AYN RAND COMO ARMA CARGADA DE FUTURO (¿en la medida de lo posible?)



[continuando lo ya dicho aquí]





Dios (o sea, la Biblia en sus mil versiones -eso tan usaco...-) y AR, según se ha encuestado, copan el top de lecturas por esos pagos: monoteísmo y egoteísmo (calificado por su autora de ateísmo -pero no olvidemos que hay otros ateísmos que AR consideraba antagónicos por altruistas, socializantes, comunizantes-).



Reflexión doméstica: Vizcaíno Casas fue el más leído en la España de la Transición pero inoperante en la realidad (salvo que consideremos el golpe blando de Armada como su concreción -y tengo mis dudas de que, por muy amigo que fuese de Buero Vallejo, una operación que se pensaba consumar con la entrada en el gobierno, manu militari para mayor chufla, de elementos procedentes del PSOE y del PCE hubiese resultado de su agrado-). Si trasladamos esto a AR en USA, nos encontramos con que los nombres más explícitamente seguidores de su figura que han ocupado los más altos cargos en la administración han sido Alan Greenspan y Donald Trump. Greenspan nunca fue seriamente desautorizado por la propia AR (con quien mantuvo lazos cordiales desde los primeros 50 y aportó datos económicos para LA REBELION DE ATLAS) pero no se sabe cómo la interfecta habría reaccionado a su gestión de la Reserva Federal (iniciada un lustro después de su muerte) y, en cuanto a Trump, queda la incógnita de cómo lo habría considerado. Si pensamos en términos de estricta ortodoxia randiana, tal vez el dirigente occidental más cercano conceptualmente a sus premisas (salvo, claro está, en su sexo) habría sido Margaret Thatcher.



Planteémonos ahora la hipótesis (partiendo de sus palabras, sus acciones y las acciones de sus modelos de ficción) de una Ayn Rand gestora. Si nos atenemos a su biografía, sólo se movió en dos espacios de gestión (dejando aparte su intento de núcleo en base a su apoyo a Willkie como candidato opositor a FDR y, poco más tarde, su campaña en Hollywood contra la subversión comunista -que no llegó muy lejos por su desencuentro inicial con el Comité de Actividades Antiamericanas, que no acabó de valorar los presupuestos elaborados por AR-), el matrimonio y la aventura sectaria Objetivista. En el matrimonio se planteó una película donde ella era directora y guionista (desde la impronta autocrática de su maestro y mentor De Mille) y su marido (extra con dudosas aspiraciones al estrellato -por su carácter poco ambicioso-) actor (cuando Frank improvisaba y desafiaba la pauta -sus labores jardineras en California y su terminal vocación pictórica en Nueva York-, AR o bien lo toleraba sin darle más importancia en tanto no chocase con su "agenda de ruta" o la pareja, en buena medida, ya estaba bastante averiada por el affair Branden -hay una imagen esperpéntica de EL EXTRAÑO VIAJE que asocio a los momentos más anticlimáticos de esta relación: el pase de modelos de Carlos Larrañaga para Tota Alba-). En cuanto a la aventura Objetivista, su rol demiúrgico es aún más claro, situada AR en un plano quasi de zarza ardiente, con su tonante Moisés y/o arcángel encarnado en Nathaniel Branden, pero a la vez alimentándose de otro acólito, Leonard Peikoff, que la inició en no pocas profundidades filosóficas y, tras la ruptura con Branden, sería su heredero/albacea (guardián de la versión más talibanizada de la doctrina randiana).

Y he ahí la clave: AR, más que lideresa (que sería incompatible con su rotunda negación de una mujer presidente), se ve como mentora, como "Espíritu Santo" de quienes gestionen (aquí pienso en dos imágenes, una bastante siniestra -la madre titiritera del Manchurian Candidate y que, obviamente se aproxima al talante de la reseña “con acritud” de Whittaker Chambers cuando define a la creadora de John Galt como BIG SISTER orwelliana-, y otra más positiva -el rol oficial de Mentor que asume Lee Kuan Yew cuando delega sus responsabilidades explícitas en su hijo y que enlaza con esa pléyade incestuosa de agraciados jóvenes “herederos” de su legado intelectual que se inicia con varios seguidores que la visitan en su rancho de San Fernando Valley y culminaría, con final desastroso, en su liason con Branden para resolverse finalmente en la elección más prosaica de Peikoff como albacea/guardián de una aventura intelectual que, con él, quedaba congelada, inasequible a hermeneúticas y ulteriores desarrollos-). Si nos atenemos al libro de ficción más cercano a sus planteamientos de gestión, LA REBELION DE ATLAS, el rol que AR habría asumido en la realidad (de hecho, lo hizo en el organigrama Objetivista) es más el del profesor que ilustra a Galt, D'Anconia y Danneskjold que el del propio Galt, demiurgo a su vez en parte por su condición secretista (curiosamente, hay algo en esa mezcla de liderazgo y secretismo que podemos asociar con determinadas figuras de la ultraizquierda como Lenin hasta su regreso a Rusia y, aun más, con Pol Pot -mucho más "alamútico" y cercano a diversos elementos del fundamentalismo islámico a caballo entre la realidad y el mito- pero también con el Martin Venator jungeriano en su rol de agente durmiente al servicio de su propia potencia) hasta que "sale del armario" como líder neto al final de la novela (y esta vocación demiúrgica reaparecería en la figura del quasi preternatural Charlie dirigiendo a sus ángeles en la serie que tanto llenó las horas postreras de una AR ya casi alejada de todo). El brazo ejecutivo de la secta era Branden y ella era la Inspiración Suprema (nutrida oficiosamente en cuanto a no poco manejo de datos por el erudito en filosofía Peikoff).



Ahora bien, si la aventura Objetivista hubiese llegado a cristalizar políticamente con, por ejemplo, un acólito presidente y una AR tras la cortina (asumiendo algún cargo más neutro o metapolítico), podemos señalar algunas pautas de gestión (y aquí pesan no poco sus declaraciones y reflexiones desde mediados de los 60 que se radicalizarán, primero con su creciente hostilidad contra la contracultura tanto de la New Left como de sus presuntos seguidores anarcocapitalistas, y aún más al romper con Branden y producirse la implosión de la secta). Frente a la coerción activa que supone el modelo autoritario convencional (comunista o anticomunista), tanto la huelga de talentos de LA REBELION DE ATLAS como la ira randiana contra Branden se traducen en un castigo por dejación, una expulsión del Paraíso, una afirmación desafiante del ejercicio de Propiedad y la condena al AHI TE PUDRAS, a la condición de desposeído. Pero, si nos atenemos a sus declaraciones justificando la erradicación de los pieles rojas por el avance pionero (homóloga a la consolidación del estado de Israel, que también defendió -sobre la epopeya trekker sudafricana y su cristalización final en el régimen de apartheid no he encontrado datos pero supongo que, por lo dicho también sobre el segregacionismo y el esclavismo sureño en los USA, habría de esperarse un discurso complejo en el que pesaría en contra de los afrikaners, frente al componente blanco de origen británico, su agrarismo y la regimentación compartimentada en base a etnias y no a talento individual) o a su negativa a manifestaciones en espacios públicos (las protestas sólo podrían ejercerse en espacios privados cuyos propietarios, obviamente, fuesen afines a esas protestas), la "polis" randiana no estaría llena de descontentos o desposeídos deambulando por las calles. ¿Qué se haría con ellos?: un confinamiento tendría que ser temporal porque, ateniendonos a la visión randiana, la política carcelaria y la política asistencial son gemelas en cuanto implican atención y gastos del Estado con respecto a una parte de la población (en caso de que AR hubiese aprobado la pena de muerte el gesto chino postmaoísta de cargar a la familia del ejecutado el coste de la munición empleada habría resultado plenamente acorde con sus premisas): lo más probable sería la desposesión de la ciudadanía y la expulsión del territorio (quedan descartadas las cárceles privadas en tanto espacios explícitos de coerción activa y privación de libertad, que iría frontalmente en contra de los principios randianos: otra cosa sería la psiquiatrización/reeducación de elementos antisociales se supone, más cerca de una visión “dura” -”la cabeza tiene sus razones que el corazón debe aprender a conocer”, antimateria del concepto postmoderno de inteligencia emocional y pensiero debole- que del laxismo antipsiquiátrico -tan “contracultural”-, terreno más ambiguo pero latente en el componente coercitivo de "atención psicológica" que marcó bastante de la dinámica sectaria Objetivista y que llevaría a su más agudo analista, Sciabarra, a hallar un punto estaliniano en la afición por los procesos a miembros de la secta con posibles fallos en sus “premisas” -frente al evangélico “no juzgueis si no quereis ser juzgados”, la consigna era “juzgad y preparaos para ser juzgados”, con un punto de elevación de lo procesal a disciplina olímpica que no habría disgustado al Padrecito-). Y aquí entramos en el tema de la inmigración y expulsión de los "sin papeles": hay algo randiano (por su intención defensiva y “antiparasitaria”) en los "muros" planteados por Trump, Orban o Salvini pero, al tiempo, y dada la fijación con el origen del despegue capitalista usaco en base a un auge de inmigración talentosa, se fomentaría la inmigración selectiva, sin importar condiciones de etnia pero sí de costumbres (esto es, desde una posición rotundamente asimilacionista, profundamente opuesta a cuotas de diversidad multicultural, paridades, discriminación positiva, etc -el rigor de este asimilacionismo se gradualizaría por mor forzoso de funcionalidad, y podría acercarse, sin las restricciones del numerus clausus a que obliga la geografía, a medidas tomadas por Lee Kuan Yew en la construcción del Singapur post/colonial, sin olvidar la ambivalente postura de los constructores del Estado Judío respecto a la afluencia de nueva población-). En cuanto a cómo evitar el desarrollo de un complejo centralizado militar/industrial (su bestia negra a partir de su impronta existencial con la NEP, que ella vería reencarnada en los USA de FDR, Eisenhower, JFK y Johnson), se puede imaginar como plausible una actualización del capitalismo tardoochocentista, con una fluida coordinación entre un núcleo presidencial fuerte y definido (aquí podríamos pensar tanto en el liderazgo intentado por Nixon -procurando el puenteo de burocracias- y ejercido plenamente por el ya mentado Lee Kuan Yew) y una red de entidades privadas comandadas por decididos "capitanes de industria" (¿con un punto tecnofeudal que podría recordar a la relación entre rey y nobles antes de la monarquía absoluta y la mutación de los nobles hidalgos en serviles cortesanos?). Una variante (incidiendo más en la afirmación de la propiedad que en la soberanía territorial) del discurso neoconfederado de "los derechos de los Estados" que, en el fondo, podría acercarse más al reseteo/nuevo acuerdo de Putin con algunos oligarcas tras superar el caos gangsteril del yeltsinato (reseteo también, si lo pensamos, muy tecnofeudal).



La aversión visceral que tenía AR por el desorden establecido (fuese institucional o contracultural) la habría llevado a valorar espacios libres de subversión (o donde la contestación fuese muy débil): todo lo contrario al low profile rajoyano en relación con el zetapodemismo. Si, tras su identificación de los revoltosos neoizquierdistas y anarcocapitalistas en un mismo cajón de sastre, su valoración de la disidencia en el campo comunista (más cercana en su momento a un tecnocrático como Sakharov que al, a sus ojos, arcaizante y rusófilo Solzhenitsin) no sabemos en qué habría devenido tras seguir el curso de la Perestroika (con sus ambiguos ecos de la NEP), el caos yeltsiniano (con su caricatura tribal del capitalismo, más regresión que progreso y, encima, condicionada por la “infame pareja neokennedyana” de los Clinton -en las críticas con que Camille Paglia expresa su profundo desencanto de ambos hay plausibles ecos randianos-) y la restauración putiniana (frente al débil Gorbie y el mostrenco Yeltsin, la imagen de Putin, incluyendo sus aspectos más pintorescos -masculina, carismática, con esa acusación de “aspergeriano” que lo enlaza, aparte la querencia randiana por el Mike Hammer rompehuesos de Mickey Spillane, con aquellos elementos antisociales descubiertos en las páginas de sucesos que en los últimos 20 inspirarían los primeros esbozos de Howard Roark-, asumiendo valores individualistas dentro de su compleja síntesis reestructuradora -Ilarionov, asesor en los primeros cinco años del mandato putiniano y más tarde opositor a su política de reafirmación soberanista, lo introdujo, por cierto, en la filosofía y obra de AR, y las medidas funcionales de economía capitalista que el yeltsinato fue incapaz de implementar las asumió Putin a comienzos del presente siglo dentro de su sincretismo realpolítiko, a la vez que recuperaba los aspectos más patrióticos del Padrecito y la memoria dinástica de los Romanov, en una visión estereoscópica con algo de la zarina Catalina, más cercana en su trascendencia intrahistórica a la China de Deng o al Singapur de Lee Kuan Yew que a los "demonios familiares" tan propios de un Occidente cada vez más babelizado y autofágico- sin olvidar el común paisanaje petersburgués), en contraposición con el secuestro de Occidente por Lo Políticamente Correcto (metástasis absoluta de lo altruista/parasitario tan detestado por AR y defendido básicamente, para más inri, no por la coerción física, sino por el chantaje moral, el atributo más tóxico de los villanos randianos -por cierto, de los varios contrahechos ¿retoños? emanados de su doctrina, siempre por el sesgo libertino/libertario, ha de señalarse la contribución de la cismática “psicología de la autoestima” de Branden a algo tan ajeno a AR como el “orgullo gay” y su deseo de convertir una parafilia en norma: otro hito en la secuencia de acontecimientos que habrían incitado a Rand a incrementar su valoración de la dureza frente al laxismo-). A partir de los 70 AR, marcada por diversos traumas, estaba entrando en una fase de reconsideración que tendía más a la Autoridad que a una "libertad" cada vez más monopolizada por lo caótico, parasitario y disfuncional. De vivir ahora y hacer balance de tantas paradojas experimentadas en el planeta desde la tan deseada (¿la maldición de los deseos que se cumplen?) caída de la URSS ¿no contemplaría retrospectivamente a los revoltosos del 89 en Tien An Men o a los "libertarios" antiPutin o a los maidanes y "primaveras" con la misma hostilidad que ella había sentido por la contestación que acosó y acabó por derribar a Nixon? (hostilidad pareja a la sentida por los más altos dirigentes chinos tanto Mao como Deng, quienes invitarían al ex/presidente a visitas de alto nivel una y otra vez y exigirían, en el caso de Deng, que Nixon fuese incluido en la primera recepción que el nuevo premier chino tuvo en los USA, con gran escándalo del inepto Carter y su equipo de pornógrafos de la buena conciencia -curioso anticipo varias décadas antes de la "química" entre el formalmente randiano Trump y el Putin recuperador de las figuras tanto de Stalin como de los Romanov, ante la nueva escandalera de los herederos de Carter y McGovern, campeones de la "nixonfobia", los cenagosos maniobreros del Deep State, hoy representados por un Biden terminal y su magma “no binario”-) ¿Y no rumiaría como cercanas a su decepción de tanto y de tantos las incisivas perogrulladas (sobre el liderazgo, sobre los errores asistencialistas, sobre el valor de la meritocracia frente al igualitarismo democrático, sobre el nocivo rol de los media, sobre el creciente libertinaje y disolución de las costumbres) en las que un extremooriental del sudeste asiático expresó cómo sacar (¡en poco más de una década!) a su pequeña isla del subdesarrollo al top mundial de los países más prósperos (hazaña, por cierto, digna de una ficción de las que AR desistió de escribir justo -¿una ironía más?- cuando Singapur iniciaba su despegue).



Entre la redacción inflexible de unas tablas de la Ley Randiana (cuyo Moisés definitivo sería Peikoff) y la circunstancia (mucho más abierta a ambivalencias por imperativo de Realidad) de una posible oportunidad de gestión, conociendo la compleja etopeya de AR (más contradictoria -en el sentido unamuniano- de lo que su estereotipo unidimensional nos ofrece -pero profundamente neta y clarineta en su ambición de incidir en el entorno-), dudo mucho que autosabotease la posibilidad de protagonizar la praxis por una latría, sin apenas espacio de maniobra, a la letra de esa Ley. AR, por su propio temperamento, jamás habría sido rehén de sí misma, como no lo fue de otros. Ahí su egoteísmo podría considerarse trascendido por su Ateísmo en aras a su concepción soberana de la vida plenamente vivida por quienes son capaces de ello. Si su primer dilema con el que lidiar fue INDIVIDUALISMO vs COLECTIVISMO y el siguiente fue RAZON vs MISTICISMO, de haber vivido la postmodernidad y su antiutópico corolario, lo Políticamente Correcto, habría tenido que encarar el dilema definitivo, REALIDAD vs REALITY...





"De ahora en adelante tú no te permitirás ningún pensamiento acerca de ti misma. Tú no existes. Tú eres sólo una máquina de escribir. Tú no debes ser otra cosa que voluntad. Tú debes saber lo que quieres y hacerlo. Todo voluntad y control. Y manda el resto al infierno." (notas de AR justo cuando en su país natal comenzaba el primer Plan Quinquenal)



Queda claro que esta entrada va dirigida mayormente a personal relativamente iniciado en AR. Para elementos más legos, una buena introducción a su vida y obra es este texto.