ANTÍTESIS XXI, EL COLAPSO
lo dijo
LIMBO PIEDRA
variaciones
sobre la primera foto: THE LEFT HAND
“Pero antes
perdón una pregunta
¿cuánto te mide a ti la claridad?”
Del poema No haber nacido (Editorial Delirio, 2008),
Gonzalo Escarpa.
1.EL MIMBRE
He venido
para contarte una ciudad que existe. En una de sus calles, hoy, te has cruzado
con la más apetecible señora mulata entrada en años y en carnes; si bien, no
tantos, ni tantas, que vencieran a tu apetito. Os mirasteis, eso fue todo;
sonreísteis la mulata y tú dejando la ocasión para atraparla más tarde, en dios
sabe qué cuerpos. He venido a contarte mi ciudad, donde las muchachas beben
vasitos de cerveza en el vagón del metro y saborean el licor como viejas
desdentadas. Ciudad de cuerpos que se absorben y abandonan. Ciudad del no amor
y los disfraces. Ciudad de nadie ni nada. ¿Quién no ha vertido a la profunda
opción de “eliminar” un mensaje de amor? ¿Quién no ha negado aquí tres
mil veces su alma?
* * *
A base de
borracheras y mujeres efímeras logras desmembrarte. Después, no hay vuelta
atrás ni lágrima que merezca la pena. Estás sólo y al alcance de cualquiera. A
veces gastas tu dinero cenando con extrañas en preciosos restaurantes de los
que sales desplumado, eufórico y bello. Y siempre eres tú. Roto. Muerto.
Sonriente. Tú por mi senda. Ocupado en los problemas de otros que apenas
intuyen la friolera de los tuyos. ¡Cuánto hubieras deseado ser una persona
adulta y responsable! No estar dispuesto a mí como el resto de los hombres lo
están a la certidumbre de una vida sosegada. ¿Puede uno jugar al póquer contra
el futuro? ¿Por qué no inundarse de alcohol hasta perder toda noción de mesura
y terminar la noche consumiendo cocaína en casa de una vieja dama, deslizarte
en su dormitorio y abrazarla en la oscuridad?
No deseo
ordenar ni poner límite: sólo el reflejo.
* * *
El fin de la jornada cuando no has sucumbido: beber vino y mirar
a través del cristal, ver pasar gente. ¡Qué más te da que nadie sepa lo solos
que estamos! Bastaría esa verdad para no desperdiciar nuestra naturaleza
misteriosa y bestial caminando inútilmente sobre alfombras de hormigón.
Luego está el anhelo de infinito.
El dolor.
Tus pies surcando.
Dime, ¿qué
cesta haré de ti?
* * *
También te vi en aquel local donde unas chicas recitaban
poesía. Lo hacían en memoria de un difunto y tú las interrumpiste para reírte
en mi nombre. Por eso te felicitaron muchos más que aquellos otros que
quisieron pegarte. ¡Cuánto te hubiera gustado sacudir tres o cuatro porrazos!
¡Y cuánto te hubieras arrepentido, a pesar de que una nariz rota es siempre una
ofrenda que aprecio y aún cuando a veces merecerías ascender a los cielos!
Pobre de ti, que nada sabes de ti y lloras siempre.
Si sólo hubiera habido un hombre entre aquellos, te hubiese
cogido dulcemente por los codos, te hubiera preguntado qué haces y por qué, y
habría apelado a tu razón. Entonces, te habrías convertido. Porque somos
obedientes. Nos dicen, calla: y nos callamos. Nos dicen, vete: y nos vamos. No
dicen nada y arrasamos con todo. Somos abrasivos tú y yo: el ácido que circula
por esta ciudad previa al colapso definitivo. Crueldad bien empleada hace
falta, furor. Te lo he dicho: no se sale de la Verdad. Y ahora estás empezando.

2. CEREMONIA
La mañana que vayas a pegarte un tiro será el día que ardas de vergüenza. Estaremos frente a frente nosotros dos, y no te será dado negar nada.
¿Tan poca fe tienes que no atiendes al verdugo?
Todos esos velos que te cubren la cara, ¿con qué fin los has
ido colgando?
Ten en cuenta que tú haces la vida. ¡Oh, querido joven!
¡Muchacho! Asumo que no aprecies el regalo y te dediques a quejarte como un
perro faldero. Asumo que te consideres justificado para contravenir el orden
natural, y que por eso te engañes a ti y engañes a los tuyos; pero conmigo no
puedes: el Íntimo te contempla. Cada
leve movimiento mío te impregna de algo que odias y amas a partes iguales.
Tendrás que descubrirlo tú. Te diré, sin embargo, que temes a la Muerte porque
la Muerte es conciencia. Y ambas te pertenecen. Mi único bien ha consistido en
no creer jamás en tu palabra. Ni cuando decías quererme tanto y te acercabas a
mí, por detrás, con la esperanza de que mi roce te instruyera.
La mañana en la que corras a pegarte un tiro como las vacas
corren hacia el tractor del heno, yo no permitiré que te hagas daño.

3. FRÍA Y EN BANDEJA
Pasearemos la bandeja y los
amargos comerán por costumbre. Tú y yo estaremos callados. Les oiremos
decir todas esas cosas, banco mundial, G8, análisis financiero, riesgo
crediticio, prensa. Ni siquiera repararán en nosotros. Quizá en ti sí. Quizá te
den una palmada en la espalda, bromeen y quieran una pequeña muestra de
ingenio.
No debes dársela.
Recuerda siempre que no entienden la verdad.
Déjate pasar por tonto. Después, seguiremos tú y yo con
nuestra bandeja llena de fiambres que ellos irán metiéndose en la boca con sus
manos sacrílegas.
Tú El Borracho y yo El Invisible.
Tú El Don Nadie y yo que no existo, daremos cuenta de ellos.
Cada nombre acompañado de un número.
Cuando esto acabe, les designaremos un trabajo,
enterradores. Si lo prefieren, podrán tumbarse en la hoyanca y esperar una
palada de tierra tras otra. En cualquier caso, permíteles que hoy jueguen a que
saben lo que sucede y a que, por tanto y por cuánto, nos darán el remedio. Sólo
retrasan los relojes porque piensan que así tendrán más tiempo. Pero tú y yo
percibimos el cambio de color en su piel.
Han comido de nuestra bandeja.
Y guardamos silencio.

4. SUBVERSIVOS
Son capaces de cualquier cosa con tal de asegurarse el
territorio. Van en grupo, visten igual, se peinan igual, dicen las mismas
cosas, aseguran que unos son de aquí y otros de allá, unos rojos y otros
azules, pero todos quieren, únicamente, ser los amos. Recalifican solares, se
cambian las chaquetas, compran con tu dinero trajes a medida y llenan con
billetes los bolsillos de esos mismos trajes. Después de robarte, niegan que la
nieve sea blanca y oscura la noche, pero en la mesa del ágape suben los
impuestos. Ellos nunca pagan, a ellos les regalan todo. Tienden a la manada
para esconder sus faltas o bien son ellos mismos quienes se destripan. Su juego
favorito: la puñalada trapera.
No tienen rostro.
Llenaremos la urna de cenizas, las suyas. El orden y el
concierto lo agradecerán. Sensatez,
derrotadas las bandas urbanas. Cordura, los subversivos eran ellos. Sentido
común, nuestra mirada.
Una vez que a sus maestros y sublimes les birlamos la caja
fuerte, los días de estos pandilleros están contados. No encontrarán por más
tiempo quien les fíe. Maadof ha muerto, escupe sobre Maadof.
Podéis llamarlo un mero ajuste de cuentas, cosas del hampa.

5. SV
SV es pobre.
SV recibe una pensión del Estado.
A SV le gustan los niños.
Los secuestra en su casa pequeña y sucia.
Le preguntaron si había sido él.
«Yo no», respondió.
Después, en la cárcel, sólo le preocupaba recibir su pensión
del Estado.
Él aún vive.
La niña no.
Sé muy bien que te preguntaste lo que hacer con ese hombre.
Y sé muy bien que te viste entrando en la habitación donde él estaba. No
vacilaste en extender tu brazo, que es fuerte y sujetaba una pistola. Y se muy
bien que lo mataste para poder afirmar que los monstruos no merecen piedad. En
realidad, gastar un céntimo en alimentar a SV es una pérdida para el Estado.
La pérdida, es todavía más grave para la moral.
Pero qué moral existe en esta ciudad, ¿no es cierto? En esta
ciudad sólo existen los derechos. Otro bonito neón luminiscente. Algún día te
enseñaré los negativos de cada fotografía. ¡Me verás muy luminoso en
ellas!
Hay una que te
encantará, la niña está metida en un carro de la compra.

En la ciudad que existe, las autoridades no
pueden impedir que los viejos se masturben en la calle, por debajo de la
gabardina, mientras miran a una mendiga desmirlada y alcohólica que les
insulta.
¡Ah… la bonita ciudad!
Preciosos carteles de neón, derechos
humanos, paz y amor, solidaridad, Cristo Jesús, tolerancia, ONU, Vaticano, la
Haya. ¡Qué contentos van los hombres con sus abrigos azules! «Adiós, princesa,
hasta por noche», se despiden y no llegan a decir: «cuando después de frotarme contra el culo de la secretaria venga a
darte un casto beso.»
¡Qué pura es la mentira!
Pero yo he entrado a tu espejo para que veas
lo real. No mires más allá de tu
carne. ¡No culpes a la carne!, es ella quien te señala y yo la creo. Lo siento
pero no podrás escabullirte, te estoy hablando a ti. ¿Recuerdas la última vez?
A vosotros os gusta nacer porque nacer os permite el olvido. Yo voy a
manteneros vivos. Y hurgaréis con vuestros dedos dentro del corazón.
* * *
Alcohol y cocaína, buenas noches mi amor.
Cuatro esquinitas tiene mi cama.
Cierra los ojos al pozo del alma.
Tremendas erecciones del ego y de la polla,
fugaces.
Cuatro angelitos drogados me guardan.
¡Qué malos son los demás y qué justificados
vosotros!
Profeta,
¿no percibes el cosquilleo de mis plumas?
Me
gustaría saber de qué color las imaginas…
Pero
antes, debieras observarte devastado.
Si
no, ¿qué éxito puedo esperar de ti?
Jesusito
de mi vida, eres niño como yo, por eso me meto tanto que me parto el corazón.
8. TERMINAL
La Terminal del Abismo no le gusta a la mentira, quiere huir
como una histérica alimaña. Solamente a mí me importas y no tendré piedad.
Sigue mirando al espejo hasta que se desprenda la retina. Quieras o no, vas a
verlo. Van a pensarte los intestinos, chico. Todo el día hablándote las tripas.
«Jamás consientas en falso» te dirán.
No es en balde mi presencia.
Recuerda aquel verso de Robert Browning:
this is our master, famous, calm and dead
/ borne on our sholuders / (…) this
man decided not to Live but Know
Ya no quedan billetes de
ida.
Eres mi plan y eres el único.
9. ANTICRISTO
No digas que no te quiero por contarte la verdad.
Nada de perdón en el último minuto. Aquí, suda sangre y te
perdono. Nada de arrodillarte en una esquina. Nada de fórmulas blanqueadoras.
Nada de sumarte a la fila del pan ácimo con las manos a la espalda. A mi tú no
me comes y ya es tarde para que yo no lo haga contigo. Cuando te veas en el
plato quizá reacciones y quieras volver a ser un cuerpo con órdenes para sí
mismo: no tomarás tu nombre en vano. El mío, ni siquiera te atreverás a
mencionarlo.
Acabarás agradeciendo la solidez incontestable del suelo.
* * *
A Vertedero Club
llegan, compungidos, con sus sacos de mierda: los cuerpos.
Los sueltan entre la bancada y esperan a que el
Terrateniente ponga precio a la mercancía. Te lo diré, van a misa como otros
van de putas. Echan un rezo rápido y se largan dejando unas monedas. Pero
siempre vuelven al confesionario, compungidos, con sus sacos de mierda: los
cuerpos.
Una canita al aire los domingos, ¿acaso ayuda en algo a los
malvados?
* * *
El Terrateniente no desea enseñarles a vivir.
¡Pero, ah, amigo!, tus fieles son ahora mis lobos.
No sabes cómo ha sucedido y el rebaño aúlla.
Dime, ¿quién crees
que les escucha?
Por eso he venido a quebrarte la mandíbula, Terrateniente.
Porque de todo esto no quisiste saber nada hasta que llegué
y te agarré por el pescuezo para sacarte de la ciudad.
Ahora, créeme, la suerte ya está echada.
Y juro no querer verte.
*
Catarsis. (Del gr.
Κάθαρσις, purga, purificación).
f. Entre los antiguos
griegos, purificación ritual de personas o cosas afectadas de alguna impureza.
||2. Efecto que causa la tragedia en el espectador al suscitar y purificar la
compasión, el temor u horror y otras emociones. ||3. Purificación, liberación transformación interior suscitados por una experiencia vital
profunda. ||4. Eliminación de recuerdos que perturban la conciencia o el
equilibrio nervioso. ||5. Biol. Expulsión espontánea o provocada de
sustancias nocivas al organismo.
*