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CASILDA D. MENTE

 

 

programa 24 enero 2007

 

SOMOS DE OTRO TIEMPO

(letra y música: Fernando Márquez)

(intérpretes: Fernando –voz-, Charlie –armadillo, base programada, voz acompañamiento-)

 

CON PACIENCIA

(letra: Fernando Márquez – música: Charlie Mysterio)

(intérpretes: Fernando –voz-, Charlie –guitarra-; Clara –voz acompañamiento-)

 

LAS VIRGENES SHIBUYAS

(letra y música: Fernando Márquez)

(intérpretes: Fernando –voz-, Antonio –base programada -, Charlie –teclado-, Clara –coros-)

 

LA PLUMA ELECTRICA

(deconstrucción de un tema de KAKA DE LUXE)

(intérpretes: Fernando –voz-, Antonio –bajo y base programada -, Charlie –teclado-, César –1ª guitarra-, Clara –guitarra rítmica-)

 

EL AMOR REDUX

(letra y música: Fernando Márquez)

(intérpretes: Fernando –voz-, Clara –voz, punteo brincoso-, Antonio –bajo-, Charlie –teclado-, César –guitarra con tralla-, Angel –batería-)

 

SUNSET BOULEVARD

(letra y música: Fernando Márquez)

(intérpretes: Fernando –voz-, Clara –voz, guitarra rítmica-, Antonio –bajo-, Charlie –teclado-, César –1ª guitarra-, Angel –batería-)

 

EL CAZADOR

(versión del tema central de la película de Michael Cimino)

(intérpretes: Clara –punteo-, César –guitarra rítmica-)

 

TIEMPOS NUEVOS, TIEMPOS SALVAJES

(homenaje a Jorge Martínez)

(intérpretes: Fernando –voz-, Antonio –bajo-, Charlie –teclado-, César –1ª guitarra-, Clara –guitarra rítmica-, Angel –batería-)

 

MOIRA TE ESPERA

(letra y música: Fernando Márquez)

(intérpretes: Fernando –voz-, Antonio –bajo-, Charlie –teclado-, César –1ª guitarra-, Clara –guitarra rítmica, voz acompañamiento-, Angel –batería-)

 

ESPEJISMO

(letra y música: Fernando Márquez)

(intérpretes: Fernando –voz-, Antonio –bajo-, Charlie –teclado-, Clara –1ª guitarra-, César –guitarra rítmica-, Angel –batería-)

 

UNA CICATRIZ

(letra y música: Fernando Márquez)

(intérpretes: Fernando –voz-, Antonio –bajo-, Charlie –teclado-, César –guitarra-, Clara –guitarra, voz acompañamiento-, Angel –batería-)

 

EL SENDERO

(poema de Esther Peñas musicado por Fernando Márquez)

(intérpretes: Fernando –voz-, Antonio –bajo-, Charlie –teclado-, César –1ª guitarra-, Clara –guitarra rítmica, pronunciación palabra mágica-, Angel –batería-, Helena –improvisación vocal-)

 

MUSICA MODERNA

(letra y música: Fernando Márquez)

(intérpretes: Fernando –voz-, Antonio –bajo-, Charlie –teclado-, César y Clara –guitarras-, Angel –batería-, Helena –improvisación vocal-)

 

 

Bis

 

LOS JARDINES DE KENSINGTON (WALK ON THE WILD SIDE)

(versión de Patty Pravo)

(intérpretes: Fernando –voz-, Antonio –bajo-, Charlie –teclado-, César –1ª guitarra-, Clara –guitarra rítmica-, Angel –batería-)

 

EN CUALQUIER FIESTA

(letra y música: Fernando Márquez)

(intérpretes: Fernando –voz-, Antonio –bajo-, Charlie –teclado-, César –guitarra-, Clara –guitarra, voz acompañamiento-, Angel –batería-)

 

 

Bis II

 

LLEGANDO HASTA EL FINAL

(homenaje a Carlos Berlanga)

(intérpretes: Fernando –voz-, Charlie –armadillo, base programada-)

 

 

 

 

  

 

 

En junio de 2002, con motivo de la presentación del cd SANGRE SABIA, algunos de los presentes ya pisamos este escenario.

Aparte de mí, estaban Angel, César y Antonio, quien se encargo, amén del bajo, de arreglar el disco que nos convocaba.

 

 

 

  

 

Charlie, mi Jerry Maguire: amigo, agente y músico de cabecera.

 

 

   

 

   

 

Clara, criatura aplicada y talentosa, sin cuyos arropes y acompañamientos

tanto vocales como instrumentales mis inseguridades ante el directo serían mucho mayores.

 

 

 

Helena, un auténtico regalo del destino para quien,

como yo, ha ejercido por décadas de oficiante fiel

en los altares de diosas como Enya, Nico o María del Mar Bonet.

 

 

 

Era un aliciente ver a Fernando Márquez El Zurdo lejos de los ambientes familiares y recoletos de anteriores conciertos semiprivados. En El Sol había añorantes, desinformados, alabarderos y elementos hostiles. Se puede decir que El Zurdo jugaba fuera de casa y solventó el lance con nota. En ningún momento perdió la compostura ante las palabras ofensivas vertidas por ciertos elementos, y los nostálgicos se dieron de bruces con el nuevo sonido y las propuestas de La Mueca. Anticlimático siempre, con la ataraxia prendida de su jersey cuartelado, El Zurdo se dio el gustazo de omitir el PARA TI, el himno de la Movida, y en esa omisión hay toda una declaración de principios. Los turistas del pasado y los críticos seniles que esperaban asomarse a las vitrinas de un salón de antigüedades se vieron defraudados. En su lugar nos deleitó con un homenaje elegante a Carlos Berlanga: una espléndida versión de LLEGANDO HASTA EL FINAL. En la dimensión en que se mueve El Zurdo no hay lugar para el “quedar bien” o las trampas del mercado. Abrió su repertorio como acostumbra, con la exquisita SOMOS DE OTRO TIEMPO, un mano a mano con Charlie Mysterio, una luminosa agresión a tantas imposturas. Tan delicado hor d´oeuvre dio paso a temas nuevos, como los bonus del redivivo álbum de POP DECÓ: la versión de CON PACIENCIA –los rasgos cosmo/marcianos de la versión en estudio y los arreglos acaramelados como de cajas musicales devienen una pieza desnudísima–, UNA CICATRIZ o EL SENDERO. MÚSICA MODERNA tenía cierto aire de saeta en la vigorosa voz de Helena, que siempre aporta un aire de aquelarre a la performance con su pelo incendiado.

Me gustaron especialmente LAS VÍRGENES SHIBUYAS, ese trip amarillo de ritmos mórbidos, EN CUALQUIER FIESTA, envuelto en un disfraz de bossa con reminiscencias de artefacto cocktail, y LA PLUMA ELÉCTRICA, más lúgubre que kakesca, que por muy inverosímil que parezca aún hoy se deja oír. Los temas de instrumentación más sencilla, acicalando la voz de El Zurdo, son una exquisita sorpresa. La versión de TIEMPOS NUEVOS, TIEMPOS SALVAJES tiene un sugerente toque Santana, y no podía faltar el homenaje peterpanesco a I Giardini di Kensington de Patty Pravo.

Para entonces, la persona que me acompañaba dijo que no podía irse sin ver los zapatos de Charlie Mysterio, el Señor de los Climas. No pareció defraudada: eran unos zapatos historiados que condecían bien con el chaleco de un billón de liras, ya sea con su armadillo o con el introspectivo aire hiperresponsabilizado que gasta a los teclados.

No puedo dejar de mencionar el espléndido papel de la hierática Clara en la guitarra y los coros –todo un descubrimiento, con un protagonismo mayor que en la anterior comparecencia en Siroco– y del resto de los músicos –Pazos, Ángel y César–. Un lujo.

 

(ELDERLY)

 

 

 

Esto no es Hawaii (no, señor, esto es La Mueca)

 

 

 

La importancia de llamarse Jorge (Berlanga)

 

 

 

Linea de (negra) Sombra: Dildus Maximus y Kaiser Xose, os mutantes do Ferrol. 

 

 

 

A Willy le gustaron los TIEMPOS NUEVOS

 

 

 

 

EL SENDERO, retratos de familia:

foto 1 (los orgullosos progenitores + la voz que pronuncia el vocablo)

foto 2 (el arreglista + la voz de Gaia)

 

 

 

LA NOCHE MÁS ABYECTA

 

Ciertos acontecimiento insólitos turban la tranquilidad. El concierto de Fernando Márquez, apodado ‘El Zurdo’ –por su trazo siniestro y sinuoso para con los contornos de un mundo en cómic-, quebró la atonía roma y habitual de los homenajes en torno a ese periodo, ‘La Movida’, del que pocos como él, fundador sobrio y soberbio –por la elocuencia y lucidez-, conocen sus alambicadas costuras y deshilachadas venganzas y desquites.

El descenso por la legendaria sala ‘El Sol’ –carente de resquicios lumínicos, en sentido literal y literario- era una premonición diáfana. Nos adentrábamos en los abismos. Cirlot escribió que toda forma abisal posee en sí misma una dualidad fascinadora. ‘El Zurdo’, para quienes le conocen o hasta él han llegado libres de resquemor y flaqueza bienpensante, vacíos de prejuicios que sojuzgan y entretejen, es la expresión que remite –como en un conjuro- a una admiración minoritaria y de algún modo privilegiada por parte de un grupo de leales; es la expresión que hospeda sin delimitar cierta rareza, entendida como excepcionalidad.  Es la dualidad de la suma.

En épocas de supersticiones musicales, destilando moho y bazofia, de creencias en seres de ultratumba que hasta la muerte rechaza (pese a que aún se sostienen aunque talento ignoraron siempre), aparece la impostura de Fernando, su prosa imaginativa, sugerente, bitácora de honestidad devaluada por incautas sanguijuelas de lo ajeno.

‘El Zurdo’, ya nos lo han pensado por nosotros, es malo, perverso, ignominioso, despreciable, servil, monstruoso ser fascista (cómo degustan este vocablo en sus hinchados labios, ellos, contando dinero a cualquier precio). Y, sin embargo, jamás disfruté tanto de estar tan cerca de lo abyecto. Fue un narcótico contra la mediocridad de los medios, que vapulean a esta figura sofisticada de delicado aliento y alientan a esos otros grandes popes cuyos nombre no recuerdo u olvido por displicencia y desacato.

Sobre el escenario (“qué viejo”, le espeta un alma enjuta, arañada por los años en falso que ha ido acumulando, en suspenso) entra él, el maligno. El olor a azufre sin duda tiene que andar rondando, mas no lo distingo. Es el licántropo, él, insisto, Fernando. En él se proyectan –por lo distinguidamente oscuro- Goethe, Byron, Polidori, Maupassant, Lovecraft, Poe y Stocker. Su don oscuro se perpetra, y nuestro hálito humano deja el cuerpo a los primeros compases de la pequeña guitarra del maestro, imponiendo su misterio como una premisa del banquete. A quienes escuchamos, atentos, nos emerge el espíritu vampírico. Voluptuosos, enigmáticos y fascinantes. Charlie y Fernando.

Sin embargo, cinco canciones después, una vez en escenario el resto de la criptozoología musical que conforma la banda de ‘El Zurdo’, hay quienes sufren enfermedades genéticas (las porfirias) y quienes padecen graves trastornos psíquicos, seres propicios a convertirse en adictos insaciables de los clásicos superados. “¡Para ti!” insiste una de estas muecas que ya no callará, repitiendo la descarada exigencia de quien carece de patente de corso. Y no se desinfla, sino que, a cada tema interpretado con delicadeza extrema, arremete invocando como en un sortilegio desleído, rúbricas de canciones de otros momentos que no eran este. El licántropo, fiel una vez más a su estirpe, no se vende sino que trastoca todos los programas y órdenes de locutores que retransmiten en tercera independiente y se sienten estafados porque, en el ecuador de esta cita inverosímil, todavía no se han combinado los acordes conocidos.

Y sale Clara, empusa del Hades que nos reúne. Y se ofician otros nombres: el guitarrista, César; el bajo, Antonio; el batería, Ángel. Y en el averno último aparece ese cielo oficiante llamado Helena, o quizás Lilith, esa mujer, la mujer talmúdica seductora de cabellos largos y enredados, de insólita belleza y gran sensibilidad. Atentos. Su voz, como en un afluente de posibles, recorta los recodos y lacera. Nos envuelve y nos deporta con fluición.

Y hay, ya extasiados por la voluptuosidad aristocrática de lo no mundano, harpías, estrigas, lamias... había íncubos y súcubos, oscuros reflejos de nuestra imaginación más mórbida. Y también personas bienpensantes, correctas, que eructaban exabruptos porque esperaban más de lo mismo y de lo mismo, nada. ‘En cualquier fiesta’, tal vez, un requiebro en el camino pero enfundado con ropajes nuevos. Ni por esas. Los bienpensantes no estaban saciados. Imbatible, el desaforado vociferante de “¡Para ti!” tampoco parece haber escuchado nada de lo que allí se ha urdido. Incluso Ordovás, desde tan lejos, queda perplejo cuando él define el final del concierto como una “normal pausa para retomar fuerza”.

Ni siquiera Nicoletta Strambelli, con la ingenuidad deliciosa de Patty Pravo, pudo con ellos, con esos bienpensantes que hubieran agradecido a Fernando una involución, un talento varado, su no-yo. Por fortuna, él hizo lo que sabe hacer, música moderna. Su reto es él mismo. Como Howard Roark, es un creador constante, un mutante del desafío, un servidor de nadie, dispuesto a sacrificarlo todo con tal de no plegarse nunca a la voluntad, las veleidades o los caprichos de los demás. Sabe lo que quiere hacer y sólo hará aquello que él cree que debe hacer. "La mente es un atributo del individuo. No existe una cosa tal como un cerebro colectivo. No hay una cosa tal como el pensamiento colectivo. Un acuerdo realizado por un grupo de hombres es sólo un compromiso o un promedio extraído de muchos pensamientos individuales. El proceso de la razón debe ser ejecutado por cada hombre solo".

Nunca estar tan cerca de lo abyecto fue tan placentero.

 

 

 

PS

 

Me hubiera gustado hablar de nuestra criatura, porque cada vez que la oigo -en directo mucho más- siento una amalgaama de sensaciones que son muy complicadas de transcribir o de que tomen cuerpo en alguna metáfora más o menos acertada. Lo he intentado, tratar de desdibujar algunas líneas de lo que proyecta el tema, el sendero, que es uno de los senderos que nos unen y que, como tal, es indestructible; por la evocación mística de sus compases, y las fieras que excarcelas cuando lo interpretas, y el sofisticado desenvolver los versos -nadie como tú- como los gatitos, sorteaando todos los escollos, mínimos, mininos, suaves... Pero finalmente he preferido omitirlo; por la lejanía de las palabras respecto de lo que representan.

 

se revolcó en lo abyecto: ESTHER PEÑAS

 

 

 

 

 

 

POR QUE NO HICIMOS EL “PARA TI”

 

Hay gente que se ha quejado de que no hiciese, en el contexto de un ciclo de actuaciones recordatorias de la Movida, mi canción más emblemática y, para algunos, frontispicio musical de aquello. Bien, estas son mis razones, y las considero de peso.

A lo largo del tiempo me he ido dando cuenta de que buena parte de quienes dicen disfrutar con el “PARA TI” lo hacen desde la más completa disociación entre canción y creador. Son gente que le ven a uno como pick up viviente al que darle un toquecillo y, automáticamente, zas, esperan que empiece a cantar lo que a ellos se les pone. Ven al artista como esclavo y no como afín, incluso piden la canción como provocación (a sabiendas de que me molesta: no es de recibo que una de las voces que la reclamó esta vez, poco antes, al aparecer yo en el escenario, soltase a voz en grito “¡PERO QUE VIEJO ESTA!” –si pretendía insultarme, aquí pinchó en hueso, porque, si de algo estoy orgulloso es de mi notable mejora de físico desde los tiempos de la Movida hasta nuestros días-), un poco como aquellos cacicones del cuento de Aldecoa que contratan a un cuadro flamenco y obligan a un torero tísico a cantar y emborracharse hasta que echa los pulmones por la boca y revienta allí mismo, o aquel músico prisionero de Auschwitz al que un oficial estaba dispuesto a indultar si le deleitaba con sus piezas favoritas (cosa a la que el prisionero se negó, con las consiguientes consecuencias). No niego que haya gente de buena fe que disfrute con el “PARA TI” así como que esté abierta a lo que he hecho después, que vea mi trayectoria no como una secuencia congelada en el tiempo sino como un perpetuo devenir digno de seguir con atención: cuando tengo el pálpito de que va a haber gente así, estoy dispuesto a cantar el “PARA TI” (lo hice en ROCK ME en octubre del 2005 y lo volví a hacer en Caminos la pasada primavera). Pero, en general, soy remiso: es una canción que, hoy por hoy, me trae asociaciones funestas. Cuando la canto no pienso en los días llenos de expectativas y de ilusión cuando la alumbré sino en Diego Manrique acuñando esa etiqueta de “PARA TI, himno generacional de la Movida” mientras ejercía sañudamente como mi Torquemada particular, o en Almudena Grandes usando un fragmento de la letra para titular una novela suya desde la más absoluta distancia hacia mi persona y obra, o en Borsani llevándome de feria en feria del disco (cual boxeador sonado u oso amaestrado) para que moviese los labios al compás de la dichosa cancioncita ante la indiferencia de los transeúntes del centro comercial de turno (mi autoestima como creador, por entonces, había descendido de tal modo que todo eso lo sobrellevaba con una docilidad total, como si me hubiesen aplicado algún tipo de opiáceo). Ni siquiera la imagen del efebo que me la inspiró (y que, irónicamente, jamás habrá tenido conocimiento de la canción –y mucho menos, de que estaba dedicada a él-) o de Carlos Berlanga (bajo cuyas pautas richmanianas me puse a elaborarla y a quien hoy prefiero evocar haciendo un tema suyo como “LLEGANDO HASTA EL FINAL” o desde la elegía de “MUSICA MODERNA”) pueden disipar todas esas secuencias de sordidez y anticlímax que acompañaron mi larga temporada en el infierno.

Por último pero no menos importante, tiene su cosa que las personas que más me respetan y mejor me conocen (Charlie, Luigi, Casilda, Elderly, Esther...) no sean especialmente devotas del “PARA TI” y prefieran, con mucho, otros títulos de mi repertorio.