mundo. Aún no ha tocado poder y ya está corrupto. No en vano, España (sea lo que signifique que sea este país) inventó un género propio, la picaresca. Lo llevaremos en las venas. Espero que también, al menos para compensar, lo quijotesco. O lo calderoniano. Porque aquí, a esos niveles al menos, todo es chusco. No hay clase, ni dignidad, ni elegancia. Por no haber, no hay ya ni chistes. Lo cual es un síntoma de lo atrofiados que estamos. Es verdad que alguien podría observar que ahora los chistes son los memes. Bueno, hay memes divertidos, por supuesto. Pero ya no hay chistes. Los chistes siempre han convivido con las viñetas, las publicaciones… ahora ya se han ido. A algún lugar. Estarán hibernando. Pensarán que nada puede haber más divertido (humor negro, pero humor, al fin y al cabo) que lo que está ocurriendo.
Total, que no quería despedirme sin desaconsejar la lectura del niño de la boina. Lo comencé a leer hace bastantes meses, la península, las casas vacías, el realismo mágico, ya saben. Es malo. Peor. Malísimo. Mal escrito. Compruébenlo. Un pastiche. Un engrudo. Y él, un cansino de esos históricos de Muchachada Nüi. Qué hartura. Si es esto/este el faro de hércules (lo pongo con minúscula para que no me salga erisipela por la metáfora) de la izquierda, todo está perdido.
au revoir!